Capítulo 5- Tres caminos: Inglaterra y Canadá

355 32 2
                                        

-¿Dónde vamos?-preguntó con curiosidad Canadá, siguiendo el paso enérgico de Inglaterra, subiendo las escaleras.-

Para su creciente disgusto, el británico no contestó, sencillamente lo miró por encima de su hombro con unos ojos duros e inflexibles, como si no quisiera que le preguntarán. Canadá conocía perfectamente aquella mirada. "Camina y no preguntes tanto." Era la misma mirada de cuando los regañaba a siendo niños, una mirada a la cual le sobraban todas las palabras. Levemente se encogió, enterrando su rostro entre el pelaje suave de Kumajiro.

-¿Hice algo indebido?-preguntó al final el compungido muchacho.-

-Tranquilo...-murmuró el británico, llegando al rellano del tercer piso, volteándose, contemplando al entristecido Canadá.-No has hecho nada... ¡Al contrario! Hoy me has sorprendido gratamente.-contestó, brindándole una amplia sonrisa.-

La cabeza de Canadá se levantó, elevando sus ojos liláceos hacia su ex-tutor, viendo orgullo en aquel hombre. Se relajó, devolviéndole el gesto.

-Anda vamos... Y no le des más vueltas, hijo. Sólo estoy preocupado...-reveló, bajando la mirada al suelo, frunciendo el ceño.-

-¿América?-

-Yes... Será un humburger brain, pero no quiero que le pase nada.-admitió, suspirando.-Ya llegamos a destino...-

Los pasos de ambos se dirigieron a la primera puerta. El vio como Inglaterra dudaba delante de esta, pero después de unos segundos, abrió, encendiendo la luz. Canadá se quedó embelesado por la belleza de la estancia: el suelo de marmol blanco estaba pulido, reflejando cada detalle de la sala, como si está se desdoblará; una gran araña de cristal emitía destellos irisados y llenos de color; en medio de la estancia, un bellísimo piano de cola, blanco, totalmente inmaculado; la pared del frente y de su siniestra eran de espejo, regresando los movimientos de los dos extraños que en ese momento entraban en la habitación. Apavullado por tanta hermosura, Canadá había apretado más de la cuenta a Kumajiro, quien empezó a removerse incómodo, teniendo que soltarlo. Al chico le hizo gracia ver al oso husmeandolo todo, correteando por la sala, hasta que tropezó consigo mismo, resbalando por el marmol hasta topar con uno de los espejos. Entre risas, Canadá se aproximó a ver que estuviera bien. Inglaterra lo miraba con una leve sonrisa, no queriendo romper ese instante casi mágico que le había regalado el joven canadiense.

-¡Es muy hermosa!-comentó Canadá, comprobando que la acústica de la sala era impecable, seguramente preparada para el piano.-

-A mi me da escalofríos.-declaró Inglaterra, mirando de soskayo a su alrededor, realmente molesto e incómodo.-Este lugar... me pone los pelos de punta.-

Canadá lo miró con curiosidad, mientras pasaba la mano por encima del piano, viendo que el oso lo seguía de cerca. Era muy consciente que Inglaterra tenía algun don extrasensorial del cual el resto carecían, siendo capaz de notar cosas que al resto se les escapaba. Nunca lo había tratado de loco, ni se había burlado como habían hecho los demás, sencillamente no era capaz de sentir lo que notaba su ex-tutor, cosa que lo entristecia de alguna manera.

-Siento no poder percibir nada.-se disculpó el joven.-

-No te apures.-le dijo con una sonrisa nerviosa, acercándose también al instrumento.-

Inglaterta se dirigió a la zona de las teclas, pasandos sus finos y blancos dedos por la tapa del teclado, acariciándola levemente, para, por un impulso, levantarla, quedando estupefacto por lo que acababa de descubrir. Emitió un suave silbido, llamando la atención del canadiense, haciéndole señas para que se acercará, no levantando la mirada de las teclas en ningún momento.

HetaoniHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora