-Capítulo 11: Un grupo nuevo

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Al levantarse al día siguiente, las chicas fueron adonde Newt les dijo que debían ir para reunirse con Jeff y Clint. Ellos las guiaron a una casa muy grande, la más importante, por el camino ellos les explicaron que la llamaban Hacienda y que no todos tenían permiso para entrar, solo los mediqueros y los líderes de cada trabajo básicamente, pero eso las chicas ya lo sabían, ya que Newt la otra vez no las dejó entrar cuando fue a hablar con Alby.

Una vez dentro se percataron de que había más espacio del que aparentaba el exterior. Jeff y Clint repasaron con ellas los conceptos básicos que necesitaban saber, y tras una hora o dos, Idoia y Ada ya sabían casi todo.

Como ese día no había nadie a quién curar, básicamente se dedicaron a preparar ungüentos y vendas, a la vez que hablaban. A las chicas Jeff y Clint les parecieron unos chicos bastante agradables y simpáticos.

- Por cierto, tenemos unos amigos que trabajan de deambulantes y en principio al acabar el trabajo habíamos quedado con ellos. ¿Queréis venir con nosotros?- dijo Jeff cuando se empezaba a dar cuenta que ya no quedaba nada por hacer- solemos hablar mucho con ellos porque como veis pocas veces hay gente enferma.

- Claro, sería genial.

Juntos se dirigieron hacia donde se suponía que habían quedado, desde lo lejos vieron que eran unos 3 chicos. No los conocían pero alguna vez los habían visto por el Claro, al fin y al cabo, el Claro no era un sitio muy grande.

- Chicas, ellos son Eric, Jack y Adam.- dijo Clint

- Y ellas son Ada e Idoia- las presentó Jeff.

- Encantado- dijo uno de ellos.

Estuvieron charlando un rato, Idoia y Ada descubrieron que en realidad eran un grupo de chicos muy simpáticos y agradables, como Jeff y Clint.

Así que no les importó quedarse toda la tarde con ellos.

Mientras hablaban iban caminando y llegaron más o menos al centro del Claro, donde había pequeñas hogueras para preparar la comida o simplemente para calentarse. Se sentaron juntos alrededor de una y continuaron hablando durante bastante tiempo.

Cada vez se fue oscureciendo más, y fue entonces cuando llegaron los corredores y las vieron allí sentadas. Se las miraron algo extrañados.

Pasaron los días, y cada vez que venían por la noche, los corredores se las miraban más y más extrañados. La verdad era que las chicas disfrutaban del tiempo que pasaban con ese grupo y cada vez pasaban más tiempo, aunque reservaban la hora de la cena para Thomas, Newt y Minho.

Cada tarde cuando salían del trabajo se dirigían los cuatro mediqueros juntos al mismo sitio en el que quedaron la primera vez con los otros, y estaban juntos hasta que llegaban los corredores.

Cada vez estaban más con los deambulantes y mediqueros que con los corredores y Newt, y las chicas parecían no darse demasiada cuenta de ello.

El corredor del laberintoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora