Una mansión en medio de la montaña, rodeada de un oscuro y profundo bosque, a tres horas a pie de la civilización. Nadie sabe cuanto lleva allí y si alguna vez estuvo habitada por alguien... Pero se dice que todo aquel que se atreve a cruzar el umbr...
Italia cerró despacio la puerta del sótano, separándose lentamente de esta, con la cabeza agachada, pero cuando hubo dado varios pasos, se detuvo, sollozando, siendo consciente que lo que dejaba tras aquella puerta era todo por lo que había luchado y aguantado hasta la fecha. Se limpió las lágrimas que se escapaban de sus ojos con la manga de la chaqueta, encarando el pasillo.
-Girasoles...-susurró Italia.-Me acuerdo que en la habitación donde oculte la otra parte junto con América había girasoles... Un óleo de girasoles...-repetía pensativo, enfilando el pasillo, sabiendo cuala era la estancia, ensombreciéndose sus facciones al acordarse del porque habían elegido aquel lugar... El comentario de América resonaba aún en sus oídos, con gran pesar, pues minutos antes Rusia había caído al protegerlos. Italia se paró, sacudiendo la cabeza, cubriendo su rostro con sus manos.-¡No!-gritó en la soledad del pasillo, mirando con decisión hacía adelante.- No permitiré que vuelva a suceder... Encontraré las piezas... ¡Recordaré! ¡Se que lograré recordar!¡Por ellos!-
Con firmeza y ánimo renovado, emprendió de nuevo su camino, dando la sensación que se dirigía hacia la cocina, pero sus pasos se detuvieron antes, parando ante la puerta que quedaba enfrentada a la biblioteca. Tomó aire un instante, entrando en la estancia, tratando de no pensar en nada, sabiendo que si se ponía a recapacitar sus acciones, saldría corriendo para ir en busca de Alemania y los demás. Buscó la llave de la luz, accionándola, cruzando el umbral, viendo ante él aquello que buscaba. Despacio se acercó a aquel cuadro, enmarcado en madera, pasando sus temblorosos dedos por la superficie de aquella pintura, respetuoso en todo momento.
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-Creo que no sólo a Rusia le hubiera gustado... Estoy convencido que Holanda hubiera quedado muy impactado por encontrarlo aquí.-señaló con una sonrisa en los labios, borrándose esta poco a poco, volteando, escudriñando la sala. Respiró hondo, cerrando los ojos, repasando su mente, frunciendo el ceño al encontrarse dolorosos momentos que preferiría no haber vivido, y mucho menos, tener que recordar.-Dai, Italia... Ricorda... Perfavore...(1)-
De repente oyó un le e chasquido, haciendo que toda su piel se erizará, no queriendo abrir los ojos. Un escalofrío lo recorrió por entero, notando como el sudor empezaba a resbalar por su espalda y sus manos empezaban a temblar, cerrando los puños para mantenerse firme. Poco a poco, Italia empezó a abrir uno de sus ojos ambarinos, encontrando ante él aquel ser grisáceo, viéndose reflejado en aquellos oscuros pozos de oscuridad que eran sus ojos. De nuevo lo cerró, maldiciendo su suerte. Ese ser era algo distinto a los otros, mucho más grande, con largos y musculados brazos. Sintió la boca seca, engullendo con esfuerzo.
"¿Por qué?¿Por qué?", se preguntó, no queriendo moverse ni un ápice, sabiendo que aquello no serviría de nada.
Unas pesadas pisadas se aproximaban a su posición, por la cual cosa abrió de golpe sus ojos, separándose justo a tiempo del camino del ser, evitando ser embestido. El monstruo golpeó la pared provocando grandes desperfectos en esta. Entristecido vio como el cuadro de los girasoles estaba hecho añicos a sus pies. Fue entonces cuando recordó... ¡Era aquello! Prendida al marco del cuadro estaba la pieza que buscaba.