Capítulo 9-Llamadas telefónicas/Los hermanos Italia

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Después de largos minutos y de haberse repuesto de la llamada de Romano, Italia se obligó a ir de nuevo a la cueva, arrastrando los pies como si le pesarán toneladas. Con decisión, abrió la puerta que daba a ese lúgubre lugar, escudriñando la oscuridad, achinando sus ojos ambarinos. Sacó una linterna, alumbrando el interior de la cueva, pasando a cerrar tras él, tomando aire para tratar de relajarse. Barría el suelo con el haz de luz, oyendo como las paredes le devolvían el eco de sus pasos amortiguados por la tierra. Iba con la cabeza agachada, observando con atención el suelo que pisaba, inspeccionándolo meticulosamente. Al final llegó al lugar de la escalera, apagando momentáneamente la linterna, puesto que había la suficiente luz natural para ver bien. Alzó la cabeza, observando con tristeza las escaleras de cuerda quemadas, fuera del alcance incluso de Rusia. Desalentado, miró a su alrededor, suspirando.

-No está aquí...Y no logro recordar dónde lo escondimos...-decía con aire distraído, pensativo.-¿Dónde debí esconderlo? Recuerdo que fue con América.-llevó sus manos a su cabeza, rascandósela, desordenando su cabello castaño.-¡Tengo que recordar!-

De repente, la luz que entraba por aquel hueco que quedaba por encima de su cabeza se opacó, alzando de nuevo la cabeza, cubriendo con una mano sus ojos para que la luz no se los dañará, viendo como se recortaba una sombra en aquel agujero. Parpadeó incrédulo, reconociendo aquella silueta, repitiéndose una y otra vez que aquello no podía ser cierto, que su mente le estaba jugando una mala pasada. En escalofrío lo recorrió por entero, mientras su mirada ámbar se encontraba con los ojos olivas de aquel recién llegado.

-¡Te encontré, Veneziano!-

-¿¡Ro-Romano!?-

Entonces fue cuando una cabeza morena pasó a asomarse a continuación, arrodillándose junto al agujero, pasando el puño por debajo de su mentón, respirando con rapidez, pero sonriendo, dejando junto a él una bolsa de viaje. Italia los miraba a ambos, no comprendiendo, dando unos pasos hacia atrás, chocando su espalda con uno de aquellos muros rezumantes de humedad, empezando a temblar.

-No... No...-susurró Italia, amplificándose su voz, rogando que en realidad estuviera perdiendo la cordura, que en verdad estuviera volviéndose loco.¡No!¡Aquello no podía estar sucediendo!-

-Nos a tocado dar un rodeo muy grande, pero me valió la pena... ¡Al fin di contigo, frattello!-clamó victorioso Romano, asomándose más al hueco, cediendo la tierra bajo sus pies, pero España alargó la mano, cogiéndolo por la chaqueta, tirando de él, haciendo que cayera hacia atrás, quedando el sur italiano sentado, mirando con enfado al ibero.-

-Ve con cuidado, Roma. No es cuestión de que te accidentes a estas alturas, ¿no cree?-regaño el español. Sabía perfectamente como debía sentirse en ese momento el mayor de los italianos, más aun después de todo lo que le había explicado, siendo consciente del calvario que ambos llevaban. Sus brillantes ojos verdes volvieron al interior del túnel, pasando a inspeccionarlo, llegando hasta donde la luz daba paso a unas densas tinieblas, sintiendo el español un escalofrío, centrando su mirada en aquel joven castaño.-Ita...¿Estás sólo?¿Dónde están el resto?-interrogó, viendo que el nombrado temblaba. Despacio se puso en pie, frunciendo el ceño, empezando a preocuparse por todos aquellos que debían estar allí dentro.-Ita... ¿Están todos bien?¡Contesta!-

Ambos vieron como Italia empezó a sacudir la cabeza, claramente alterado, volviendo sus ojos por encima de su hombro, mirando hacia el túnel por el cual había llegado.¿Por qué?¿Por qué estaban allí?¿Qué había sucedido?

-¡No os pedí que vinierais!-chilló, sonando su voz más aguda de lo normal.-

-¡Me importa una mierda si nos lo pediste o no!-recriminó Romano, asomándose de nuevo por el hueco, con más cuidado, manteniendo la calma lo más posible.-De todas maneras, aunque me lo hubieras dicho, habría hecho lo que me viniera en gana...¡Para algo soy el mayor de los dos!-gruñó molesto por las quejas del menor, oyéndolo cuchichear por lo bajo.-Quiero que me escuches con atención, Veneziano... ¿Has roto ya todos esos putos relojes?-

HetaoniHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora