24

357 9 0
                                        

- ¿Seguro que no quieres que me quede? - Sus brazos aferrándome a su cuerpo. - Estaré a tu lado si me necesitas, en cualquier momento. -

- No te preocupes. - Fuerzo una sonrisa. - Estoy bien. Sólo fue un mal momento. -

- ¿Y si vuelves a tenerlo? - Sus brazos aprietan mis hombros y me veo obligada a mirarlo fijamente a los ojos. - No te pido que durmamos juntos, puedo dormir en el sofá. Sólo quiero asegurarme de que no te pasa nada. -

- Louis, estoy perfectamente, no va a pasarme nada. - En sus ojos puedo ver rencor y decepción. - Además, no estoy preparada para dormir con nadie. -

- ¿Estás segura? - Dice irónico, sé lo que está pensando.

- Ya te lo he dicho, nos habíamos quedado dormidos, no es lo mismo. - Me quejo rodando los ojos.

- No pareció molestarte cuando lo abrazabas. - Su voz suena ligeramente más grave y no puedo evitar suspirar, estoy cansada de discutir.

- Creía que era mi amigo, que hay de malo en abrazar a un amigo? A ti también te abrazo. - Lo comparo aún sabiendo que no es lo mismo.

- ¿Sólo soy un amigo? - Su expresión se endurece y su cuerpo se tensa.

- No lo sé. - Alzo la voz. - ¡No tengo ni la menor idea de nada, apenas sé quién soy yo! - Respiro profundamente y me acerco a él. - No me hagas decidir ahora, no puedo. -

- Últimamente eso es lo único que dices. - Murmura, sus ojos color agua congelan los míos.

Abro la boca para hablar, pero no hay nada que pueda decir. Tiene razón, todo lo excuso con esas dos palabras, las utilizo para evitar roces entre nosotros, para no hablar, para no confiar, para no estar juntos, besarnos. Es cierto que mis sentimientos hacia él son débiles, sin embargo, están ahí. No por placer, no por decisión propia, simplemente aparecieron, aunque nunca nada ha sido tan fuerte como cuando se trata de Harry. No puedo soportar el peso de su mirada, me siento culpable por no quererlo como él me quiere a mí, siento que lo retengo, que lo engaño. Me engaño. Me engaño diciendo que lo único que necesito es tiempo. Bajo mi mirada a mis pies mientras en silencio escucho cómo se aleja.

No me muevo hasta que la puerta se cierra, pues me siento demasiado cobarde como para enfrentarlo. Lentamente camino hasta el sofá y me acomodo en él mientras reviso mi teléfono por décima vez, esperando a tener noticias sobre las fotos, pero todavía no hay nada. Tan sólo han pasado unas horas. Cansada del día de hoy, me voy a la ducha, ceno los restos que me han quedado del medio día y me voy a la cama. Necesito despertarme en un nuevo día, pero lo cierto es que cuando abro los ojos todo sigue igual, cada día es idéntico al anterior, a excepción del tiempo que paso en mi nuevo y primer trabajo, esa es la única parte del día en la que el tiempo sirve para algo.

Después de más de tres semanas, soy capaz de llevar la bandeja cargada sin que se me caiga o derrame nada. Sirvo pasteles y bizcochos, zumos, batidos, cafés. Recojo y limpio las mesas, atiendo en la barra, pongo el lavaplatos, lo vacío colocándolo todo en su sitio y vuelvo a empezar. Cuando tengo un rato libre para descansar, me gusta sentarme y observar a la gente, ver cómo el hombro del sombrero pasa las páginas del periódico con delicadeza, o cómo la mujer con vestido de flores limpia el helado de las bocas de sus hijos. Pequeños detalles que hacen de mis días algo más interesantes, siempre hay algo nuevo que ver, algo que aprender o compartir.

- Hola. - Una fina voz seguida de una risa llaman mi atención. Pelo negro y labios rojos es lo que más destaca.

- Buenas tardes. - Le sonrió de vuelta y antes de que pueda preguntar, ella hace su pedido.

- Quería un café solo en vaso grande y otro mediano con leche, vainilla y nata. Para llevar. - Asiento con la cabeza y saco una libreta y un bolígrafo de mi delantal.

Hold OnDonde viven las historias. Descúbrelo ahora