Romano iba junto a Alemania, guiando al Eje con auténtica precisión, dando la sensación que era capaz de percibir a su hermano. A pesar de ir con paso vacilante a causa del ataque, avanzaban con más rapidez de la que esperaban, cruzando la primera planta dirección a la cocina, deteniendo sus pasos justo delante de la biblioteca. En esos momentos, Romano miraba aquella puerta con pavor, no sabiendo con exactitud que encontrarían tras ella. Alargó una mano temblorosa hacía el pomo de la puerta, pero tal era el temblor que recorría su cuerpo, que las rodillas del italiano se doblaron, tomándolo por la cintura España, apartándolo, pasando al frente Alemania y, entre los dos mediterráneos y el germano, Prusia y Japón, desenvainando sus armas. Alemania miró un instante a Romano por encima de su hombro, viendo como se aferraba al español, aterrado. Frunció el ceño, volviendo su vista celeste al frente y, con determinación, abrió la puerta.
En el suelo había un gigantesco ser mientras Italia se mantenía en pie enfrente de este a duras penas, pero, ante el asombro de todos, el castaño elevó la bara extensible por encima de su cabeza, dejándola caer entre los ojos del enemigo con verdadera furia, siendo aquel el último golpe, ya que a continuación el ser empezó a desvanecerse.
Italia respiraba con dificultad, dejando que su brazo izquierdo cayera a un lado, con una profunda herida a la altura del hombro, parte de su rostro estaba teñido de rojo, goteando la sangre en su chaqueta azul, manchada y desgarrada. Despacio, el italiano alzó la testa, encontrándose con los ojos celeste del alemán. Poco a poco, con enorme afecto, Italia esbozó una tierna sonrisa.
-Está visto que ni dejándote encerrado, lograré que te mantengas apartado de mi...-murmuró, para que luego una lágrima furtiva rodará por su mejilla, apagándose el brillo de sus ojos.-Per favore, ti supplico... Scusami(1)-
Los ojos de Italia se cerraron, cediendo su cuerpo, derrumbándose al suelo. El mundo de Alemania se detuvo en aquel preciso instante, creyendo que incluso su corazón había dejado de latir. Logró ordenar a sus piernas que se movieran, a acercándose paso a paso al castaño, negando con la cabeza.
-¡ITALIA!-estalló finalmente, saliendo corriendo hacia el nombrado, dejándose caer de rodillas junto a él, volteando aquel cuerpo maltrecho con sumo cuidado. Apoyó su oído en el pecho del italiano, pasando a abrazarlo con fuerza cuando oyó el látido de su corazón, débil pero constante. Apartó el cabello castaño de su rostro, acariciándolo. Italia parpadeó, abriendo sus ojos con pesadez, brindándole al alemán una sonrisa. Sin pensárselo, el germano pegó su frente a la del castaño, tratando de contener sus lágrimas.-Mein Gott, Italien...-
-Alemania...-susurró, alzando una mano temblorosa hacia el rostro del nombrado, depositándola en su mejilla, sintiendo como una fuerte mano se la cubría, apretándola con suavidad. Vio como al lado del rubio arrodillaba otra persona, frunciendo el ceño con disgusto.-Te dije que no vinieras, Romano...-susurró.-
-¡Eres un maldito egoísta, Veneziano!-clamó, ahogando las lágrimas, tratando de mantener la compostura delante de su hermano menor.-¡No hacía falta que te expusieras de esta manera!-
-N-no quer...que...ría arriesgar m-más vi... vidas...-
-¡No eres más que un maldito imbécil, frattello!-regaño, tomando la mano libre que le quedaba al menor, llevando esta a su frente, susurrando algo ininteligible, resbalando una lágrima por su mejilla.-
Italia fue a moverse, pero desistió al sentir como todo su cuerpo se quejaba, emitiendo un lastimero gemido de dolor, agarrándose al alemán, quien lo sostenía con suavidad, pero con firmeza. De repente, fue la tranquila y enigmática mirada de Japón la que encontró ante él, inclinado sobre su cuerpo, revisando las heridas que le había infligido el enemigo, empezando con su particular calma a dar órdenes, haciendo que todo a su alrededor empezará a fluir, cogiendo las riendas de la situación, transmitiendo su sosiego al resto del grupo. Italia alzó la vista, alcanzando a ver a Prusia, apoyado en los hombros de su hermano, hablándole con suavidad, pidiendo a Alemania que le dejará hacer al oriental. Romano y España estaban rasgando sábanas por orden del nipón. Los veía hablar, moverse a su alrededor, pero todo parecía haberse detenido para Alemania, quien continuaba sosteniéndolo entre sus brazos, notando el calor y temblor de su gran cuerpo, permitiendo que oyera su corazón golpeando con fuerza contra su pecho, latiendo a un ritmo desenfrenado. Era consciente que el germano estaba preocupado, que temía por él...
"Prefiero verlo furioso o llorando a perderlo una vez más..."
La vista empezó a fallarle, desdoblándose la imagen del rubio, sintiendo como el sueño empezaba a rondarle, queriendo abandonarse a este, pero... Pestañeo fijando su mirada en aquel bello azul, el azul del cielo en un día de verano... Los ojos de aquel gigante de aspecto rudo y tierna mirada. Oyó que lo llamaba, que aquella voz profunda le pedía, rogaba e imploraba que se quedará con él, pero quería descansar. Notó como aquellos fuertes brazos lo estrechaban un poco más, no pudiendo evitar sonreír: a pesar del dolor y el sufrimiento se sentía feliz, habiendo logrado protegerlos, manteniéndolo a salvo. Poco a poco, su cabeza cayó a un lado, los ojos cerrados.
-¿I-Italia?-preguntó Alemania, alarmado.-
-Tranquilo, West... No te asustes, brüder: aún respira.-
-Pero deberíamos estabilizarlo... Sus heridas son muy grabes. Ahora lo importante es llevarlo al refugio, atenderlo con rapidez y dejar que descanse...-
-¿Y se puede saber a qué diablos esperamos?-preguntó molesto el alemán, pasando a cargar el cuerpo del italiano.-
-Iré a buscar al resto.-informó Prusia, dirigiéndose el primero hacia la puerta, pero antes que saliera, España lo retuvo por el brazo.-
-Iré contigo. Está claro que no es seguro que estés correteando por este lugar sólo... Y no es por menospreciarte, colega, pero tu aspecto es bastante patético.-
El albino alzó una de sus cejas, mientras el español lo soltaba, acercándose a Romano, el cual aún llevaba la mochila colgando a un lado. Se la pidió, depositándola en el suelo, abriéndola, pasando a revolver su interior. Poco a poco sacó diversas piezas, uniéndolas a continuación. Con gran soltura hizo girar aquella arma entre sus manos, apoyando la alabarda contra su hombro, mirando complacido la cara de sorpresa de su amigo, no pudiendo evitar el echarse a reír.
-¿Desde cuando esa cosa se monta y desmonta?-
Sin decir nada, España señaló a Japón. Prusia miró asombrado a aquel pequeño oriental, sabiendo que era extraordinario, teniendo ese concepto en mayúsculas para él. Sonrió, negando con la cabeza.
-Kollege, lo que no logres tu, no lo hará nadie...-señaló Prusia, para luego golpear en el pecho al español con el revés de la mano.-¡Anda, cabeza de chorlito, vamos a buscar al resto de imbéciles!-mando el prusiano, pero antes de salir se giró al resto.-Nos vemos en el refugio... ¡Tened cuidado!-
Japón asintió, pero rápidamente tuvo que ir a retener al sur italiano, pues este iba tras los pasos de España.
-Romano-san, será mejor que se quede con su hermano... Estoy convencido que deseará verlo cuando despierte.-
Romano miró al menor, engullendo con fuerza, volviendo sus ojos olivas hacia España. Estaba dividido... ¿Que debía hacer?¿Quedarse con su hermano y separarse del español, o dejar en manos del alemán a Italia y seguir a España? Cerró los ojos con fuerza, dudando. Se mantuvo así hasta que notó una mano en su cabeza, apoyándose algo en su frente. Cuando abrió de nuevo sus ojos, se vio reflejado en aquellas dos gemas de jade.
-Quédate con Ita... Te juro que yo estaré bien, Roma.-
El sur italiano asintió, dejando que España se separará de él, besando su frente, volteando para unirse al albino, el cual lo esperaba en la puerta. Tomó aire, acercándose a Alemania, arrodillándose junto a él. Con cuidado, tomó de nuevo una de las manos de su hermano menor, entrelazando sus dedos a los de él, alzándola, depositando un beso en el dorso de esta bajo la mirada sorprendida del germano.
-Resisti un altro po', frattello.(2)-
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"Para el yo... Para el yo que vive en algún punto de esta interminable línea llamada Tiempo... Ten presente esto... Recuérdalo muy bien... NO ESTÁS SÓLO."
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(1)-Por favor, te lo ruego... Perdóname.-
(2)-Aguanta un poco más, hermano.-
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Hetaoni
FanfictionUna mansión en medio de la montaña, rodeada de un oscuro y profundo bosque, a tres horas a pie de la civilización. Nadie sabe cuanto lleva allí y si alguna vez estuvo habitada por alguien... Pero se dice que todo aquel que se atreve a cruzar el umbr...
