Capítulo 8-Dos segundos más/ La caja

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-¿Todo bien?-quiso saber Inglaterra al ver al norteamericano aferrado a un brazo de Francia, escondiendo el rostro contra este como si de un niño pequeño se tratará, mientras Rusia sonreía satisfecho, silbando alegremente. El británico enarcó una de sus cejas.-¿Le habéis contado un cuento de terror o qué?-

-Algo por el estilo...-señaló el francés forzando la sonrisa.-

-El HERO se dejó el valor y la dignidad perdidas en una cueva.-se burló el ruso.-¿O se los llevaron a las profundidades de la tierra?-

-¡Cállate!-alzaron la voz a un tiempo América y Alemania, sorprendiendo a los presentes, pasando el eslavo a reír a mandíbula batiente. Aquello era más entretenido de lo que había pensado en un principio.-

-Roshia-san, se lo ruego... Deje ya sus macabros jueguecitos.-pidió el japonés, viendo el rostro ceniciento de Alemania.-

-Zatknus' no eto ostanavlivayet yavlyayushiysya tak veselo~... (1)-

-Será mejor que vayamos a la sala de la celda...-cortó Inglaterra, fulminando con sus ojos verdes al ruso.-Ya está bien de perder el tiempo... Os recuerdo a todos que no estamos a salvo y, menos, correteando por aquí.-

Todas las miradas recayeron en el británico, sabiendo que, para desgracia de todos, tenía toda la razón del mundo. Asintieron, al tiempo que Inglaterra emprendía la marcha, guiando al grupo, saliendo el primero de la estancia. Dejó pasar a todos y cada uno de los componentes, observando sus rostros, pero al llegar al de América, este desvío la mirada e Italia pasó junto a él sin alzar la cabeza. Cerró la puerta, pensativo, encontrando al canadiense cuando se volteó, esperándolo mientras estaba agachado acariciando la cabeza de Kumajiro. Inglaterra sonrió levemente, aproximándose al joven, quien se levanto para enfrentarlo.

-América sigue asustado...-

-Es un idiota que se deja liar por Rusia...-

-¡Eres muy duro con él, Inglaterra!¿Cómo si no supieras lo impresionable que es en algunos temas?-protestó Canadá, pasando a andar junto a él, viendo que el británico negaba con la cabeza.-Hablando de otra cosa... ¿Qué crees que querrá decirnos Italia?-

-Lo ignoro... Pero algo me dice, que sea lo que sea, no nos va a gustar.-

Cuando entraron en la sala, Inglaterra cerró la puerta tras de sí, echando la llave, girándose hacia el grupo, inspeccionando de nuevo sus rostros.¿Por qué tenía la sensación que algo iba a pasar? Sintió el estómago revuelto. Suspiró, tratando de calmarse, pero sus nervios cada vez iban a peor.

-¿Ahora ya puedes hablar?-preguntó Alemania, haciendo que el italiano diera un respingo junto a él.-¿Italia?-

El nombrado miró a todos los presentes, haciendo una mueca cuando los ojos del estadounidense y los suyos se encontraron: de nuevo había aquella férrea decisión y fuerza, serenidad y voluntad. Lo mismo le sucedió al encontrarse con la mirada profunda, analítica e inteligente de Japón. Empezó a sentirse acorralado por ambas naciones, cogiéndose inconscientemente al brazo del alemán. Estaba claro que eran una amenaza real para él y sus planes.

-¿Italia?-repitió Alemania.-

Alzó su cabeza castaña, encontrando aquellos dos pedazos de cielo limpio, su remanso de calma y paz en toda aquella vorágine sin sentido en la que se encontraba. Italia, con los ojos cristalizados, liberó el brazo del alemán, separándose un par de pasos de él.¿Por qué tenía la extraña sensación de que estaba perdiendo al italiano?

Italia miró dentro de la celda, tomando aire lentamente, centrándose en su meta real. ¡Sólo importaba eso e iba a lograrlo, fuera como fuera!

-Antes de empezar a contaros, ¿podría haceros una petición?-empezó, viendo como todos se miraban entre ellos, unos asintiendo, otros encogiéndose de hombros. Alzó la mano, señalando el objeto que había dentro de la celda.-¿Veis esa caja?-

HetaoniHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora