Capítulo 32

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Sevilla. Junio, 2002

Por primera vez en su vida, Susana no tenía nada que hacer. El cursohabía terminado, el papeleo estaba arreglado y ya solo le quedaba esperara que al día siguiente, en una ceremonia pública y oficial, el decano leentregara el título y fuera además condecorada con una mención especialdebido a sus calificaciones. El sueño de su vida, desde que era una niña, sehabía cumplido al fin.La toga rojo oscuro con que debería acudir al acto estaba planchada ycolocada en una percha, colgada de la puerta del dormitorio para evitarque se arrugase en el pequeño armario.También Fran iba a graduarse con ella al día siguiente. Tan solo ellosdos e Inma habían terminado la carrera. Al resto aún les quedaban algunasasignaturas que debían aprobar en septiembre o quizás volver amatricularse de ellas al año siguiente. A Carlos aún le quedaba todoquinto.Y ella tenía sobre el mueble la carta de un bufete de Barcelonaofreciéndole trabajo. Un bufete grande e importante, con muchosabogados en nómina, y que le ofrecía un sueldo de dos mil eurosmensuales más porcentaje de las indemnizaciones que consiguiera, paraempezar. Toda una fortuna para ella, acostumbrada a sobrevivir con lamiseria de la beca. Y la incorporación inmediata, en quince días.Una carta de la que no le había hablado a nadie, porque no la queríaaceptar por muy buena oferta que fuese, y que rompería sin pesar solo conque Fran le hablase de un futuro en común.Pero él no solo no había hablado de nada de eso, sino que estaba muyraro últimamente, evasivo y huidizo. Y en absoluto ilusionado con el finalde la carrera, aunque fingiera lo contrario. A ella no podía engañarla. Ytemía que el fin de su relación, aquello que siempre había sabido quellegaría, estaba muy cerca. Lo suyo con Fran se iba a terminar junto consu época de estudiantes.Merche llegó del trabajo y la encontró pensativa de nuevo.-¿Otra ven en Babia? Nena, a ti eso de no tener que estudiar te estásentando muy mal, ¿eh?-No es el no tener que estudiar, aunque me siento muy rara de nosentir las horas totalmente programadas. Lo que me pasa es que creo queesto se acaba.-¿Qué se acaba? ¿La carrera?-No, lo mío con Fran.-¿Lo tuyo con Fran? ¿Otra vez con lo mismo? Susana lleváis tres añosy medio juntos, y llevo escuchándote decir eso a cada pelea que habéistenido.-Sí, ya lo sé, pero ahora es distinto. Y siempre he sabido que tendríaun final.-No tiene por qué ser así.-Vamos, Merche... En tres años y medio nunca ha hablado de futuro,ni siquiera les ha dicho a sus padres lo nuestro.-Tú tampoco lo has dicho en casa.-Si Fran lo hubiera hecho primero, hace tiempo que él sería mi noviooficial delante de todo el mundo, y no un compañero más, mezclado contoda la pandilla. Mira Inma. Ella hace tiempo que forma parte de la vidafamiliar de Raúl, asiste a comidas, celebraciones y la consideran una másde la familia. Y yo... Fran todavía tiene que decir mentiras para quedarconmigo. Nunca hemos pasado juntos unas navidades, siempre locelebramos todo a escondidas. Y últimamente está muy raro...Malhumorado y evasivo. Seguro que está pensando en cortar y no sabecómo hacerlo.-Susana, ya te has montado paranoias como esta otras veces y siemprete has equivocado. Fran está muy enamorado de ti.-Lo sé, pero eso no significa que no comprenda que esto nuestro va aser muy difícil fuera de la facultad. Y no estoy segura de que quieraenfrentarse a lo que significaría seguir conmigo. Sus padres nunca van aaceptarme, su trabajo en el bufete se verá afectado... No lo sé, Merche. Noestoy segura de que él quiera o pueda renunciar a todo por mí. No puedopedirle eso, porque sé que yo jamás renunciaría a mi familia... ni siquierapor él.-¿Lo habéis hablado? Creo que deberías decirle tus temores.-No puedo. Estoy tan asustada, tengo tanto miedo de perderle...Siempre he sabido que se acabaría, pero ahora que quizás haya llegado elmomento, comprendo que no estoy preparada en absoluto.-¿Pero por qué estás tan segura de que quiere cortar? ¿No serán tuspropios temores los que te hacen ver fantasmas?-Ya te he dicho que está muy raro. Pensativo, ausente... Y esta nocheme ha pedido que la pase con él. Nuestra última noche de estudiantes, hadicho. Quiere que me ponga el camisón de nuestra primera vez. ¡Nisiquiera sé si me entrará, desde que tomo la píldora he engordado dos otres kilos! Quizá quiera terminar como empezamos.-¿Y qué vas a hacer si es así?-Disfrutar de esta noche sin pensar en nada. Y luego, si quiere cortar,le ayudaré a hacerlo.-¿Le ayudarás a hacerlo? ¡Susana, me asustas! ¿En qué estás pensando?Cogió la carta del bufete catalán y se la enseñó a su hermana.-¿No habrás aceptado esto, verdad?-No, ni lo aceptaré si él quiere seguir. Tengo quince días parapensármelo. Pero si insinúa algo de dejarlo, ahora o después de lagraduación de mañana, le diré que ya he tomado una decisión y heaceptado el puesto. Y me marcharé a Barcelona.-¿Así? ¿Sin siquiera ponérselo difícil? ¿Como si fueras tú quienrompe?-Fran me ha hecho más feliz de lo que nunca pensé que podría ser.Solo puedo estarle agradecida por estos años, Merche. Y sé que tampocoserá fácil para él... pero joder, tengo que reconocer, aunque me duela, quequizá no tengamos otra salida. Sí, si intuyo que quiere cortar, le ayudaré ahacerlo, y después me temo que te tocará otra vez a ti ayudarme asuperarlo, hermana, antes de irme a Barcelona.-¡Dios, mío, Susana... a Barcelona, tan lejos de todos nosotros,sola...!-Tendré un trabajo maravilloso en el que refugiarme. Y si corto conFran, no podría quedarme cerca, verle, quizá con otra mujer de suentorno...-Nena, nena, para. Estás presuponiendo demasiadas cosas. Y que yosepa, ese novio tuyo no ha dicho ni media palabra de todo eso que estásimaginando. No precipites los acontecimientos. Lo que tienes que hacer esolvidarte ahora de todo eso y ponerte muy guapa para salir con él estanoche. No tardará en llegar. Y disfrutar como una loca. Mañana es un díamuy importante para ti. Para los dos.-Cierto. Se me echa la hora encima.Una hora después, Fran, vestido con pantalón, camisa y chaqueta, llamóa la puerta. Susana se había puesto una falda negra y una camisa rojooscuro que Merche la había regalado por la graduación, sus primerasropas elegantes de abogado. Salió a abrir.-¡Dios, mío...! ¿Qué te has hecho? -preguntó al verle.La melena rubia que le caía sobre el cuello la tarde anterior, habíadesaparecido.-Me he disfrazado de abogado. Me temo que es lo que soy a partir deahora.Ella alargó la mano y le acarició la nuca, desnuda, sintiendo una extrañasensación de vacío en su interior.-El corte de pelo significa el fin de una etapa. Ahora somos abogadosy eso supone tener que dejar algunas cosas en el camino.Susana sintió que algo se le encogía en el pecho, y supo que su intuiciónno iba descaminada.-Tú también estás muy guapa.-También me he disfrazado de abogada -dijo, y dirigió unasignificativa mirada a su hermana-. Bueno, Merche, hasta luego.-Hasta mañana -la corrigió Fran-. No nos esperes hasta la hora dedesayunar por lo menos.-No la traigas muy tarde, que mis padres llegarán para la graduaciónsobre las nueve y media o las diez. Y no quisiera tener que explicar porqué mi hermana no ha llegado a casa a esas horas.-No te preocupes, vendremos antes.Susana subió al Opel corsa ya tan familiar para ella, y mientras seajustaba el cinturón, Fran le preguntó:-¿Has traído el camisón?-Sí. Está en el bolso.-¿Te pasa algo? Te noto rara.-Será el no tener nada que hacer... O quizás el hecho de que ya elsueño de toda mi vida se ha cumplido. Supongo que tengo que adaptarmeal cambio.-Comprendo. A mí también me pasa algo parecido, es cuestión detiempo que lo asimilemos.-Sí, supongo.Fran colocó la mano sobre el muslo de Susana mientras conducía,como sabía que a ella le gustaba, y la acarició suavemente. Como siempre.-Pero los cambios a partir de mañana, ¿eh? Ahora no -añadió.Susana sonrió.-No, ahora no.Él tomó la salida de Sevilla en dirección a Tomares.-¿Dónde me llevas?-Nuestra primera vez fue algo muy bonito, pero tienes que reconocerque el sitio era un poco cutre. Hoy tenemos algo que celebrar.-¿Ah, sí? -preguntó ella esperanzada.-Pues claro. Somos abogados por fin.-Sí, por fin. Pero no me has dicho dónde vamos.-A un sitio bonito. Y esta vez vas a dejar que me gaste una pasta y teinvite a todo lo que yo quiera. ¿Verdad? No vas a protestar por nada.-Por nada.Fran cogió el camino que conducía al hotel Alcora y aparcó. Lacondujo hasta un comedor situado al fondo, con una pared acristaladadesde la que se divisaba un paisaje fantástico. Les llevaron hasta una mesasituada al borde mismo del mirador y encargaron la comida.Susana apartó de su mente todo lo que la había estado rondando ydisfrutó de la comida mirando a Fran, sentado frente a ella, con su nuevoaspecto.-¿Estás nervioso por lo de mañana? -le preguntó.-Un poco. Se supone que tenemos que decir unas palabras al recibir eltítulo, y eso nada tiene que ver con los ejercicios de retórica de clase.-Tú no tendrás problemas con eso, eres muy extrovertido. Para míserá un poco más difícil, pero si en el futuro tengo que hacer frente ajueces y jurados, tengo que acostumbrarme.-Lo harás de maravilla, como todo -añadió él-. Y luego mis padreshan organizado un almuerzo en mi casa y han invitado a amigos yclientes, todos relacionados con el mundo del derecho.-También yo me iré a comer a un sitio especial con mis padres,Merche e Isaac -admitió ella. Sintió una punzada de tristeza al recordarque Inma iba a celebrar su graduación con Raúl y su familia, mientras queella y Fran iban a hacerlo por separado. Pero desechó esos pensamientos.Ellos lo estaban celebrando esa noche.-¡Ojalá mis padres se hubieran contentado con algo tan sencillo yfamiliar! Pero han montado un circo del demonio. Y tengo que ir,supongo que se lo debo. Aunque solo sea porque me han pagado lacarrera.-Y porque son tus padres, Fran. Tienen que estar muy contentos de quehayas terminado al fin.Él sonrió escéptico.-Sí, ya tienen un abogado más en la familia para que continúe latradición. Otro Figueroa y Robles que añadir a la placa de la puerta.Susana guardó silencio ante la amargura de las palabras de Fran. Él serehízo en un minuto.-De lo último que quiero hablar ahora es de mis padres y de lacelebración de mañana. Esta noche es nuestra y no van a estropeármela.Raúl me ha llamado y me ha dicho que él y toda la panda van a estarmañana en la graduación, y quiere que nos hagamos unas fotos todosjuntos.-Será un bonito recuerdo.Continuaron comiendo y charlando animadamente, como si se tratasede un día más, de una más de las cenas que habían compartido durante lostres años y medio que había durado su relación.Susana esperaba que él dijera algo sobre el futuro, sobre lo que ellosdos iban a hacer a partir de ahora, en un sentido o en otro, pero él selimitaba a comer y charlar, del tiempo, de los amigos, de la comida y demil temas intrascendentes. Cuando terminaron el segundo plato, él pidió alcamarero que cargara la cuenta de la cena a los gastos de la habitación.-¿Y el postre? -preguntó Susana que jamás renunciaba a ellos-. ¿Telo quieres ahorrar? -bromeó.-El postre arriba, en la habitación -dijo Fran levantándose.-¿Tú eres el postre? -preguntó risueña.-Yo soy parte del postre.Recogieron las llaves en recepción y subieron hasta la segunda planta.La habitación era grande y estaba decorada con gusto, en tonos azules. AFran le encantaba el color azul. Una enorme cama de matrimonio ocupabauna buena parte del espacio. Sobre la almohada había una rosa roja.-Una cama grande... Nunca nos hemos acostado en una camagrande...-Y también tiene un jacuzzi en el cuarto de baño. ¿Recuerdas aquelprimer verano en mi casa, en la piscina? Te prometí que algún díavolveríamos a hacer el amor en una piscina. No ha podido ser, peroespero que esto lo compense. Quiero que esta noche sea algo querecuerdes siempre. Nuestra última noche de estudiantes.-¿Y mañana? -preguntó ella con voz ligeramente temblorosa.-Mañana será otro día, y otro mundo.Susana recorrió la habitación con la mirada y al fin sus ojos sedetuvieron en la mesa llena de bombones, caramelos y una tarta de natacon algo escrito:Romero y Figueroa.AbogadosPromoción 2002También había una botella de champán.-Dios mío, Fran... Una tarta y todo.-¡De nata! ¿Sabes qué significa eso?-No.-Pues que cuando te quite el camisón te la voy a untar de la cabeza alos pies y me la voy a comer toda.-Ni hablar.-¡Que no lo dudes!-Lo siento, pero no te voy a dejar usar toda la nata. Una parte me lareservo para hacer lo mismo contigo.-Bien, si es así... ¿Vas a ponerte el camisón mientras yo sirvo elchampán?-De acuerdo, no tardo.Susana entró en el baño y sacando el camisón del bolso, se desnudó.Cuando se lo puso y se miró al espejo, no pudo evitar recordarse ante otroespejo manchado de humedad, donde se había mirado hacía años, rogandoque a Fran le gustase lo que iba a ocurrir y que no se sintieradecepcionado. Ahora sabía que le iba a gustar. Sabía todo lo que legustaba, aunque lo de la nata no lo habían probado nunca.El camisón le quedaba un poco más estrecho que entonces, pero no senotaba demasiado.Cuando salió sabía lo que iba a encontrar. Igual que aquella noche, Franestaba sentado en el borde de la cama con unos calzoncillos muyparecidos a los que había llevado en El Bosque. Tenía dos copas dechampán en la mano.-Ven aquí -le dijo al verla.Se acercó, tomó una de las copas, y después de chocar ligeramente conla de él, ambos bebieron de un trago hasta la última gota del líquido.Después, Fran la agarró por la cintura y se dejó caer en la cama girando ala vez para colocarse encima. Y empezó a besarla sin pronunciar palabra,con un beso urgente y apasionado, como la besaba cuando volvía despuésde los veranos y llevaban mucho tiempo sin verse. Y Susana se olvidó detodos sus presentimientos y sus temores y respondió a su beso exigente y asus caricias.Tal como había prometido, él le quitó el camisón y hundió los dedos enla nata de la tarta y le untó los labios y los pechos y a continuación el restodel cuerpo y empezó a lamerla haciendo que Susana se estremeciera depies a cabeza.Después, cuando ya no quedaba ni rastro, le agarró las manos y se lassostuvo por encima de la cabeza, y le hizo el amor con fuerza,penetrándola en un solo movimiento, y Susana gritó ahogando un suspiroy se movió contra él con todas las fuerzas que le permitían sus caderas,hasta llegar a un orgasmo casi simultáneo, fuerte y salvaje. Susana creyóque él se detendría, pero no lo hizo; continuó moviéndose y ella sintió quelas sensaciones, en vez de disminuir, volvían a subir de intensidad,llegando a un nuevo orgasmo, y después a otro. Hasta que al fin se dejócaer, exhausta, con la cabeza echada hacia atrás, jadeante y agotada.-Fran... Fran, para por Dios, que no puedo más.Él se dejó caer sobre ella y hundió la cara en el cuello. Después setendió a su lado y se estiró cuan largo era.-Hummm esto de tener una cama enorme es un gustazo, ¿verdad?-Sí.-Ven aquí -dijo girándose y apretándola con fuerza-. Te ha gustado,¿eh?-¿Tienes dudas?-Ninguna. Esto de la nata es un invento. Si ya estás buenahabitualmente, con nata no te digo...Susana se echó a reír.-Me lo estás pintando tan bien que ahora tendré que probarte yo a ti.-Yo me dejo.-Primero tengo que recobrar el aliento. Todavía casi no puedorespirar. Y además estoy toda pegajosa.-Ahí dentro hay un jacuzzi muy hermoso para darnos un remojón, site apetece.-Creo que sí me apetece.Desnuda, saltó de la cama y entró en el cuarto de baño para abrir losgrifos. Fran la siguió.-Esto tardará un rato en llenarse. Mientras podrías ir tomando un pocode «Fran con nata...».-Es toda una idea -dijo saliendo y volviendo con las manos llenas denata, que empezó a restregar por todo el cuerpo de él.Después, cuando el jacuzzi estuvo lleno, entraron en el agua y sededicaron a enjabonarse uno al otro con las manos.Permanecieron en el agua mucho rato, hasta que esta se enfrió,besándose y acariciándose de nuevo. Después se secaron mutuamente,envueltos en los esponjosos albornoces del hotel, y salieron de nuevo a lahabitación.-Creo que es la hora de más brindis. Y del postre real. Aún no hemosprobado la tarta... solo la nata.-Sí, pero antes quiero hablar contigo -dijo él tomándola de la manoy tendiéndola en la cama, a su lado. Se giró para mirarla, pero Susana, alescuchar la voz grave de él, no fue capaz de enfrentare a sus ojos, y clavóla vista en la lámpara que colgaba del techo.-¿No quieres mirarme?-No es que no quiera... Es que te has puesto tan serio...-Lo que tengo que decirte es muy serio. Afecta a nuestro futuro.Susana sintió que se le encogía el estómago y las rodillas empezaron atemblarle.-Quizás tú ya adivinas de qué se trata.-Es posible.-Sabes que una etapa de nuestra vida se acaba...-Sí, claro que lo sé.-Y que nuestra relación no puede seguir como hasta ahora.Ella guardó silencio.-En realidad te he traído aquí como una especie de despedidaapoteósica y triunfal para lo que hemos sido el uno para el otro durantetres años y medio.-Sí, imaginaba algo así.-Hasta ahora hemos podido ser nosotros mismos, metidos en unaburbuja formada por la carrera, la facultad, los amigos... Hemosmantenido nuestra relación al margen de todo lo demás: de la familia, deconvencionalismos... solo tú y yo, y lo que sentimos el uno por el otro.Quiero que sepas que han sido unos años muy felices, y sé que este tipo defelicidad no se repetirá nunca más. Quizás habrá otra, de otro tipo, peroesta no.Susana apartó la mirada tratando de mantener la calma y la serenidad.Ella sabía todo aquello, se lo llevaba repitiendo durante tres años y medio,y creía estar preparada, pero oírlo de su boca dolía mucho. Aun así,respondió.-Sí, Fran, lo sé. Mañana todo será diferente y los dos tendremos queenfrentarnos a cosas nuevas y desconocidas.-Tendremos que ganarnos la vida, y que contar con los demás. Ytenemos que tener muy claro lo que queremos para el futuro -siguió él-. La burbuja maravillosa ha estallado por fin, y debemos decidir quévamos a hacer de ahora en adelante. Es el momento de tomar decisiones.Susana sentía la mirada Fran clavada en ella, mientras mantenía la suyafija en la lámpara, incapaz de hablar.-¿No dices nada?-Tú lo estás diciendo todo, Fran. Yo pienso igual que tú, aunque nopuedo evitar sentir un poco de pena por todo lo que dejamos atrás.-¿Y crees que yo no? -Le agarró la mano y la apretó con suavidad-.Pero otra etapa nueva y maravillosa se abre ante nosotros, aunque no seajuste exactamente a nuestros sueños.Susana sintió que el mundo se derrumbaba a su alrededor, pero aguantóel tipo.-¿Puedo preguntarte cuáles son tus planes para el futuro? -siguiópreguntando Fran.-¿Mis planes...? Trabajar. Ya se acabó la beca y no puedo seguirviviendo de mis padres. Tengo veinticuatro años y es hora de que me ganeel pan. Y tú también, aunque los tuyos tengan mucha pasta.-Eso por supuesto. No pienso seguir viviendo de mi padre ni un díamás.-Tengo una oferta de trabajo -dijo ella.-¿Ya? -preguntó Fran, frunciendo el ceño.-De Bonet y Rius.-¿De Bonet y Rius? Pero eso está...-En Barcelona. Recibí una carta hace un par de días. Me ofrecen dosmil euros al mes más porcentaje, incorporación inmediata y alojamientogratis en un hotel durante un mes, mientras encuentro piso.-¿Y vas a aceptarla?«Dímelo tú», iba a decir. Pero se lo pensó mejor.-No lo sé. Es la única oferta que tengo. No es que me vuelva loca porirme a Barcelona, pero... si tuviera otra oferta, aquí en Sevilla, o máscerca al menos, jamás me iría. Aunque ganase mucho menos. El dinero nome importa, puedo vivir con poco.Fran permaneció pensativo, sin hablar, durante unos larguísimosminutos que a Susana se le hicieron interminables. Luego, haciendo unesfuerzo, dijo:-Pero no sería justo, has trabajado mucho para eso. No debes perderuna oportunidad como esta, Susana. Quizás nunca se te presente otra. Temereces triunfar -le escuchó decir con voz extraña y ronca.Susana guardó silencio. No era eso lo que quería oírle decir, sino que lepidiera que se quedara. Que la animara a buscar un trabajo en Sevilla,cerca de él.-Barcelona no está tan lejos -añadió, al ver la cara impasible de ella-. Una noche en tren, un par de horas en avión. Seguiremos en contacto.-No, Fran, sabes que eso no es cierto. Quizás al principio nosllamemos con frecuencia, y nos veamos de vez en cuando, pero poco apoco el trabajo nos lo impedirá, el vivir en mundos diferentes nos haráalejarnos cada vez más. No quiero estar en Barcelona, esperando unallamada que quizás un día no se producirá, y preguntándome mil veces elporqué. O que sea al revés. No, tienes razón, la burbuja ha estallado y nadala reparará. Y lo nuestro no podrá sobrevivir fuera de ella. Si tenemos queseparar nuestros caminos, prefiero que sea aquí y ahora. Cuando todavíasomos felices y nos queremos. Que esta noche sea lo último que recuerdede ti. Yo también he sido muy feliz contigo estos años, y sé que nunca teolvidaré. Quiero recordarte como algo hermoso, antes de que la distancialo estropee. Nos despediremos hoy al amanecer, y yo me marcharé por lanoche a Ayamonte con mis padres, a descansar un poco antes de irme aBarcelona. Y tú te irás pasado mañana a Londres como está previsto.Como todos los veranos, solo que esta vez no me llamarás, ni habrá unregreso. Cuando vuelvas, yo ya estaré en Barcelona y habré salido de tuvida... Quizás un día nos encontremos en un juzgado, y nos tomemos uncafé juntos para recordar los viejos tiempos.-De acuerdo -dijo Fran con la voz velada. Se volvió hacia ella y laabrazó con fuerza-. Pero aún no ha amanecido... Hagamos el amor unavez más... Una más... -añadió con voz ahogada.Susana se mordió los labios para no llorar y se aferró a su espalda conla desesperación de saber que sería la última vez.Hicieron el amor lentamente, alargando los minutos, sintiendo cadasegundo, cada movimiento, hasta que al final, incapaces de contenerse, semovieron frenéticos uno contra otro, besándose como locos,mordiéndose los labios, clavándose las uñas en la espalda.Cuando todo hubo terminado, Fran se desplomó sobre ella, y hundió lacara en su cuello, con un gemido ahogado, apretando los labios contra élpara reprimir un sollozo. Susana levantó la mano, y se enjugódiscretamente una lágrima que le rodaba por la cara y que no había sidocapaz de controlar. Después, permanecieron quietos, incapaces de hablardurante mucho rato.Fran se separó y se tendió a su lado, estrechándola con fuerza contra sucostado, y cerró los ojos, fingiendo dormir. Susana le imitó, ypermanecieron callados y quietos, los dos sabiendo que el otro no dormía,hasta que una débil luz blanquecina empezó a asomar por la ventana.-Creo que es hora de irnos -dijo Fran, soltándola-. No quiero quetengas problemas con tus padres, si llegamos tarde.-Sí, es mejor marcharnos ya.Se vistieron en silencio y salieron del hotel cogidos de la mano.Subieron al coche, y mucho antes de lo que Susana hubiera querido,llegaron a su puerta.Susana alargó la mano para abrir la portezuela de Opel Corsa, incapazde hablarle, incapaz hasta de mirarlo, tratando de aguantar el tipo. Se habíaestado prometiendo durante todo el trayecto que no iba a llorar, pero si lemiraba no estaba segura de conseguirlo. Pero Fran no la dejó irse sin más.La agarró por el brazo y le susurró:-Susana, si alguna vez me necesitas, no importa lo lejos que estés, ni eltiempo que haya pasado... prométeme que me llamarás.-Por supuesto -admitió ella sabiendo que no era verdad.Sin soltarla, él alargó la otra mano y le acarició la cara con la yema delos dedos, como si quisiera grabarla para siempre en su memoria.-Cuídate, ¿eh? En Barcelona hace frío. Cómprate una bufanda y unosguantes.Ella sonrió ante la salida, y con los ojos húmedos, le susurró:-Hasta siempre Fran. Gracias por estos años.Él inclinó la cabeza hacia ella para besarla por última vez, pero Susanase apartó, consciente de que si lo hacía, iba a agarrarse a él con todas susfuerzas y a suplicarle que no la dejara. Sus ojos se encontraron.-No, por favor... no.Él se apartó y le soltó el brazo al fin. Susana bajó del coche mientrassusurraba en voz apenas audible ni siquiera para ella misma.-Vuelve a tu mundo, amor mío.Fran permaneció, como solía hacer, mirándola mientras entraba en elportal y se perdía en el interior, pero esta vez con la mirada empañada porun velo de lágrimas, que al fin podía dejar escapar, y un montón de planesy propuestas para el futuro que ni siquiera había llegado a pronunciar.Después de la oferta que ella le había contado, ¿cómo iba a hablarle depedir un préstamo y abrir un bufete juntos en un pueblo, donde lainfluencia de su padre no pudiera afectarles? ¿Cómo iba a pedirle quecompartiera con él una vida llena de privaciones y dificultades, con unossuegros que habían amenazado con joderle la vida profesional ycondenarla a trabajar el resto de sus días en casos de poca monta y menosdinero, después de los esfuerzos que le había costado hacer la carrera conuna beca? Si se iba a Barcelona, llegaría muy alto. Era muy buena, muchomejor abogado que él, y en el bufete de Bonet y Rius no eran tontos.Aunque sabía que Joan Rius había estudiado con su padre y la oferta teníatodo el sello de que Francisco Figueroa estaba detrás, los catalanes noeran tontos y la promocionarían, conscientes de su brillantez. Pronto seríauna de las mejores abogadas del país, estaba seguro. ¿Cómo coño se lehabía ocurrido enterrar su talento en un pueblo perdido, por mucho que laquisiera?Arrancó el coche, con la amargura de sentir que sus sueños de la tardeanterior de un futuro juntos, se habían evaporado como el humo, y en sulugar solo le quedaba la desesperación de saber que la había perdidoCon una fría determinación, arrancó el coche y regresó a su casa.Cuando subía a su habitación, la de sus padres se abrió y su madre lesalió al encuentro en bata.-¿Dónde has estado? ¿Tienes idea de la hora que es? ¿Ni siquiera unanoche como esta puedes llegar a casa a una hora decente? ¡Y vaya una caraque traes! ¿Cómo vas a ir así a la ceremonia? Espero al menos, que novendrás borracho...Fran ignoró todas sus palabras y le preguntó señalando la puerta deldormitorio.-¿Está despierto?-Pues claro que lo está. Ninguno de los dos hemos podido pegar ojopensando en que quizá no aparecerías a tiempo.Fran entró en el dormitorio seguido de Magdalena. Su padre estaba enla cama, recostado contra las almohadas con un libro entre las manos.Clavó en él unos ojos fríos y acusadores.-Enhorabuena. Has ganado. Me descubro ante ti, abogado Figueroa -dijo con voz helada, tratando de no olvidar que aquel hombre era supadre, y controlando los deseos de dirigirse hacia él y machacarle la caraa puñetazos.-¿De qué hablas? -preguntó el hombre cerrando el libro y sentándoseen la cama.-Bonet y Rius... Una de las jugadas más sucias de toda tu carrera. Nome extraña que seas tan rico, si te comportas de una forma tan rastrera enlos tribunales.-Fran, no le hables así a tu padre -dijo Magdalena agarrándole por elbrazo con brusquedad. Él se sacudió con fuerza, soltándose, y la miró porencima del hombro.-¡Cállate! Esto es entre él y yo.Francisco Figueroa clavó en su hijo una mirada asombrada, como si leviera por primera vez. Fran siguió hablando con un profundo dolor en suvoz.-Por Dios, que no quisiera ser tu enemigo, si eres capaz de hacerleesto a tu propio hijo.-¿Qué te ha hecho, si puede saberse? -siguió diciendo su madre. Franla ignoró y continuó hablando a su padre, con una mirada dura y fría desus ojos pardos.-Has ganado, he cortado con Susana. Y la he animado a aceptar esetrabajo que le has conseguido en Bonet y Rius. -Hizo una pausa, tratandode controlar sus emociones, y continuó con voz alterada-. Anoche iba apedirle que se casara conmigo. Incluso había comprado unos anillos... Ibaa desafiarte, a pasar de tu bufete en vista de que no aceptabas mi relacióncon Susana, y a utilizar la casa del pueblo que me dejó la abuela para abrirun pequeño bufete en algún lugar pequeño y alejado, lejos de tuinfluencia... y empezar juntos. -La voz se le ahogó, pero se rehízo conun esfuerzo-. Pero no contaba con tu astucia. La jugada de ofrecerle eseempleo impresionante en Bonet y Rius ha sido magistral. A nadie queacaba de terminar la carrera se le presenta una oportunidad así. No he sidocapaz de pedirle que renunciara a eso.-No hubiera renunciado -dijo Magdalena-. No para irse contigo amorirse de hambre en un pueblo.-Sí que lo hubiera hecho, solo estaba esperando una palabra mía pararenunciar, pero yo no la he pronunciado. He sido tan cabrón que no la hepronunciado. No he sido capaz de condenarla a seguir pasandoprivaciones y a enterrar su talento y su carrera en un trabajo aburrido ytedioso. Ha sido una jugada magistral, abogado. Me conoces bien, hijo deputa... Nunca te lo perdonaré.Su madre se interpuso de nuevo entre los dos, diciéndole furiosa:-¡Fran...! ¡Vuelvo a repetirte que no le hables así a tu padre! Él no hahecho nada más que protegerte de una...Esta vez Fran se dirigió hacia ella con los ojos inyectados de una cóleratal, que Magdalena se asustó.-¡Cállate! No lo digas. No digas una palabra sobre ella o no respondo.Ella no le hizo caso y continuó.-Esa mujer solo busca tu dinero, tu apellido... No es nadie, por muchoque tú digas que es una estudiante brillante. Sabe que no llegará lejos ellasola, que necesita tu influencia.-Cállate, mamá. No puedes entenderlo. Tú necesitas dinero einfluencia, tú has vivido toda tu vida a la sombra del apellido de tu padre yde tu marido. Esos son los puntales de tu vida. Eres incapaz de querer, nisiquiera tienes sentimientos maternales, algo que toda mujer posee porinstinto... No puedes, no podéis entender lo que hay entre Susana y yo. Yono he sabido lo que es ser querido de verdad hasta que la conocí... No teatrevas a hablar de ella porque olvidaré que eres una mujer y que eres mimadre. No quiero faltarte al respeto, pero si tú se lo faltas a Susana, te juroque saldré por esa puerta y me iré con ella... y al diablo todo lo demás.No volverás a verme.-Vete, Magdalena, sal... -dijo su marido-. El chico tiene razón, esoes entre él y yo.Fran intervino.-No, quiero que se quede, pero que esté callada. Quiero que sepa cómoestán las cosas. -Apretó los puños con fuerza, y siguió dirigiéndose a supadre-. Como te dije antes, has ganado. Ya tienes tu maldita tercerageneración de abogados Figueroa. Puedes añadir mi nombre a tu placa.Pero no trabajaré para ti. Nunca más me dirás lo que tengo que hacer, nicómo. Nunca más planearás nada para mí. A partir de ahora mi vida mepertenece. Y mi tiempo, mis amistades... todo. Quiero mi propio despachoy mis propios casos, y los llevaré a mi manera, tú no intervendrás en ellos.Y me pagarás lo suficiente para poder independizarme, hasta que me hagaun nombre y pueda decidir mis propios honorarios. Asistiré a tu malditacomida de graduación y seré amable y encantador con todos tus amigosabogados y clientes, y admitiré, aunque no lo sienta, que eres un padrecojonudo y que estoy orgulloso de ti, tal como todos esperan. Y siemprelo haré así delante de todo el mundo. Os daré apariencia, ya que tanimportante es para vosotros. A cambio, quiero que dejes en paz aSusana... que le permitas progresar en el mundo del Derecho, y que nuncale pongas trabas... Ha trabajado muy duro toda su vida para llegar adonde está y no permitiré que destroces todos sus sueños, ni todos estosaños de esfuerzo. Estas son mis condiciones. Las tomas o las dejas. Si noaceptas, asistiré a la ceremonia de graduación, pasaré de tu maldita fiesta yrecogeré mis cosas y me largaré donde nunca puedas encontrarme, y tejuro que nunca habrá una tercera generación de abogados Figueroa,aunque tenga que dedicarme a vender libros.-Hijo, eres duro con nosotros... Lo hicimos por tu bien.-He tenido un buen maestro. Lo tomas o lo dejas -añadió cortante.-De acuerdo, acepto tus condiciones.-Bien. Nunca volveremos a hablar de esto. Pero si tengo la másmínima sospecha de que has hecho algo contra Susana...-Te doy mi palabra... y mi palabra... -Fran sonrió irónico.-Sí, lo sé. Eres un hombre de palabra, aunque a mí me hubiera gustadotener un padre con menos palabra y más amor.Se dio la vuelta y añadió mientras salía de la habitación.-Voy a dormir un par de horas, me espera un día muy duro. -Sevolvió hacia su madre-. Dile a Manoli que me llame a las diez.-No te dará tiempo a darte una ducha, la ceremonia es a las doce, perotienes que estar a las once y media en la Facultad.-Ya me he duchado -dijo cortante.-¿Dónde?-No te importa. Nada de lo que haga a partir de ahora, te importa.Salió de la habitación. Su padre le miró con aspecto abatido, peroMagdalena se sentó en el borde de la cama y le dijo:-Ya se le pasará. Solo está ofuscado. Ya sabes cuánto le molesta nosalirse con la suya.-Eso espero.-¡Bah, solo está encoñado con esa niñata! En cuanto la tenga lejos y sevea libre e independiente y con dinero, estará en la gloria. La olvidará endos días, y estoy segura de que al final nos lo agradecerá.-¡Ojalá!Susana entró en el piso y Merche le salió al encuentro. La cara llena delágrimas de su hermana le dijo lo que iba a preguntar. Sin decir palabra, laabrazó y la acunó como cuando era pequeña. Pero Susana ya no erapequeña y siempre había sabido superar el dolor. Tras unos brevesinstantes de fuertes sollozos, se recobró lo suficiente para contarle aMerche lo ocurrido y para estar serena cuando llegaran sus padres. Paraellos ese día era importante y especial, y también para ella, aunque sucorazón estuviera hecho pedazos.Se tomó la tila que su hermana le preparó, escribió la carta aceptando elempleo de Bonet y Rius, y cuando sus padres llegaron, les recibiósonriente y animosa, preparada para su día especial.Había decidido que después, aquella tarde, se marcharía con ellos a laplaya para descansar, y sobre todo para no tener cerca la tentación dellamar a Fran y verle por última vez.

¿SOLO AMIGOS?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora