Capítulo 4-Disparos/Extraño encuentro

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Aquí traigo otra parte de esta historia que tanto... ¿nos gusta? Nos gusta sufrir... ¡Aix! ¿Qué le haremos? Muchas gracias por leerlo, pues me hace muy feliz que os este gustando... Y bueno, si queréis comentar, comentad... De nuevo...DANKE!

Sehen sie!
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Golpe a golpe, logró alejar aquel ser de sus amigos, poniéndolos a salvo tras de sí. Miró por encima de su hombro, contemplando el panorama, viendo el lamentable estado en que aquella cosa había dejado a sus compañeros, sintiendo que la ira crecía dentro de su alma, el odio corría como un veneno por su torrente sanguíneo, provocando que sus ataques fueran más contundentes, más rápidos y precisos, dando rienda suelta a la furia que se había desatado en su interior, liberándola.

 Miró por encima de su hombro, contemplando el panorama, viendo el lamentable estado en que aquella cosa había dejado a sus compañeros, sintiendo que la ira crecía dentro de su alma, el odio corría como un veneno por su torrente sanguíneo, provoca...

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-Pienso cobrarme cada una de las heridas que les has producido a mis amigos, cada golpe, cada instante de dolor...-sentenció Japón, apuntando con su katana, mirándolo con auténtico odio.-

Antes de que nadie pudiera decir nada, Japón se había escabullido entre las garras de aquel monstruo y, con una agilidad portentosa y una precisión impecable, fue desmembrando a aquel ser entre los alaridos de dolor y agonía de este, a los que el japonés hizo oídos sordos, cortando limpiamente ambos brazos, agachándose a continuación, seccionándole ambas piernas, por lo cual aquella cosa cayó al suelo, retorciéndose en su propia sangre. Japón se acercó a él, viéndose reflejado en aquellos ojos negros, carentes de cualquier emoción, aborreciéndolo, levantando su katana y dejándola caer con un golpe seco sobre el cuello de aquel demonio, separando la cabeza del tronco. Por última vez, miró con desdén aquel cadaver, pasando la hoja de su arma por el pantalón, importándole poco que se le manchará a esas alturas.
Para sorpresa de todos, menos para Japón, aquel ser se desvaneció por arte de magia.

El japonés suspiró un instante, volteando hacia ellos, acercándose a Inglaterra mientras envainaba su katana, para pararse delante de este, tendiéndole una mano al británico que en ese momento lo miraba asombrado, pues en el tiempo que llevaba conociéndolo, nunca lo había visto actuando de aquella manera.

-¿Se encuentra bien, Iguirisu-san?-preguntó Japón, viéndolo disperso, esperando con la mano tendida.-

El inglés se sobresaltó, sonrojándose levemente, asintiendo con la cabeza, aunque luego se arrepintió de haber hecho aquel gesto, doliéndose de las cervicales, llevando ambas manos a la nuca, haciendo una mueca de dolor, encogiéndose. Japón, al ver el gesto, se acuclilló preocupado, pero cuando quiso darse cuenta, China se había abalanzado sobre él, rodeándole el cuello con sus brazos, haciendo que el japonés cayera al suelo, sentado, no sabiendo que hacer, abochornado.

 Japón, al ver el gesto, se acuclilló preocupado, pero cuando quiso darse cuenta, China se había abalanzado sobre él, rodeándole el cuello con sus brazos, haciendo que el japonés cayera al suelo, sentado, no sabiendo que hacer, abochornado

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