Inma se acercó a Susana aquel miércoles.-Susana, vamos a almorzar hoy juntas, ¿te vienes?A pesar de lo mucho que le apetecía, recordó que solo tenía cuatroeuros en la cartera y que el bonobús no le duraría toda la semana.-Lo siento, me gustaría, pero no puedo. Mi hermana no se encuentramuy bien y quisiera ir yo a preparar la comida para cuando llegue.No había mentido, Merche estaba con la regla y no lo pasaba muy bienen esas ocasiones. Cuando llegaba del trabajo solo deseaba ducharse yechase un rato. Aunque eso no la hubiera impedido ir si hubiera tenido eldinero necesario.-Es que los chicos están planeando hacer un viaje antes de queempiecen los exámenes y queremos hablar del tema.-También lo siento, pero yo no puedo hacer un viaje.-Será solo un fin de semana y a un sitio barato. No nos costará nimucho tiempo ni mucho dinero.-No dispongo de ninguna de las dos cosas, por muy poco que sea.Podéis decidir lo que queráis sin mí.-Entonces nos vemos mañana. Ya te contaremos.Susana cogió el autobús sintiendo por primera vez en su vida perdersealgo. Sería estupendo ir de fin de semana con ellos y pasar muchas horascon Fran, pero la situación económica de su familia no estaba paradespilfarros. Y si no iba a poder ir prefería quedar al margen de losplanes.Al día siguiente, después de la clase, estaba segura de que Fran iba asacar el tema. No se equivocó. Estaban recogiendo los papelesdesperdigados sobre la mesa del aula de cultura cuando le dijo:-Espero que no tengas prisa; quiero hablar contigo.-Eso no es nuevo -dijo ella riendo-, siempre lo hacemos.-¿Vamos a tomar algo o prefieres hablar aquí?-Mejor aquí, no quisiera entretenerme demasiado.-Entonces iré al grano. Inma me dijo ayer que te había comentado lodel viaje a El Bosque y que habías dicho que no podías ir.-No dijo que fuera a ser a El Bosque, pero sí, me lo comentó.-¿Y por qué no quieres ir?-No es que no quiera.-¿Entonces? No irás a decirme que tienes tanto que estudiar que nopuedes perder dos días...-Puedo permitirme perder dos días de estudio, lo que no puedopermitirme es pagar el viaje.-Vamos, Susana, no hables antes de saber cuánto cuesta. Hemos hechoun cálculo. El autobús y el alojamiento no superan los cien euros y hemoscalculado unos cincuenta más para comida.Por mucho que a su orgullo le doliera reconocerlo, sabía que con Frantenía que ser sincera. Él no iba a admitir otra cosa y se daría cuenta si lementía y le ponía una excusa falsa.-No dispongo de esa cantidad. Puede que para ti no sea nada, pero paramí es mucho dinero.-No me digas eso, ya hemos acordado que durante la época deexámenes daremos más clases. En un par de semanas lo habrásconseguido de sobra. Si no lo tienes ahora yo te lo prestaré y me lodescuentas de las clases.-Aun así no puedo -admitió-. Las cosas en mi casa no están muybien. Mi padre ha tenido una avería en el barco y la reparación no esbarata. Y además, está sin trabajo. Si no trabaja no gana nada. Merche y yoestamos mandando dinero a casa sin que él lo sepa; cree que mi madre selas está apañando con algunos ahorros... Pero no hay ahorros. Yo lesenvío todo el dinero de tus clases y Merche está haciendo horas extras ylos turnos a compañeros que se lo ofrecen para ayudar. De verdad que nopuedo disponer de ese dinero, Fran.Él le agarró la mano.-¿De verdad es solo por el dinero? ¿No es por la gente?-No es por la gente. Por primera vez en mi vida sé que me lo pasaríamuy bien. Pero no importa, supongo que ya habrá otras ocasiones.Fran apretó su mano con más fuerza.-Déjame que te invite.-No.-Susana, como bien has dicho antes, para mí esa cantidad no es nada.Puedo gastármelos en unos zapatos.-Pero para mí es mucho, no puedo aceptar. Prefiero que tengas loszapatos.-Yo no. Yo quiero que vengas.-No insistas, Fran.-No seas cabezota, no es más que dinero. Yo te debo a ti mucho más.Me has salvado el curso, voy a conseguir un coche nuevo, has hecho queme enamore de mi carrera. Por favor, déjame invitarte o prestarte eldinero. Ya me lo devolverás si no este año, el próximo. Cuando las cosasse arreglen en tu casa.-No.-¡Joder, qué cabezota eres!-Sí que lo soy, lo reconozco.-¿Qué puedo decir para convencerte? Irá...Susana le colocó una mano sobre la boca.-No lo digas... por favor, no lo digas. Ya sé que estará, pero teaseguro que si deseo ir no es por Raúl, sino por ti y por todos los demás.Por un momento se miraron con intensidad y Fran estuvo tentado dedecir: «Pues hazlo por mí, y ven. ¿No comprendes que yo te necesitoallí?», pero la mano de Susana seguía tapando su boca. Después de unossegundos la retiró.-El viaje no será lo mismo sin ti.Ella sonrió.-Gracias por decir eso. Es lo más bonito que me han dicho en muchotiempo.-Es la verdad, al menos para mí.Agitada y nerviosa Susana se concentró en terminar de recoger suscosas y las guardó en el bolso de lona. Fran permaneció en silencio.Después se levantaron y juntos salieron a la calle. En la puerta de lafacultad se despidieron.-Hasta mañana.-No te habrás enfadado, ¿verdad? Te agradezco enormemente que tehayas ofrecido a prestarme el dinero, pero comprende que no puedoaceptarlo.-No lo comprendo, pero tampoco estoy enfadado. Ya me temía que noquerrías ni oír hablar de ello, pero tenía que intentarlo.-Hasta mañana -dijo ella, y por primera vez desde que se conocían,se adelantó a darle un beso en la mejilla-. Gracias.Merche estaba colocando perchas con conjuntos de sujetadores y bragasde encaje cuando alguien se le acercó por detrás. Giró la cabeza creyendoque se trataba de un cliente y se sorprendió al encontrar a Fran.-¡Vaya! ¿Comprando bragas? ¿Alguna talla en especial?Él negó con la cabeza.-Te estaba buscando. He recorrido todas las secciones de esta tienda.Tengo que hablar contigo.-¿De Susana?-Sí.-¿Ocurre algo?-Nada que no podamos solucionar entre los dos, espero.-No puedo hablar ahora -dijo ella mirando a su alrededor.-Lo supongo. ¿A qué hora sales?-A las nueve de la noche. Hoy hago turno doble.-Te estaré esperando.Fran se marchó. Aquella noche, cuando Merche salió le encontró en lapuerta. No había dejado de darle vueltas a la cabeza durante toda la tarde alo que él tendría que decirle. ¿Iría acaso a preguntarle por los sentimientosde su hermana? Para ella los de él estaban cada día más claros.-Hola -saludó.-Hola. Se te ve cansada.-Entré esta mañana a las nueve y media, y llevo de pie todo el día.-Susana me ha dicho que estás echando horas extras.Ella se encogió de hombros.-Hace falta. Es algo temporal.-Sube al coche, te llevo a casa.-¿En serio? No sabes cómo te lo agradezco. A estas horas el autobúsva lleno.-Así podremos hablar con más tranquilidad.Subieron al coche y Fran arrancó.-Me tienes sobre ascuas. No se me ocurre qué tienes que decirmesobre mi hermana. No tendrá algún problema, ¿verdad?-No es eso. No sé si te habrá comentado que estamos organizando unviaje para pasar un fin de semana en El Bosque antes de que empiecen losexámenes.-No me ha dicho nada.-No quiere venir, dice que no tiene dinero.-Y es verdad.-Ya sé que es verdad, pero quizás haya alguna forma de arreglarlo.Ella se niega en redondo a hacerlo.-No sé, Fran...-No es mucho dinero, se trata solo de ciento cincuenta euros.-Puede que no sea mucho para ti, pero para nosotras...-Es lo mismo que me dijo Susana. Y me explicó lo del barco devuestro padre. Yo me ofrecí a prestarle el dinero e incluso a pagárselo sinmás, pero no quiere ni oír hablar de ello.-Sí, es muy propio de ella.-Tienes que convencerla para que acepte. Susana tiene que venir.-Nada me gustaría más, Fran, pero mi hermana es muy cabezota.-¿Y si te presto el dinero a ti? No hay ninguna prisa en que me lodevuelvas. Ni siquiera tienes que devolvérmelo aunque le digas a ella quesí. Yo estaría encantado de pagárselo.-No puedo mentirle sobre algo así. Susana es muy orgullosa y jamáslo aceptará.-Por favor, Merche, ella tiene que venir.-¿Puedo preguntarte por qué tienes tanto interés en que vaya?Fran desvió por un momento la vista de la calle y la miró.-¿Y tú lo preguntas? ¿Hay alguien que se lo merezca más que ella?Estudia como una burra para seguir con la beca. Y nunca ha podido hacernada así, tú sabes que nunca ha ido ni de viaje ni de excursión. Ahora tieneamigos y ella quiere ir. Y solo es el dinero lo que se lo impide, malditasea. No es justo -dijo con vehemencia.-No, no lo es. Pero hay muchas cosas que no son justas, Fran, y Susanaes toda una experta en eso.-Ya lo sé, pero me resisto a aceptarlo. Sobre todo por dinero. Yo tengodinero de sobra y me haría muy feliz poder invitarla. Además, el viaje nosería lo mismo sin ella.Merche sonrió.-Está bien. Trataré de pensar en una forma de que lo acepte.Fran también sonrió convencido de que tenía una aliada.-Hazlo, por favor. No me obligues a secuestrarla.-Dame un par de días, seguro que se me ocurrirá algo. ¿Tengo un parde días?-Tienes casi tres semanas, aunque las reservas hay que hacerlas cuantoantes.-Dame tu teléfono, te llamaré pronto.Habían llegado.-Gracias por traerme.-No hay de qué. Creo que ya el coche sabe venir solo. No le digas aSusana nada de esto, ¿eh?-Por supuesto que no.Merche bajó del coche y sonrió mientras cruzaba la calle hacia su casa.-Cariño, vas a ir a ese viaje aunque yo tenga que empeñar algo.
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¿SOLO AMIGOS?
Teen Fictionte a pasado que quieres buscar tus libros Favoritos y no encontrarlo? pues yo si este libro es de Ana Alvarez subiré su libro Sin arreglar nada sólo subiré su libro aqui en Wattpad Espero que les guste
