Capítulo XIII

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***ELRIC***

Seguimos a Daw hasta a una cueva que había por la zona cerca del bosque. Por esa zona había muchos mercenarios, así que era mejor no dormir al aire libre en el bosque, si no buscar una zona en la que nos pudiéramos defender mejor. El muchacho conocía muy bien la zona así que no nos costó mucho encontrar la cueva a pesar de lo bien ocultada que estaba. El follaje de la zona encubría la entrada. Si hubiera ido sólo hubiera pasado de largo sin darme cuenta de que allí había una cueva.

Antes de entrar recogimos entre todos un par de troncos y palitos de madera que había cerca. La cueva estaba muy oscura y no se veía nada. Necesitábamos encender fuego, además no vendría nada mal para apartar el frío. Daw prendió fuego a un tronco a modo de antorcha mientras los demás le seguíamos cargados con la madera. Por lo poco que se veía pude deducir que la cueva era amplia. El muchacho nos mandó apilar los troncos en una zona para encender ahí una fogata. Acercó su antorcha al montón y el fuego prendió. Poco a poco fue cogiendo tamaño hasta que la mayoría de la cueva quedó iluminada.

—Hay que ir a por más troncos de madera y palos. Si no enseguida nos quedaremos sin luz—dijo Leda.

—Adri y yo nos encargamos de ello—propuse inmediatamente. De este modo podríamos hablar a solas. No me había olvidado de lo que había tenido lugar hace un rato.

—Es mejor que te acompañe Daw y no yo. Es mucho más fuerte que yo—Adri estaba buscando una excusa, pero no lo iba a permitir. Teníamos que hablar.

—Adri tiene razón—afirmó Leda. Todos nos giramos sorprendidos hacia la muchacha. Adri miraba a Leda con la ceja izquierda levantada. Nunca Leda había dado la razón a Adri, de hecho siempre estaba intentando llevarle la contraria. De todos los momentos en el mundo, Leda justamente tenía que apoyar a Adri en ese mismo. Definitivamente la suerte no era lo mío.

—Es una zona muy peligrosas, es mejor que no os dejemos a las mujeres solas. Así que esta noche estaremos por parejas mixtas todo el rato—¡Wooow! ¡Era realmente brillante! Muy bien Elric, rápido pensado me alabé a mi mismo mentalmente. Adri fruncía el ceño en mi dirección pero no iba a intimidarme.

—Te puedo matar en cinco segundos y tu ni darte cuenta Elric—Adri no sólo intentaba demostrar que se podía cuidar solita, si no que en sus palabras además había una amenaza encubierta. O me andaba con cuidado o me mataría. Pero aquella muchacha no me iba a intimidar con aquellos ojos fríos como el hielo.

—Lo siento Adri, pero Elric tiene razón. Sería más seguro realizar parejas mixtas—intervino Daw en mi rescate.

Agarré a Adri por la muñeca y la arrastré afuera de la cueva antes de que le diera tiempo a protestar. Andamos así durante cinco minutos en silencio hasta que decidí pararme. Estábamos suficientemente lejos como para que no nos oyeran hablar ni Daw ni Leda. La cara de Adri no mostraba expresión alguna, volvía a ser una máscara de hielo. Aquella mujer conseguía ponerme de los nervios.

—¡No me dijiste que te perseguía la guardia real de Gasilia!—estallé gritando.

—Sabes de sobra que quedamos en que te contaría la información que pudiera.

—¡Me lo tenías que haber contado Adri! Que te persiga la guardia real es un dato importante—me reí como un loco por los nervios—¡Me pueden matar por traición!

—Si no sabías de lo que huíamos era más seguro para ti—continuó excusándose Adri. Yo había perdido los nervios por completo y estaba gritando a la muchacha. Pero ella, para gran sorpresa mía, hablaba en un tono tranquilo y calmado.

—¿Sabes el dinero que me darían por entregarte? Mis padres y yo no volveríamos a pasar hambre ni un noche.

La perfecta máscara de hielo de Adri se vio estropeada por una pequeña mueca de dolor. A los pocos segundos se recompuso. El dolor dio paso a la ira. En sus ojos se veía fuego y su ceño estaba fruncido.

La Princesa de HieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora