Preocupado, volvió junto a las escaleras, comprobando que el pasillo se bifurcaba hacia el norte y hacia el ala oeste de la casa. Miró hacia arriba, viendo el siguiente rellano, en penumbras.
"Tendré que localizarlos... Estoy convencido que estamos los cuatro en la misma situación. "
Seguía irritado, pero algo le decía que no lo habían dejado sólo por capricho. No le molestaba la soledad, sino el hecho de no saber que se iba a encontrar en aquel extraño lugar. Suspiró, dirigiendo sus pasos hacia el norte: mejor ir por partes, pensó.
Pasó junto a las escaleras, encontrando una puerta, pero estaba cerrada. Se volvió, quedándose sin palabras, mirando aquella nueva sala que se abría ante él con enorme añoranza. El suelo estaba recubierto de tatamis verdes y, al fondo de la sala, pudo ver shojis con diferentes motivos dibujados en su papel; en una esquina había un pequeño baúl hecho de bambú y una bella armadura samurai.
-Esto no me lo esperaba... ¡Es muy hermosa! Una habitación de estilo japonés...-murmuró con una tenue sonrisa en los labios, sintiendo ganas de regresar a su hogar.-Será mejor que continúe mi búsqueda.-se recordó, volteándose, echando un último vistazo a la sala por encima de su hombro.-Sí, será lo mejor.-
Con pesar, abandonó aquella estancia, deshaciendo el camino, regresando al pie de las escaleras. Sin mucho ánimo, se dirigió hacia la parte oeste de la casa, pero rápidamente sintió que el aire allí era más opresivo, empezando a incomodarse. Sus pasos resonaban en el pasillo, crujiendo de vez en cuando la madera bajo sus pies. Dio con una puerta, de aspecto totalmente nuevo, pero cerrada. Aquella situación empezaba a exasperarlo.
"Bien, último tramo del pasillo..."
En aquel punto el pasillo dibujaba una enorme L, así que asomó la cabeza por la esquina. Le llamó la atención que la iluminación de aquel lugar fuera tan deficiente. De repente, una sensación opresiva lo dejó casi sin aire, ante sus ojos, el pasillo parecía distorsionarse. Con los ojos desorbitados vió como en el suelo se dibujaba un rastro, unas enormes pisadas teñidas de rojo brillante. Alzó la vista, notando como el sudor resbalaba por su mejilla, respirando entrecortadamente, su pulso se disparó, pero cuando alzó del todo los ojos vió ante sí una enorme figura gris, sonriéndole amenazadoramente, burlona, mostrándole unos afilados dientes. Japón se vió reflejado en unos ojos más negros que la oscuridad, con una mirada gélida que intentaba arrebatarle la vida y el calor de las venas. Como si de una visión se tratará, empezó a fundirse con la pared del fondo, desapareciendo entre las sombras.
Japón se dejó caer al suelo de rodillas, temblando, afanándose a tomar aire. Cerró los ojos con fuerza, controlando sus emociones, llevando una mano a su pecho, aferrándose a su chaqueta blanca. Nunca antes en su larga existencia había percibido tanta maldad a su alrededor, ni un temor tan profundo que llegará al mismo fondo de su alma.
Poco a poco se puso en pie, apoyándose en la pared, su respiración era aún muy acelerada y su corazón no se calmaba. Miró de nuevo aquella puerta, engullendo con fuerza. Era consciente que aquel ser, fuese lo que fuese, era una clara amenaza.
-¿Qué fue eso?- logró articular finalmente, aunque su voz temblaba.-
Le llevó un par de minutos retomar el control de sí mismo, pero finalmente, siguió su paso, encontrando a su derecha una nueva puerta, la cual se abrió, asomándose, encontrando un baño. Pero en cuanto la cerró, su atención se centró en aquella última. No le quedaba otra.
Lentamente, se aproximó a ella, sintiendo que, de inmediato, su pulso se aceleraba, aumentando con cada paso. Para cuando se paró delante, su cuerpo por entero temblaba de nuevo. Alzó la mano hacia el pomo, pero antes de llegar si quiera a rozarlo, la retiró. Tomó aire, tenía que calmarse. Cerró los ojos y, sin pensárselo, alargó la mano, cogiendo el pomo, sintiendo el frío metal entre sus dedos, obligándose a abrir la puerta, pero esta emitió un leve "clack": estaba cerrada. No pudo decir en ese momento cuanto alivio había sentido, apoyando la frente en la madera, retomando la compostura. Sonriéndose, se pasó la mano por el rostro, siendo consciente que por un instante, él, la gran nación de Japón, se había dejado arrastrar por el miedo.
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Hetaoni
Fiksi PenggemarUna mansión en medio de la montaña, rodeada de un oscuro y profundo bosque, a tres horas a pie de la civilización. Nadie sabe cuanto lleva allí y si alguna vez estuvo habitada por alguien... Pero se dice que todo aquel que se atreve a cruzar el umbr...
