Capítulo XXIII

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****ELRIC****

Me pasé gran parte de la noche moviéndome de un lado para otro de la cama. No es que no fuera cómoda, si no que tenía los nervios a flor de piel. En unas horas llegaríamos a Belmona. Por un lado tenía ganas de llegar, puesto que al fin cumpliría mi promesa y Adri se encontraría a salvo. Pero por otro lado quería seguir huyendo de los peligros con Adri. Sabía que sonaba una completa estupidez. ¿Quién mierdas iba a querer pasar más tiempo huyendo de peligros de muerte? Pues al parecer la respuesta era yo. A pesar de todo el peligro, había disfrutado de la presencia de Adri. Si no nos hubiéramos encontrado en aquella situación seguramente Adri no se hubiera abierto tanto ni en tan poco tiempo. La princesa de hielo era alguien difícil de conocer y bastante cerrada por lo que la gente decía. 

De repente solté una carcajada. La gente había dado en el blanco al poner aquel mote a Adri, menuda ironía. La habían apodado la princesa de hielo por ser fría, distante y apenas sonreír. Pero aquel apodo era aún más preciso si conocías su pequeño secreto. Adri controlaba el hielo. Mi cabeza de golpe voló al camarote de Adri. ¿Le estaría contando lo de sus poderes al capitán Hawkins? Aquella idea hizo que la sangre me hirviera. Era algo que sólo sabíamos Adri y yo, era como nuestro secreto. Algo que sólo compartíamos los dos, y el hecho de que lo compartiera con el capitán Hawkins me molestaba. Ahora sería algo entre los tres. No quería ser la tercera rueda.

En algún momento de la noche debí de quedarme dormido, puesto que unos golpes en la puerta me despertaron.

—En unos minutos atracaremos. Comienza a vestirte—reconocí la voz del capitán Hawkins a través de la puerta.

No le respondí, simplemente solté un gruñido. Pero el capitán no volvió a llamar a la puerta. Escuche como sus pisadas se alejaban. Me desperecé aún cansado. No había dormido mucho aquella noche. Además aún estábamos de madrugada.

Me puse la ropa que había estado llevando estos días. Lo bueno de haberme hecho pasar por un noble es que cuando llegásemos al castillo no llevaría los ropajes sucios y feos de un campesino. Iría más elegante que de normal.

En la mesilla había un pequeño espejo de mano. Lo cogí para ver que aspecto tenía y arreglarme el pelo. Me quedé pensativamente mirando el espejo. ¿Qué peinado debía de llevar? Unos golpes en la puerta me sacaron de mis pensamientos. Esperé a que el capitán Hawkins gritara algo, pero nada. Entonces me di cuenta de que estaban esperando mi permiso para pasar al cuarto.

—Adelante—dije picado por la curiosidad de quien se encontraría al otro lado de la puerta.

La puerta se abrió dejando paso a una sonriente Adri. Estaba más hermosa que nunca. Aquella sonrisa era verdadera y le llegaba hasta los ojos, haciendo que su tono de color hielo adquiera un tono algo más cálido. Me fijé en que no llevaba el vestido dorado de la noche anterior. Pensaba que querría llevarlo. Al fin y al cabo todo el mundo la reconocería, por lo que debía vestir conforme a su clase social. En cambio llevaba unos pantalones negros de cuero que se pegaban a su cuerpo resaltando sus piernas elegantes. Llevaba una camisa blanca con mangas anchas. Una especie de corsé exterior realzaba su figura. Pasaba de una estrecha cintura a una cadera algo más ancha. Tenía muy buen cuerpo. Llevaba unas botas negras justas que le llegaban por debajo de la rodilla. Por último vestía una capa gorda negra encima. Entre la capa y la camisa distinguí el colgante dorado con un corazón que había llevado la noche anterior. Además, sobre la camisa llevaba el broche con el símbolo de la familia Borela. Su cabello negro lo llevaba recogido en una trenza de lado.

Adri se acercó a mí y pasó sus manos por mi pelo para arreglármelo. Instintivamente cerré los ojos unos instantes. Sus manos por mi pelo hicieron que me relajara. Luché contra el cansancio y la relajación y volví a abrir de nuevo los ojos. Adri se encontraba a escasos centímetros de mí. En su rostro había una mueca de clara concentración. Parecía estar dispuesta a arreglarme verdaderamente el pelo.

La Princesa de HieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora