Treinta y tres.
Treinta y tres lunares en total tiene Elena en su cuerpo. La noche en la que volvimos del cumpleaños de Alex me controlé un poco las ganas de estar dentro de ella y me dispuse a contarlos uno por uno a pesar de que me quería cortar el pene por hacerla esperar (palabras textuales de ella); yo hice como si no estuviese hablando conmigo. Desde ese día no dejaba de mencionárselo, pero tendré que dejar de hacerlo porque siempre termina enojada conmigo. La verdad es que no entiendo por qué odia tanto sus lunares, aunque me dijo que tal vez me diga algún día. Tal vez.
Al día siguiente, por insistencia de ella, fui yo mismo a buscar a Dylan a casa de mis padres. Desde que me vio empezó a reírse y alzar los bracitos. Me sorprendió lo amable que estaba mi madre; digo, si recibirme con una media sonrisa y preguntarme cómo he estado significa ser amable, en especial viniendo de tu madre; pero más me sorprendió lo amorosa que es con Dylan, nunca imaginé que sería así con él, o con ningún niño. Llegué a creer por un breve momento que Dylan la había cambiado un poco y que ya no quería mandar en mi vida, hasta que habló.
—Me enteré que te mudaste de tu apartamento y que ahora vives en un edificio de quinta —me dijo a los cinco minutos de llegar en tono reprobatorio. Me ilusioné muy rápido.
—Efectivamente —contesté sin más. No iba a entrar en una de esas discusiones en la que parecía que todo lo hacía mal, hasta respirar.
—Si no querías vivir allí para no recordar a Deana, podías venir para acá hasta que encontraras algo más decente —respondió. La ignoré y fui a buscar las cosas de Dylan a la habitación; de camino me encontré con mi padre, nos saludamos toscamente. Estoy seguro que por su cabeza también ronda aquella conversación que tuvimos acerca de Elena.
— ¿Cómo has estado? —preguntó.
—Mejor de lo que imaginé.
—Me imagino, hijo. Quiero que sepas que ya le pedí el divorcio formalmente a tu madre —y al escucharlo, no me sorprendí ni un poco, esperaba que ocurriera desde hace tiempo, aunque creo que la noticia de que tus padres se divorcien nunca será agradable para un hijo. Me disponía hablar, pero me detuvo—. No lo hago por algo relacionado con Lena, tú más que nadie sabes en qué condición estaba nuestra relación, si se le puede llamar así.
— ¿Y mi madre aceptó?
—Por supuesto que no, solo me miró como si fuera el mismísimo demonio y no dijo nada. Mi abogado ya se contactó con el suyo de todas formas.
Asentí y me dirigí hacia la habitación.
—Ian—me llamó antes de entrar y se acercó—. No me gustaría que nuestra relación cambiase por lo de Lena, me parece que fue una situación muy inesperada para ambos. Me di cuenta de la manera que hablaba de ti, intentando disfrazar su atracción hacia ti con odio, por eso he decidido ser únicamente su amigo y felices todos, aunque he de confesar que pasará algún tiempo para que deje de pensar en ella como mujer, no como nuera —lanzó una risa como en tono jocoso, como si lo que acababa de decir fuera chistoso; yo me quedé mirándolo con expresión seria, no veía el chiste por ningún lado—. Una cosa sí te digo, si por azares de la vida, lo suyo no funciona, volveré a intentar ser parte de su vida —dicho eso, dio la vuelta y desapareció por el pasillo.
Yo me quedé estático mirando por donde se había ido preguntándome: ¡¿qué mierda acaba de pasar?!
En el transcurso de la semana, después de recibir la llamada de Magdalena, la madre de Elena, empezamos a organizar el viaje hacia la República Dominicana para Semana Santa, que era el fin de semana siguiente. Y aquí estoy, sentado en un asiento de avión con Elena al lado durmiendo con la cabeza apoyada sobre mi hombro a pesar de que le advertí del dolor de cuello que tendrá después. A Alex le negaron el permiso para venir porque es nueva en el trabajo y porque supuestamente para estas fechas hay muchas actividades, por lo tanto, Isa tampoco pudo venir; invitamos a Hamiel, pero declinó la invitación alegando ser buen amigo con Alex y no dejarla sola, como si yo no supiera que en verdad es por una mujer que está conociendo. ¿Será que por fin sentará cabeza? Sería un milagro.
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HOLMES
RomanceIan Holmes, exitoso arquitecto de Mahnhattan, futuro esposo y padre. Para todo el mundo, un presente maravilloso y un futuro prometedor, menos para él, que convive con su pasado cada día desde hace 10 años cuando su vida cambió por com...
