Volvió a abrir la puerta, entrando de nuevo en la estancia, mirando a su alrededor con recelo y expectación. La sensación opresiva y de peligro había desaparecido del todo, quedando un enorme tranquilidad. Observó su entorno, totalmente extrañado, adentrándose más en la habitación.
Todo estaba como si nada hubiera sucedido: la mesa estaba intacta y los documentos encima de ella, no había rastro alguno de lucha y, por extraño que pareciera, la única sangre existente era la de su ropa. Despacio se acercó al lugar en el cual primeramente había abatido al ser, acuclillándose, acariciando la madera con sus dedos. ¿Cómo era aquello posible?
Sin entender absolutamente nada, volvió a acercarse a la mesa, volviendo al trabajo de revisar los documentos, pero al apartar algunos de ellos, apareció una llave. La tomó, alzándola, mirándola con interés, con un llavero en el que rezaba "Cuarta planta".
-¿Cómo fue que no me dí cuenta antes?-preguntó, alzando la cabeza, escudriñando la estancia, para volver su atención de nuevo a la llave.-Supongo que estaba demasiado nervioso... Cuarta planta...-suspiró.-Tengo que encontrar a Itaria-kun y a Prussia-san de todas formas... ¿Qué pierdo?-
Finalmente, salió de aquel despacho, dirigiéndose a las escaleras, pero una vez ante estas, las maldijo, mirándolas con el ceño fruncido. Suspiró, para su desgracia, el cansancio empezaba a acumularse en sus miembros.
"No habrá piedad para un hombre mayor... ¡En fin! Antes acabe, antes descansaré.", intentó animarse.
Pasó por todos los pisos sin detenerse, deseando no encontrar visitas indeseadas mientras se dirigía a ese piso y rezaba mentalmente por no verse de nuevo en una situación similar.
-Aunque me da que eso va a ser pedir demasiado...-susurró abatido, contemplando el último tramo de escaleras.
Al llegar al piso, se encontró que sencillamente había dos puertas, prácticamente enfrentadas entre sí. Probó la llave en la primera, pero esta ni siquiera entraba.
-No hay muchas más opciones.-
Abrió la otra puerta, entrando a una espaciosa habitación, pero apenas estaba amueblada. Entró inspeccionándola con la mirada, pero no había nada especial en ella.
Pensando que había sido una auténtica perdida de tiempo, se dirigió a la puerta, dispuesto a salir de allí, cuando oyó un leve sonido de roce y algo que parecía un quejido lastimero, deteniendo el paso, mirando con curiosidad a una librería que había en el rincón, volteándose, dirigiendo sus paso hacia allí, comprobando que había un hueco bastante amplio.
-¿Itaria-kun?¿Prussia-san?-preguntó, asomándose.-
Pero lo que vieron sus ojos fue a un ser redondo, esponjoso y de aspecto suave de color blanco, con unos enormes y vívidos ojos celestes detrás de unas pequeñas gafas cuadradas, atorado en lo que parecía una grieta, removiéndose incómodo, luchando por poder salir.
Japón parpadeó sorprendido, no pudiendo evitar sonreír a continuación, sonrojándose levemente.
-¡Un mochi! ¿Estás atascado?-preguntó, a lo cuál aquel curioso ser asintió, empezando a removerse de nuevo.-Pobrecito...-musitó apenado el japonés.-
Intentó sacarlo, pero para su desgracia no tenía la fuerza necesaria para mover el mueble y, por lo tanto, no disponía del espacio para maniobrar por culpa de la librería. Al final, desistió, sentándose en el suelo con la piernas cruzadas, contemplándolo, pensando alguna manera para poder sacarlo. Suspiró.
-Doitsu-san podría sacarte de ahí sin problemas... Pero está igual que tú, amigo: atrapado. Aunque, pensándolo bien, de distinta manera...-murmuró, recordando al germano. Alzó la mirada, encontrándose con los ojos expectantes del mochi, no pudiendo evitar sonreírle con tristeza. Se puso en pie.- Sería fantástico logar traerle hasta aquí y que él... ¡Iré a buscarle! Aunque...-masculló, abatido, suspirando de nuevo.-Se lo preguntaré primero. No quisiera que se sintiera presionado...-
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Hetaoni
FanfictionUna mansión en medio de la montaña, rodeada de un oscuro y profundo bosque, a tres horas a pie de la civilización. Nadie sabe cuanto lleva allí y si alguna vez estuvo habitada por alguien... Pero se dice que todo aquel que se atreve a cruzar el umbr...
