Capítulo 21

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Sevilla. Septiembre, 1999

Susana se estaba arreglando para asistir al primer botellón del curso.Oficialmente este no empezaría hasta el lunes, pero ya aquel sábadodiecisiete de septiembre, todos estarían en Sevilla y habían quedado parasalir.Fran había regresado de Cantabria el treinta y uno de agosto, cargadootra vez de regalos para ella. También Susana, con el dinero que habíaganado en la pizzería, le había comprado una camiseta y un llavero con unjuego de ingenio.Durante todo el mes que él había estado en Cantabria se habían llamado,y el dos de septiembre se había presentado en Ayamonte para pasar el díacon ella. Y desde entonces se las habían apañado para verse con ciertaregularidad. A veces Fran se escapaba hasta la playa y otras veces era ellaquien volvía a Sevilla con la excusa de la matrícula y los trámites para elnuevo curso, y pasaban un día y una noche juntos.En una ocasión habían salido con Inma, que era la única que estaba en laciudad. Susana había vuelto definitivamente el día quince para instalarse ypreparar todo lo necesario.Desde el cuarto de baño escuchó el timbre de la puerta y supo que Franya había llegado a recogerla. Los dos días que ella llevaba en Sevillahabían pasado prácticamente todo el tiempo juntos, ambos teníannecesidad de la compañía del otro después de la separación del verano.Terminó de peinarse y se miró al espejo. Se veía fresca y arreglada,aunque eso no duraría mucho. El calor aún apretaba y los efectos de laducha no eran muy duraderos. Con la falda y la camiseta de tirantes sentíamenos calor que con pantalones, pero aun así ella había acusado mucho ladiferencia de temperatura que había entre Ayamonte y Sevilla.Cuando salió del cuarto de baño, Fran y Merche estaban poniendo lamesa, sobre la que descansaban un par de pizzas.Susana se acercó a él, le besó y dijo señalando la mesa.-¿Y eso?-Me he autoinvitado a comer -dijo él.-Y ha traído la cena, así que de autoinvitarse, nada -añadió Merche.-Hace mucho calor para que os metáis en la cocina -dijo Fran.Susana había aprendido a aceptar ese tipo de gestos de Fran. Alprincipio, su orgullo le impedía hacerlo, pero poco a poco él le habíahecho comprender que disfrutaba enormemente invitándola a comer, alcine y a todas las cosas que ella no se podía permitir. A cambio ella leinvitaba a comer en su casa siempre que podía, aunque Fran nunca sepresentaba sin la bebida, o el postre, o en ocasiones como aquella noche,con la totalidad de la comida. Y por mucho que ambas hermanasprotestaran, él pasaba de ellas y continuaba haciéndolo.Se sentaron a comer.-¿Cuándo va a aflojar este calor? -preguntó Susana sirviéndose untrozo de pizza.-Ya pronto, supongo. No es normal a estas alturas de septiembre -añadió Fran.-Tengo muchas ganas de empezar, de ver a todo el mundo...-Yo también. No es que me muera de ganas de estudiar como un loco,pero sí por tener a mi profe particular disponible todos los días -dijoguiñándole un ojo.-Tenemos que hacer un plan de trabajo, y las horas de estudio sonsagradas. No creas que nos las vamos a saltar cada vez que tengas ganasde echar un «quiqui».Él soltó una carcajada.-¡Ah... Que yo tenga ganas...! ¿Y tú qué? Porque si no recuerdo mal,tú no te quedas atrás, cariño.Susana se echó a reír también. Fran tenía razón. Después de veintiúnaños sin sexo se había sorprendido al descubrir una pasión y unasexualidad que incluso a ella misma la había impresionado. No podíapasar mucho tiempo cerca de Fran sin querer tocarle, besarle y casisiempre acababan en la cama después, y cuando no disponían del piso paraellos, en el asiento trasero del coche en algún lugar apartado.-Bueno, pero eso es en vacaciones. A partir de ahora las horas deestudio son las horas de estudio.-Tú mandas.-Y otra cosa. Este año no voy a cobrarte por las clases.-¿Cómo que no? Una cosa no tiene nada que ver con la otra.-Si tú vas a continuar invitándome a comer, al cine y a todo, yo teinvitaré a las clases. Es lo justo. Si no, no conseguirás llevarme a ningúnsitio que yo no pueda pagar.Fran vio en los ojos de Susana una determinación que conocía bien ysupo que no iba a conseguir hacerla cambiar de opinión.-De acuerdo. Ya encontraré alguna forma de pagarte que no sea condinero -dijo haciendo un gesto picaresco con las cejas.-Eso no te lo rechazaré -dijo ella terminando el último trozo depizza, ante la mirada de Merche que asistía divertida a la conversación-.Y será mejor que nos marchemos ya o llegaremos tarde y tengo ganas dever a todo el mundo.-Raúl me llamó esta mañana a casa, pero yo no estaba. Supongo queme llamaría también al móvil, pero ya sabes que lo tenía apagado.Susana sonrió al recordar la mañana que habían pasado juntos mientrasMerche estaba en el trabajo. Los dos habían apagado los móvilesintuyendo que todos empezarían a llamarles para quedar para la noche.Fran la había sorprendido al presentarse a las nueve y media, cuandoMerche se había marchado al trabajo, con un papelón de churros reciénhechos para desayunar. Y después se habían ido a la cama todavía desechay ella había olvidado todos los planes que tenía para aquella mañana. Nohabía ido a comprar los zapatos que necesitaba, ni tampoco alsupermercado para llenar la despensa antes de empezar las clases. Tendríaque ir el lunes después de salir.-Nos vamos, Merche -dijo despidiéndose de su hermana.-¿A qué hora vas a volver?-No sé. Tarde, supongo. ¿Por qué?-Isaac trabaja hasta las nueve y va a venir después de cenar.-¿Quieres que te demos un toque antes de salir para acá?-Eso estaría muy bien. Así nos dará tiempo para estar presentablescuando lleguéis -dijo Merche sonriente.-Bien. Hasta luego, entonces. Que os divirtáis.-Tú también.Salieron y subieron al coche.Cuando llegaron a La Alameda, ya estaban allí Carlos, Maika, Lucía,Inma y Miguel. Se abrazaron todos con fuerza y se preguntaron por lasvacaciones.-¿Cómo ha ido el verano?-De maravilla -dijo Lucía-. Mi novio ha estado trabajando de formatemporal en una empresa donde hacía prácticas, y es posible que dentro deunos meses vuelvan a llamarlo y le hagan un contrato fijo.-Eso es estupendo.-¡Y tanto!-¿Y tú, Carlos?-Pues yo, como me han quedado tres, me he hartado de estudiar y solome he podido divertir los fines de semana.-Pues este año te aplicas el cuento y estudia en invierno -dijo Fran-.Yo no he cogido un libro en todo el verano.-Es que tú tienes ayuda, cabrón.-Si queréis, yo no tengo inconveniente en formar un grupo de estudiosy echar una mano a todos -dijo Susana-. Podemos quedar en el aula decultura una o dos tardes por semana.-¿En serio? ¿Tu mente no es de la propiedad exclusiva de Fran?-Claro que no. Yo me conformo con que me dé en exclusiva otrascosas -dijo este.-¿Y Raúl dónde anda? -preguntó Miguel-. ¿No viene?-Sí que viene. Yo he hablado con él esta tarde.-Se ha pasado tres meses en Marbella. Nadie le ha visto el pelo en todoel verano.-Yo sí -dijo Inma.Las tres amigas le miraron.-¿Ah, sí?-Sí. Vino a Sevilla con su padre a una revisión médica o algo así, ycomo estaba aburrido me llamó. Fuimos al cine.Marka abrió mucho los ojos. No podía creer que Inma hubiera ido conRaúl al cine.-¿Los dos solos?-Sí, los dos solos. Hubiera preferido que vinierais con nosotros, peroestabais desperdigados por toda España.-¿Y qué?-¿Cómo y qué? Fuimos al cine.-Eso ya lo has dicho.-Se ha cortado el pelo.-No me refiero a eso. ¿Qué pasó en el cine?-Pues nada, ¿qué iba a pasar? Eso sí, tuve que pararle la manita tonta,pero lo aceptó y después se comportó.-De modo que vino a verte.-No vino a verme. Ya te he dicho que acompañó a su padre a unarevisión médica. Y me llamó a mí porque no había nadie más en Sevilla.Si lo hubiera habido ni se habría acordado de que existo.-Mira, hablando del rey de Roma.Raúl se acercaba hacia el grupo a grandes zancadas. Fran y él se dieronla mano.-¿Qué tal, tío? Estás estupendo. ¡Cómo se nota que no has dado un paloal agua en todo el verano!-¿Y tú? ¿Has aprobado en septiembre?-Dos de las tres.-No está mal.-¿Cómo que no está mal? Mi viejo está encantado. Si lo comparas conel año pasado...Siguió saludando a todos los demás. Le dio un fuerte abrazo a Maika, aLucía y a Susana.-¿Puedo, no? -dijo preguntándole a Fran-. Ya quedó claro que noiba por mí. No me partirás los morros otra vez...-Claro que no. Se acabaron los celos.Continuó estrechando las manos a Carlos y a Miguel. Inma estaba en unextremo y se acercó a ella en último lugar.-¿Y a ti? ¿Puedo darte un abrazo como a las demás, o debo limitarmea estrecharte la mano para que no te ofendas?Inma sonrió clavando en él una mirada divertida.-¡No seas capullo, Raúl! ¿Por qué no ibas a darme un abrazo como alas demás?Él la abrazó con fuerza, pero la retuvo un poco más tiempo que al resto.Inma no protestó. Estaba contenta de que empezara el curso, aunque ellosignificara tener que estar en guardia con Raúl en todas las salidas.Aunque quizás a él se le hubiera pasado el encaprichamiento que tenía conella y la dejara en paz. Aunque tuviera que prepararse por volver a vercómo Raúl empezaba a tontear con otras. Y quizás algo más que tontear.Se había sentido muy sola durante todo el verano y tenía que reconocerque había pensado mucho en la noche que había salido con Raúl enAgosto. Quizá porque había sido la única distracción del verano.-Bueno... -dijo Raúl una vez hubo terminado los saludos-. ¿Quiénempieza a poner copas? Hay que brindar por el nuevo curso. ¡Tercero!Carlos repartió bebidas y todos brindaron. Después se acomodaronalrededor de su banco habitual. Fran se sentó con Susana sobre las rodillasy Raúl se acercó a Inma y se sentó a su lado, en un extremo del banco.-He visto en las listas que has aprobado -le dijo.-Sí. Paso limpia. Y te aseguro que este año voy a intentar por todos losmedios aprobar en junio. Si lo consigo me iré de Interrail.-¿Sola?-Más vale sola que mal acompañada. Aunque a lo mejor convenzo aalguno de estos para que se venga conmigo.-Yo me dejaría convencer fácilmente.-No me refería a ti precisamente. Pero primero tengo que aprobar.Susana se ha ofrecido a echarnos una mano.-O sea que nos va a volver empollones a todos.-¡No seas ganso! A mí me encantaría que me llamaran tambiénempollona y poder sacar unas notas como las suyas.Inma se había puesto un vestido rojo, corto y con un generoso escote.Raúl le echó un vistazo descarado a los pechos y le preguntó:-Estás muy guapa esta noche. ¿Te has vestido así para seducir aalguien?-Para burlar al calor, diría yo.-La noche que salimos juntos hacía aún más calor y te tapaste comouna monja.-Si me hubiera puesto este vestido aquella noche me habrías saltadoencima apenas se hubieran apagado las luces del cine. Casi lo hicistevestida de monja.-No fue par tanto, mujer. Entonces, no te has puesto tan guapa paranadie.-Para nadie.Inma vio que el pelo le había crecido un poco desde la última vez que levio, pero aún seguía corto.-Y tú, ¿vas a dejarte crecer el pelo otra vez?-No sé. ¿Cómo lo prefieres?Ella se echó a reír divertida.-¿Yo? Raúl, a mí me importa un bledo cómo lleves el pelo.-No te lo tomes así. Yo solo te estoy preguntando tu opinión.-Mi opinión ya te la dije una vez. Con el pelo largo pareces un chicomalo. Y así digamos que estás más interesante, más maduro.-Eso de maduro suena fatal. Solo tengo veintidós años.-De la otra forma aparentas diecisiete.-Ya comprendo. Y a ti en particular, ¿qué aspecto te gusta más?-Por mí, puedes afeitarte la cabeza o ponerte un casco.-Bien, veo que no quieres colaborar. Entonces creo que probaré allevarlo corto una temporada. A ver cómo se me da. Siempre puedodejarlo crecer si no me convence.-Si lo que te preocupa es ligar menos, no temas. No te faltaránmujeres. Tu fama no tiene nada que ver con tu pelo.-¿Qué fama?-Vamos, no te hagas el tonto conmigo. No irás a decirme que no sabeslo que se dice de ti en la facultad. Te has acostado con la mitad de las tíasde segundo y una buena parte de las de primero y las mujeres tambiénpresumen cuando se llevan a la cama un tío bueno y que folla bien. Eresuna leyenda.-No es para tanto. No creo que haga nada que no hagan otros.-Tú sabrás. Yo solo te digo lo que he oído.-¿Y no te gustaría comprobarlo?-Por supuesto que no. Todas las leyendas tienen los pies de barro, ymás tarde o más temprano se dan el batacazo. No quiero estar cercacuando ocurra. Y tampoco pienso engrosar la lista de las gilipollas quepresumen de haber echado el polvo de su vida contigo.-¿Por orgullo?Inma sonrió y soltó una carcajada que le sonó extraña.-¡Qué más quisieras tú! Porque no me interesa. He echado muy buenospolvos sin ti.-Pero a lo mejor no son el de tu vida. A lo mejor para ese, sí menecesitas a mí.-Dudo que yo eche el polvo de mi vida con un tío superficial yguaperas como tú. Para eso necesito un hombre, Raúl, y tú no lo eres.-Eres muy dura conmigo. Pensé que después de nuestra salida delverano nuestra relación había cambiado.-¿Qué relación? Tú y yo no tenemos ninguna relación ni la tendremosjamás.-Me refería a nuestra amistad.-¡Ah, ya no quieres echarme un polvo, ahora quieres que seamosamigos! ¿En qué quedamos?-Bueno, si no podemos tener algo más, al menos somos amigos ¿no?-No. No lo somos.-¿Y qué somos entonces?-Compañeros de clase. Compañeros de botellones.-¿Y amigos no?-Para mí un amigo es algo más que un tío con el que tomo una copa ycompito en la bolera. Es alguien en quien puedo confiar y que sé queestará ahí haga yo lo que haga o piense lo que piense. Con quien puedocontar siempre que le necesite. Algo así como tú y Fran, y tienes quereconocer, Raúl, que yo no soy para ti igual que Fran. Ni tú para mí lomismo que Maika.-No, pero podrías llegar a serlo.-No me lo creo.-¿Y si te demuestro que sí? ¿Que puedo ser tu amigo, que puedesconfiar en mí y que puedes contar conmigo siempre?-Eso siempre se irá a la mierda en cuanto se te cruce un rollo pordelante; ya nos conocemos.-No es verdad, me estás juzgando mal. Si piensas eso de mí, es que nome conoces. Si puedo demostrarte todo eso, ¿dejarás de pensar que soy uncapullo y me considerarás tu amigo y no tu compañero de botellones?-Si consigues convencerme de todo eso, por supuesto que dejaré depensar que eres un capullo y te consideraré mi amigo. Pero no creo que lologres.-Ya verás como sí -dijo Raúl en tono serio, y ella empezó a pensarque estaba convencido de lo que decía. Tratando de quitar solemnidad almomento, Inma preguntó en tono burlón:-¿Y se puede saber qué piensas hacer para conseguirlo?-Para empezar, te llevaré a casa esta noche.-Tendrás que desviarte bastante de tu camino.-No importa.-Y no voy a invitarte a entrar.-Ya lo sé.Inma levantó la ceja irónica.-¿Estás dispuesto a darte un pateo del carajo de madrugada, a cambiode nada?-A cambio de tu amistad.-Ya... -dijo escéptica.-¿No te lo crees?Ella sonrió y le revolvió el pelo, dejándole el flequillo de punta.-Te conozco, Raúl. No durará. Te cansarás de este juego antes de unmes, cuando comprendas que no vas a lograr llevarme a la cama deninguna forma.-Ya lo veremos. Y ya te he dicho que no quiero llevarte a la cama, soloser tu amigo.-¡Eh, vosotros dos! -Dijo Carlos ofreciéndole a Inma la botella-.¿Qué tramáis hablando ahí tan bajito? ¿No queréis otra copa?-Solo Coca-Cola para mí. Ya he tomado mi copa de esta noche.-También para mí -dijo Raúl.Inma reprimió una sonrisa. Carlos frunció el ceño y preguntó a suamigo:-¿Coca-Cola? ¿Sin ron, ni whisky ni nada? ¿Tienes diarrea o algo?-Tiene diarrea mental, diría yo -dijo Inma riéndose.-Ya veremos.Durante toda la noche, Raúl permaneció junto a Inma y solo se tomóotro cubata más y no muy cargado. Después, a la hora de despedirse, secolocó a su lado y sin decir palabra empezó a caminar junto a ella, paracruzar La Alameda y entrar por la calle Calatrava, en dirección aBarqueta.-No seas tonto, Raúl. Cogeré un taxi con Maika y Lucía o le pediré aFran que me deje en casa antes de llevar a Susana. Además, estoy muycerca.-He dicho que te acompañaría. Además, quiero hacerlo.-¿Por qué? ¿Por qué estás dispuesto a hacer tantos sacrificios paracaerme bien? Hay un montón de tías a las que les caes de puta madre talcomo eres.-Porque tú me gustas.-Eso no es verdad. Solo quieres liarte conmigo y no aceptas que yo terechace. Pero vuelvo a reiterarte, antes de que te metas en esto, que no vasa conseguirlo. No voy a liarme contigo, hagas lo que hagas. Ya puedes serSan Raúl de Asís, lo más que puedes llegar a ser es mi amigo.-Perfecto.-Luego no digas que no te advertí.La calle Calatrava llegaba a su fin, acercándose a Barqueta. La cancelanegra de la puerta de Inma apareció ante ellos. Ella sacó la llave del bolsoy se volvió hacia él, desafiante, quizás esperando que desmintiera suspalabras de un rato antes y le pidiera que le invitase a entrar. Pero Raúl nolo hizo. Se limitó a inclinar la cabeza y darle las buenas noches.-Buenas noches.-Buenas noches.Inma abrió la puerta y entró dejándole en la calle. Mientras subía lasescaleras, sacudió la cabeza pensando: «¡Dios, eres como un críoportándose bien antes de los Reyes Magos! Bien, veremos hasta dóndellegas. No te lo voy a poner fácil para ganarte mi amistad».

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