Capítulo 7-¿Recuerdos?/Intentos fallidos y una luz de esperanza

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Japón no quería ver, no quería saber, pero no le quedaba otra. Delante de él estaba el Eje al completo. ¡Se le hacía tan extraño encontrarse a sí mismo!

"¡Detesto esto!¡Juro que lo detesto!"

Se encontraban en aquella cueva en la cual había estado minutos antes con América.

-Me voy adelantando.-informó Alemania.-Sé que habéis dicho que las cuerdas estaban bien, pero preferiría cercionarme por mi cuenta. No quiero un incidente porque América no se haya fijado en algo.-

Todos asintieron, viendo como el alemán se alejaba viéndose sencillamente el haz de luz con el que iluminaba el camino. Vio a aquel Japón inquieto, mirando constantemente hacia la puerta.

-Al fin saldremos de aquí... welche Freude! (1)-exclamó Prusia, entrelazando los dedos de sus manos, estirando los brazos por encima de su cabeza, pasando a dejarlas en su nuca, en actitud totalmente relajada.-

-.-contestó el italiano, volviendo la cabeza hacia atrás, fijándose que Japón seguía mirando la puerta, avanzando con lentitud.-¿Qué sucede, Japón? Pareces alicaído.-

El nombrado giró la cabeza, observando a sus dos compañeros, dándoles alcance pues ambos se habían parado a esperarlo. Realmente estaba inquieto y con el semblante preocupado, frunciendo el ceño. Cuando llegó a ellos, reemprendieron el camino, pero el japonés iba en total silencio.

-¿Quieres hacer el favor de hablar?-instó Prusia.-No es bueno que te lo quedes todo para ti mismo, Kollege.(2)-

Alzó sus ojos oscuros, mirando de reojo al germano, suspirando abatido.

-Hubiera preferido que estuvieramos todos juntos...-

-Entiendo...-sentenció el albino, mirando al frente, siguiendo la luz de la linterna que llevaba Italia.-Estás preocupado por los idiotas de los Aliados. Aún no sé como siguen a ese loco estadounidense, algún día hará que los maten a todos...-

De repente los tres se quedaron parados, totalmente estáticos, helándose la sangre en sus venas. Un fuerte grito había reverberado en las paredes desnudas de aquella gruta. Un sudor frío cubrió a Prusia, abriendo sus ojos rubíes hasta la máxima expresión, mientras Italia salía corriendo, llamando a gritos al dueño de aquella voz, con clara desesperación. Alguien lo tomó por la muñeca, tirando de él, obligándolo a moverse, descubriendo al japonés delante de sí, mientras desenvainaba la katana con la mano libre, refulgiendo tímidamente con la poca luz que le llegaba de la linterna. Rápidamente alcanzaron a Italia, quien había empezado a frenar su paso, muy cerca del final de la cueva. Estaba buen iluminada, viendo a Alemania dar pasos hacia atrás, colocándose delante del italiano, látigo en mano, cuando del recodo que llevaba a las escaleras, vieron aparecer aquel monstruo, sonriéndoles con maldad.

-¿Qué ha pasado, West?-

-Ha quemado las escaleras... No hay escapatoria. ¡Volvemos a estar atrapados!-comunicó. Al ver que su hermano se colocaba un paso por delante de él, lo tomó por el brazo, obligándolo a que se girará.-Nada de héroes, brüder.-ordenó, empujándolo detrás de él, para girarse y tomar por el brazo a Italia y a Japón.-¡CORRED!-

Sin llegar a pensar en la orden dada por Alemania, salieron corriendo como alma que llevaba el diablo, pasando a quedar el germano el último llendo aquel ser a la zaga. Japón veía su carrera desesperada, conteniendo el aliento, cuando al estar a punto de alcanzar la puerta, Alemania cayó al suelo. Vió como se incorporaba, pero algo no iba bien: su pierna derecha parecía trabada en algún sitio, luchando con desesperación para poder liberarse mientras aquello se acercaba a su posición, con tranquilidad, sonriendo satisfecho. Alemania alzó la cabeza, volviéndola un instante para asegurarse que el resto había alcanzado un lugar seguro. Volvió la cabeza hacia aquella cosa y, suspirando, se resignó a su suerte.

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