35. Aclarando las cosas

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-La mariposa está dormida.- exclamó Cyrano sentándose a una distancia prudente de Erik, quien trabajaba en un modelo a escala de la escenografía de Don Juan Triunfante.

-¿Ha pensado sobre su situación, Señor de Bergerac?- preguntó Erik sin apartar la vista de su trabajo.

-Claro, ¿y usted sabe qué hará con Cristina?- inquirió el Cadete.

Erik le lanzó a su acompañante una mirada asesina, que fue recibida por una similar.

-¿Ya nos tenemos tanta confianza?- preguntó Erik sonriendo con superioridad.

-Canelle no dice nada, pero es obvio lo que planeas.- respondió Cyrano mirando el modelo –Secuestrar a Christina, muy brillante, ¿y después?

-¿Después qué?- farfulló el Fantasma.

-¿Cómo la retendrás? ¿Te irás de aquí? ¿Cómo la harás olvidar a Raul?- interrogó el cadete.

-¿Cómo la haré amarme?- completó Erik.

Su interlocutor asintió.

-Tengo mis métodos. Tal vez no logre que me ame, pero puedo lograr que me necesite, ya lo he hecho antes.- respondió Erik volviendo tranquilamente a su tarea.

-Esa no es la solución.- replicó Cyrano alzando la voz, odiaba ser ignorado.

-¿Entonces cual es?- preguntó Erik burlón.

-Si amas a alguien, debes permitir que sea libre y feliz.- respondió con convicción.

-A ti te hizo muy feliz dejar libre a Roxana con ese lindo mocoso rubio, ¿no?- atajó Erik.

Cyrano apretó los labios.


-No te servirá de nada retenerla por la fuerza.- continuó –Aún cuando la engañes y la hagas creer que te ama, no podrás engañarte a ti mismo.

-Tengo algo que siempre me recuerda la verdad aquí abajo.- afirmó Erik señalándose la máscara con tranquilidad –Nunca me he engañado a mi mismo, y nunca podré hacerlo. Nunca podré escapar de la verdad, nunca podré escapar de éste rostro maldito. Si fuera hermoso, Cristina me amaría.

-¡Eso creía yo!- Cyrano se levantó y tomó la muñeca de Erik, obligándolo a dejar su ocupación y mirarlo –Pero Canelle me ama por lo que soy, nunca le ha importado mi apariencia.

El Fantasma dibujó una triste sonrisa -¿Eso crees? ¿Crees que Canelle nunca se fijó para nada en tu físico? ¿En tu porte? ¿En tu mirada? Simplemente encontró virtudes físicas en ti que opacaron tu nariz, pero yo, señor, no tengo ninguna, mi maldición es lo único visible. Y después de verla jamás la olvidas, nada puede ser más importante, y Cristina ya la ha visto.

-Pruébame.- retó Cyrano soltándolo.

Erik se levantó, irguiéndose en toda su grandeza, y sin darse tiempo de pensarlo y arrepentirse se retiró la máscara.


Se hizo un silencio sepulcral por un segundo. El estupor inicial en la mirada de Cyrano duró apenas un segundo, cambiando inmediatamente por una tristeza profunda, eco de aquella noche en que en cierto balcón, la doncella más bella se había besado con el hombre más hermoso.

-Abre viejas heridas, ¿cierto?- dijo Erik dejando la máscara a un lado, mirándolo con sus ojos dorados ahora sin ningún tipo de barrera ni contorno más que sus cavidades hundidas.

Cyrano desvió la mirada.

-A diferencia de usted, señor de Bergerac, yo no he encontrado a nadie que mire más allá de mi aspecto.- continuó Erik sentándose, acariciándose la mejilla de la piel pegada al hueso.

CONVERGENCIAHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora