cuatro

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¿Alguna vez te han dicho que tan lindo eres? Cada centímetro de tu cuerpo te hace perfecto y diferente a los demás, logras sobresalir entre todos ellos. Me encantaría poder tomar tu mano entre la mía.

—N.



Ésta vez, la nota la hice un poco más pequeña. La hice que se colara entre la rendija del casillero, entrando perfectamente. Miré hacia todos lados, no había nadie que pudiera verme en ese momento. Seguramente todos estaban ya en casa.

Escuché pasos por el pasillo, se acercaban, parecía ser una manada de chicos recién duchados después de un duro entrenamiento de básquetbol. Imaginarlo de esa manera, digo, sudoroso y con sus cabellos pegados a su frente y cuello...

Debía controlarme.

Me adentré rápidamente en el baño de hombres. Miré un poco hacia afuera, encontrándome con él en su casillero. Tomó un par de libros y cuando se dio cuenta, la nota estaba por el suelo.

La tomó entre sus grandes manos y leyó de ella. Juré ver una pequeña sonrisa en sus labios, antes de girar a todos lados para ver si encontraba a alguien. Ya estaba sólo.  Yo solamente me pude esconder por unos largos minutos en el baño. Esperando a que se marchara.

—¿Qué estás haciendo conmigo?

Me cuestione a mi mismo, recordando esos hermosos ojos esmeralda, su linda sonrisa y labios rosados, esos hoyuelos que resaltaban en su rostro cada vez que sonreía.

¿Podía existir un hombre más perfecto? No lo creo.


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