Resistencia y pelea: ¡Choque de poder!

17 0 1
                                        

La madera, el suelo debajo de Credo se ennegrecía mientras la electricidad golpeaba el aire en estocadas de energía acumulada y descontrolada. Seifer y Agregor, confundidos, se mantenían en silencio mientras Manu suspiraba.

- Sigues siendo igual de molesto. - Kozo le dijo, mirándole a los ojos, casi sin importancia, como se le dice a un niño.
- Condescendiente de mierda. - Contestó una voz electrificada y profunda. - Estaré orgulloso de ser quien te tire el negocio. Si te mato o te entrego, dará igual, el cristal y Kozo, el Rey estará contento.

- Eres un niño molesto.

- No soy un niño Kozo, igual que tú. Tantos años y no eres un viejo, sabrás que la edad no importa.

- No puedes ni pensar. Algún idiota te dio autoridad y de pronto te crees que puedes venir a mi negocio a tomarme a mí y a mis amigos.

- Pudieron enviar a muchos más. Les dije que me encargaría yo mismo.
- Infantil de mierda.

La paciencia de Credo se aquejaba. Un pisotón hizo recorrer electricidad a través del suelo, extendiendo la madera quemada. Sus brazos se levantaron a la altura del pecho y se cargaron de electricidad mientras movía sus codos a su espalda, cerrando sus manos con fuerza.

- ¡Anciano estúpido! - Gritó, mientras lanzaba sus manos hacia el frente, liberando un rayo enorme, dirigiéndolo con tempestad hacia Kozo.
Las manos de Kozo temblaron antes de que un espasmo lo hiciera reaccionar, abriendo sus brazos, poniendo sus manos a los lados de sus hombros para chocar sus puños uno contra otro, recogiendo aire con el movimiento y concentrando oxígeno en sus manos.

El impacto fue directo y estruendoso. Kozo de pie, con sus puños todavía unidos y una concentración de oxígeno hecho sólido al rededor de ellos, formando un escudo, cubriendo tanto su rostro como su pecho.

Credo se enfureció al verlo resistir. Mantenía la pose con la que atacó y su respiración era agitada.
- Siempre estás en forma - Le dijo, mientras devolvía sus brazos a los lados de su cuerpo. Kozo lo miraba en silencio, ceño fruncido, sin bajar las manos y con el escudo de oxígeno aún levantado. Su mirada mantenía la determinación desde el inicio.

Los ojos de Kozo se cerraron cuando de su espalda surgió electricidad, haciéndole arquearse mientras se retorcía y el escudo desaparecía.

- ¡Ha, mírate! Los años si te golpean, Kozo.
- Idiota.
-Creo que ya sé de dónde lo sacó Chikane. - Le decía Seifer a Agregor, ambos todavía pegados al suelo y siendo observados por los guardias.

-¡Lo sé! que mala influencia. - Le contestó Agregor, ignorando el hierro en sus manos.
- Idiotas... - decía Manu, concentrado en la gravedad de la situación y sujetado al suelo de la misma manera que ellos dos. - Si ese es todo el poder de ese idiota, no será difícil para Kozo.

- Wow, ¿en serio?

- ¡Pero lo está pasando mal! - le decía Agregor, observando como Kozo doblaba las piernas y volvía a pararse firme.
- ¡Cierren la boca! - Interrumpió un guardia, golpeando la cara de Agregor, fuertemente, sin compasión, inmediatamente su mejilla y la parte inferior de su ojo se pusieron de un azul oscuro, tirando a morado.

Kozo notó aquél golpe y la cara nauseabunda de Agregor. Lo miró de reojo y concentró la mirada en Credo.

- Te dije que sin torturas. - Le dijo.
- Eres un molesto.

- No hagas ésto difícil, Credo.

- Bien, claro, tienes razón, voy a obedecerte completamente porque no soy yo quien te ha dejado temblando hace apenas un momento.

BrisasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora