Capítulo 8-Dos segundos más/ Las dudas

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Japón se levantó de la cama, llevando su mano al hombro, doliéndose por las heridas. Abstraído, pasó la mirada por las camas, oyendo el pausado respirar de los que descansaban. Despacio, se movió entre los lechos, tratando de hacer el mínimo ruido posible. Se dio cuenta rápidamente de la falta de algunos de los componentes del grupo.

Salió a la zona de las mesas, encontrando a un pensativo alemán, con un libro entre sus manos, pero a pesar de ello, no parecía estar leyendo, si no sencillamente parecía estar observando un punto concreto de aquellas páginas, la mejilla apoyada en la palma de su mano, en la otra tenía un bolígrafo, tamborileando con este rítmicamente en la mesa. Cuando estuvo cerca de él, sus ojos azules regresaron a la realidad, observándolo con extrañeza, pasando a recostarse en la silla.

-Pensaba que estabas descansando...-

-No consigo dormir.-

-Te convendría, Japón.-recriminó el rubio.-Te has esforzado demasiado.-

-Quizá tenga usted razón, pero me es totalmente imposible...-sentenció el japonés.-Tengo demasiadas cosas en la cabeza...-

-Déjalo para mañana.-recomendó Alemania, colocando el bolígrafo entre las páginas del libro, cerrándolo para pasar a levantarse a continuación.-

Japón suspiró. Se sentía agotado, pero había dado miles de vueltas en la cama... Necesitaba hablar con América y no podía esperar al día siguiente y, por lo que había visto, él tampoco se había ido a dormir. De repente notó unas manos en sus hombros, alzando sus ojos oscuros, encontrándose con los azules del alemán.

-De verdad, Japón. Descansa.-susurró.-

El alemán pasababa junto a él, dirigiéndose hacia la cocina, cuando una duda lo asaltó.

-Puedo hacerle una pregunta, si me lo permite.-

El paso de Alemania se detuvo, girándose de nuevo, encogiéndose levemente de hombros.

-Tu dirás para que soy bueno...-

-¿Cómo ha logrado hacer todo esto en tan poco tiempo?-preguntó Japón.-Se necesitarían semanas, mejor dicho, meses para hacer algo similar, pero usted...-

Alemania cerró los ojos un instante, tomando aire. Despacio, miró a su alrededor, con las manos en los bolsillos, contemplando aquel magnífico escondrijo.

-Ya dije que fue una caja de música y una llave la que me llevó aquí.-se sinceró el alemán.-Cuando dí con este lugar estaba lleno de polvo y bastante desorganizado, faltando algunas cosas que tuve que finalizar y rematar... Y, la verdad, ¡casi le doy gracias a mi ataque de pánico! Pero si te soy sincero...-la voz del germano se apagó un momento, pasando a mirar la sala con el ceño fruncido, viéndose las dudas en su claro mirar.-Sé como trabajo y me gustan las cosas y, aunque parezca una locura, era como si yo mismo hubiera estado trabajando aquí durante mucho tiempo, haciendo todo esto con alguna finalidad...-de nuevo, cayó, pensativo. Levemente sonrió, rascándose la nuca.-No me hagas mucho caso... Supongo que también estoy cansado y empiezo a divagar...-rió Alemania.-

-Creo que tendrá que seguir su propio consejo, Doitsu-san. Vaya a dormir.-

Alemania alzó los brazos por encima de su cabeza, desperezándose, pasando a señalar la zona de cocina, sonriendo ampliamente.

-Primero iré a ver que hace ese maldito de Italia. Se ha atrincherado en la cocina, empeñado en dejar hecho algo para cuando nos levantemos.-informó, cruzando los brazos.-Le echaré una mano y luego lo arrastraré a descansar.-

-Ya sabe lo obstinado que puede llegar a ser Itaria-kun...-

-¡Lo tengo muy presente!-exclamó, pero luego frunció el ceño, apoyando su mentón en uno de sus puños cerrados.-Aunque hoy ha estado extrañísimo... Hubo cosas que dijo que no eran propias de él... Y su manera de actuar... ¡No sé! Creo que se me está escapando algo...-masculló pensativo el germano, dejando perplejo al japonés.-¡Da igual! Se ponga como se ponga, irá a dormir.-sentenció, dándose de nuevo la vuelta.-

HetaoniHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora