****ADRI****
Para mi sorpresa ver a Elric y Leda besándose me había molestado. A pesar de solo haber presionado labio con labio mis instintos asesinos se habían despertado. Leda quería marcar territorio y dejar claro quien mandaba, y para ello había besado a Elric. Más le valía andarse con cuidado y no meterse en juegos que no sabía si quiera las reglas.
El día se hizo largo. A penas intercambiamos palabras. Yo no me sentía cómoda con la presencia de Daw y Leda allí. Además la muchacha estaba venga a mirarme para después agarrar fuertemente a Elric por la cintura y apoyar su cabeza contra su espalda. No paraba de provocarme. Yo la respondía con mi mejor cara de indiferencia, y por los gestos de frustración que había visto en su cara, podía asegurar que mi máscara impenetrable había dado resultado.
El sol se estaba poniendo así que nos salimos de los caminos para adentrarnos en el bosque. Estábamos alerta por si algún bandido nos atacaba. Pero no parecía ser el caso, la zona estaba despejada. Desmontamos de los caballos. Daw me ofreció ayuda para bajarme pero la rechacé. Era lo suficiente mayor para bajarme de un caballo sola. Odiaba que por el hecho de ser mujer pensaran que no podía hacer muchas cosas por mi cuenta. Leda, por el contrario, esperó a que Elric la ayudara a bajar. Esa mujer estaba consumiendo mis nervios de una manera sorprendente.
—Deberíamos comprobar la zona y buscar ramas para alimentar una pequeña fogata—comenzó a planear la muchacha. Le encantaba mandar y yo no llevaba muy bien el que me dieran órdenes. ¡Que se había creído esa sucia campesina para darme órdenes a mí! Intente controlar mi enfado. Yo no me comportaba así a pesar de ser de la realeza. Mis padres me habían educado bien, de tal forma que no despreciaba a la gente del pueblo. Cada uno teníamos que desempeñar un papel distinto para que el reino funcionara.
—Hoy no creo que debamos encender ninguna hoguera. Estamos cerca de una aldea y podrían divisar desde allí nuestra fogata—propuse ya calmada y con la mente despejada.
—Adri tiene razón. Pero el terreno hay que comprobarlo. No podemos dormir sin asegurar nuestra seguridad—intervino Daw calmado como siempre. Ese hombre parecía no alterarse ante ninguna situación.
—Pues nos dividiremos en dos grupos. Unos abarcaran norte y este, otros el sur y oeste. ¿Elric vienes conmigo?—el aludido se mordió el labio para después mirarme con cara de disculpa y colocarse junto a la muchacha. Mantuve mi cara sin expresión alguna—. Nos encargaremos del norte y este. Luego nos reencontramos aquí de nuevo.
Mire a mi alrededor. Todo parecía igual, sería difícil volver al mismo sitio. Desenvainé mi espada e hice un profundo corte en un árbol cercano diferenciándolo así del resto. Leda me miraba con los ojos como platos. Le molestaba haber pasado aquel detalle por alto y que no se le hubiera ocurrido a ella esa idea. Elric tenía su normal sonrisa de lado mientras que Daw sonreía con sorpresa.
—Bien pensado—me elogió Daw. Le agradecí el cumplido con una sonrisa—. En cuanto acabéis volver a este árbol.
Leda se agarró al brazo de Elric y se dirigieron hacia el norte. Daw y yo nos encaminamos hacia el sur. El sol casi se había puesto. Era realmente difícil andar rápido por el bosque. Los árboles no dejaban pasar mucha luz. De repente Daw me agarró por la muñeca y tiró de mí. Lo miré sorprendido.
—Un hoyo en el suelo—se explicó señalando al suelo.
Ahí donde señalaba había un hoyo algo profundo en la tierra. Gracias a él lo había evitado de tal manera que había conseguido no romperme ningún hueso.
—Gracias—le agradecí con una de mis mejores sonrisas.
Me devolvió la sonrisa y me soltó la muñeca. De repente me volvió a agarrar la muñeca. Levantó la manga de mi camisa dejando ver mi muñeca magullada. Aún no habían cicatrizado y las tenía en carne viva y con sangre seca por culpa de la cuerda que me había atado el príncipe Damon. Daw pasó su dedo lentamente y con cuidado sobre mis heridas. Dejó escapar un juramento que habría hecho colorarse a mi madre.
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La Princesa de Hielo
FantasyEl continente de Erelín está dividido en cinco reinos que mantienen la paz. ¿Pero será esta paz duradera? Las familias que gobiernan cada reino lucharán por tener mayor poder que las demás. Un juego peligroso en el cual participan personas dispuesta...
