Capítulo 15: Las manzanas.

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- ¿Qué haces aquí?

Aquella voz era tan rotunda y había llegado tan repentinamente que Idoia se llevó un susto enorme, pero quizás no tan enorme como el bote que pegó. Al girarse, se encontró de cara a Fritanga, el cocinero, quien la miraba de arriba a abajo con aire de desconcierto.

- Pues... Yo...- -Idoia sólo podía pensar en si Ada se habría escondido o si habría marchado ya.- Pues venía a... Decirte que... Venía a decirte que tu comida está muy buena. Sí, eso mismo iba a hacer.

- Gracias, supongo.

- Sí, y que nos conocemos de vista pero nunca me he presentado. Soy Idoia.

- Sí, lo sé. Yo Fritanga. Bueno, si no te importa debo volver al trabajo.

- ¡No! -se alarmó Idoia, y al segundo se arrepintió pues había quedado demasiado obvio.

Idoia se había puesto en medio de la puerta, para impedir pasar a Fritanga, aunque sabía que él era en realidad mucho más fuerte.

Mientras tanto, Ada se había escondido en un armario que, para su suerte, estaba lleno de manzanas y otras frutas. Cogió unas cuantas, pensando que en cuanto los recolectores acabaran su trabajo rellenarían el armario y nadie se daría cuenta. De vez en cuando escuchaba algo de fuera y se atrevía a desplazarse a gatas hasta otro armario, del que cogía alguna que otra cosa. Mientras se movía sigilosamente entre los armarios, escuchó un grito de Idoia diciendo que no, e intuyó que Fritanga quería entrar. Le sabía muy mal por Idoia, debía de estar poniendo todo su esfuerzo en retener a Fritanga, y parecía que no lo estaba pasando del todo bien, aunque, en el fondo, le hacía un poco de gracia. Fue con el máximo sigilo posible al último estante, pero se apresuró tanto que se dio en la cabeza con una de las encimeras y salieron a rodar todas las manzanas que llevaba recogidas en la manta. Ada, en vez de quedarse quieta, cogió todas las manzanas a prisa y salió corriendo de la cocina, por si Fritanga conseguía entrar.

- ¿Qué ha sido eso?- preguntó Fritanga.

Él hizo el gesto de entrar a ver qué pasaba pero Idoia se lo volvió a impedir como por quinta vez ya.

- Última vez que lo digo con amabilidad. Déjame entrar o tendré que apartarte.

Idoia, que ya estaba cansada, cogió del brazo a Fritanga y empezó a caminar con él.

- Ven, te quiero enseñar algo. -mintió ella cogiéndose de su brazo y pensó que, como que no tenía ni idea de qué enseñarle, ya se le ocurriría algo.- Cómo se nota que pesan los sacos de harina, ¿eh? Vaya bíceps.-intentaba distraerlo ella.

Ada, que se había escondido detrás de un árbol para que cuando pasara Fritanga no la viera con la manta cargada, llegó a tiempo para ver como Idoia marchaba del brazo del desconcertado cocinero y se puso a reír. Ya no podía contener más la risa que le causaba esa situación. Decidió ir al hoyo y que ya se encontraría a Idoia allí. Además, le hacía ilusión hablar con los corredores y que Idoia no estuviera, sentía que así podría ganarse un poco más de afecto por parte de los chicos.

Idoia, por su parte, había deambulado con Fritanga buscando algo que enseñarle, hasta que llegó a los campos de los recolectores, que estaban cargando cestas con toda clase de frutos.

- ¿Y bien? -preguntó un ya molesto Fritanga.

- Pues esto. -Idoia sabía que estaba quedando completamente ridícula en ese momento y solo quería terminar ya con la situación. -No te parece que los frutos están muy frescos y... ¿Verdes? Bueno, pues a mi sí que me lo parece.

Idoia tuvo la mala suerte de que en ese momento Newt estaba trabajando con los recolectores y se la miraba desconcertado. Idoia supuso que lo que menos se esperaba Newt esa mañana era encontrarse con su amiga cogida del brazo del cocinero, con el que nunca antes había hablado, y comentando lo "verdes" que estaban los frutos. Se miraba a Idoia con aire curioso y divertido, como si no entendiera qué hacía.

Y dicho esto, se marchó en busca de su amiga, dirección al hoyo y, sobretodo, dirección a un lugar donde dejara de hacer el ridículo.

Ada, que por fin había llegado donde Minho y Thomas, los saludó con entusiasmo y repartió la comida más o menos a partes iguales.

- ¡Ada, eres la mejor! -decían los corredores cuando ella les dio la comida.

- Qué hambre tenía.- decia Thomas mientras devoraba la comida.

- Por cierto, ¿dónde está Idoia? -preguntó Minho una vez ya se había llevado el primer bocado a la boca.

- Digamos que está algo ocupada ahora mismo, pero enseguida viene -reía Ada.

Como veía que los corredores se la miraban con aire interrogativo, Ada les prometió que se lo explicarían todo cuando la otra volviera.

La chica pasó unos minutos muy agradables charlando con los chicos, hasta que vio la figura de Idoia acercándose, y se reía al recordar lo que acababa de pasar.

El corredor del laberintoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora