A las once y media, se reunió sonriente con todos sus compañeros quese graduarían como ella en el patio de la facultad. En ese patio, bordeadode columnas, que había sido día a día escenario de su relación con Fran,en ese patio tan lleno de recuerdos y que veía por última vez. Se controló.No iba a derrumbarse allí, no delante de todos.Bromeó con sus compañeros, especialmente con Inma, que estabaguapísima con su toga roja, con el pelo rubio cayéndole sobre la espalda.Fran brillaba por su ausencia.Al fin llegó, apenas diez minutos antes de que entraran al salón de actos.Guapo e imponente con su toga negra, el rostro grave y sereno, sin esachispa risueña que siempre brillaba en sus ojos pardos. No se acercó a ellade inmediato, sino que se entretuvo en saludar a otros compañeros. Elfotógrafo les reunió a todos para una foto en grupo, y después, mientrasse dirigían al salón de actos donde se iba a celebrar la ceremonia, Fran secolocó al fin a su lado y le dijo bajito:-Estás guapísima de rojo... Ese color te da un aire majestuoso. Llevaalgo rojo cuando estés en los tribunales y no habrá nadie que puedacontigo.-Lo haré.-¿Has descansado?-Sí -mintió-. ¿Y tú?-También.Y después entraron al salón y se sentaron a ambos lados del escenario,los hombres a un lado, las mujeres en el otro, dividiéndolo en dosmanchas de color, rojo y negro.Susana se sentó junto a Inma. Al fondo del escenario, entre bastidores,veía a Raúl, cámara en mano, y al resto de la pandilla, que se habíancolado para presenciar la celebración desde un lugar privilegiado.Se esforzó por mirar al decano y atender a su discurso y a susfelicitaciones, pero no podía evitar que constantemente su mirada se fuerahacia Fran, que estaba sentado casi enfrente de ella y que estabaaparentemente pendiente del discurso. Este finalizó sin que Susana apenashubiera escuchado su contenido, y a continuación empezaron a nombrar alos alumnos por orden alfabético, que desfilaron ante el estradorecogiendo el título y dirigiendo unas palabras al público que abarrotabael salón. Fran fue de los primeros, y Susana se sintió orgullosa cuando levio levantarse, imponente, y avanzar hacia el centro del escenario.-Está guapo, ¿eh? -le susurró Inma. Ella asintió, incapaz de hablar.Fran recogió la cartulina simbólica y estrechó la mano del decano, ydespués se dirigió hacia el público dispuesto a pronunciar su pequeñodiscurso.-No reiteraré las palabras de mis compañeros diciendo que este es undía importante en mi vida; eso es obvio. Pero sí quiero hacer constarpúblicamente, que debo este título que hoy recojo a una compañera quetambién se gradúa hoy -dijo volviendo la cara hacia el grupo que seencontraba a su izquierda y fijándola en Susana por unos instantes-. Sinsu ayuda, apoyo y paciencia, nunca lo habría conseguido.Inma le dio un ligero codazo y le susurró:-¡Va por ti!Susana no contestó, y con los ojos levemente empañados de lágrimas, levio volver a situarse en su sitio y esperó pacientemente el turno de Inma.Este se produjo dos chicos y tres chicas después. Susana le apretó lamano levemente justo antes de que la nombraran, y sintió la pequeñaagitación entre bastidores y vio a Raúl, haciendo fotos sin parar mientrassu novia se acercaba al decano, recibía el apretón de manos y pronunciabasu discurso.-Ha sido un largo camino para mí el llegar hasta aquí, pero al fin soyabogado. Es la primera cosa difícil que he tenido que hacer en la vida,pero he contado con el apoyo y el cariño de mucha gente. A todos ellos,gracias.Un estruendoso aplauso, proveniente del fondo del escenario, hizosonreír a Susana, que se preparó para ser nombrada después del chico quesiguió a Inma.Cuando escuchó su nombre y la mención especial de haber sido laprimera de la promoción y oyó, al igual que cuando salió Inma, el fuerteaplauso que sus compañeros le dedicaban, se levantó con los ojoshúmedos y una intensa emoción oprimiéndole el pecho, y con pasotembloroso se dirigió hacia el decano. Sentía clavada en ella la mirada deFran y sabía que él se sentía tan orgulloso como ella minutos antes alverle a él.Recogió el título y se enfrentó al micrófono y a la sala llena de gente, ymurmuró con voz velada:-Aunque suene repetitivo, hoy es un día importante para mí. He soñadocon ser abogado desde que tengo uso de razón. Quiero dedicar mi título amis padres que han tenido que hacer muchos sacrificios para que loconsiga. -La voz se le quebró y su mirada se cruzó con la de Fran que lesonreía con una expresión de orgullo en la mirada-. También se lodedico a toda la gente que ha hecho de mi vida en la facultad una épocafeliz. Y a ti... -añadió bajito con la vista clavada en Fran, ya sin disimulo,apenas un leve movimiento de los labios, que supo que él había entendido,porque su cara se relajó por primera vez esa mañana para dedicarle unasonrisa abierta y cálida.Regresó a su sitio y fue incapaz de prestar atención al resto de laceremonia. Como una zombi vio desfilar a los alumnos que faltaban porgraduarse y se preparó mentalmente para los momentos finales.Sabía que su madre y Merche estarían llorando a moco tendido, todaseran muy lloronas en su casa y se emocionaban fácilmente.Cuando el acto terminó, y antes de que pudieran bajar del escenariopara saludar a sus familiares, toda la pandilla salió de su escondite y lesrodeó, felicitándolos. Raúl le había dejado la cámara a Carlos y se abrazófuertemente a Inma, levantándola en vilo.-Estoy orgulloso de ti, preciosa -le dijo besándola en la cara-. Y teprometo que en septiembre yo estaré aquí.-Más te vale.-Una foto de todos nosotros con los homenajeados, por favor -dijoCarlos entregándole la cámara a un chico, antes de que se bajara delescenario.Maika se acercó a Susana y le dijo.-Un discurso precioso, Susana. Y el de Fran no digamos, ¿eh?-Sí.-Venga, la foto -apremió Carlos.Fran se colocó entre Inma y Susana, y Maika y Lucía se situaron aambos extremos. Delante, agachados en el suelo, se colocaron Raúl,Carlos y Miguel.Una vez el flash se hubo disparado, el grupo se disolvió y empezaron afelicitarles atropelladamente, hasta que Susana sintió que no podía más ytrató de escabullirse como pudo, antes de que nadie se diera cuenta de queFran y ella ni siquiera se habían hablado. En aquel momento no se sentíacapaz de contar allí en medio, y sobre todo delante de él, que la relaciónhabía terminado.Bajaba los dos escalones que separaban el escenario de la sala donde laaguardaba su familia, cuando Raúl se dio cuenta de que se marchaba y lasiguió cogiéndola por el brazo.-Eh, eh... No te escapes... ¿Dónde vas?-A abrazar a mi familia.-Espera un segundo, tienes que hacerte una foto con Fran. Luego serámuy difícil pillaros a los dos juntos.-No, Raúl, no quiero hacerme una foto con él. Ya tenemos una de todoel grupo; con esa está bien.-¿Que no quieres hacerte una foto con Fran? ¿Por qué? ¿Estáis demorros quizá? Vamos, no dejes que una discusión evite la posibilidad detener una foto de los dos en un día como hoy. Cuando se os pase el enfado,te arrepentirás.Susana tragó saliva y dijo:-Una foto mía y de Fran ya no tiene sentido, Raúl. Él y yo ya noestamos juntos.-¿Qué? Estás de coña, ¿no?-No.-¿Desde cuándo, joder? Si anoche te iba a...Susana le interrumpió antes de que dijera algo que le produjera másdolor del que ya sentía, y dijo.-Ayer fuimos a cenar juntos y hemos pasado una noche inolvidable enel hotel Alcora. En una suite increíble. Pero hemos cortado después... estamañana.-¿Te ha dejado? Será cabrón...-No, lo hemos hablado y hemos decidido cortar los dos, de mutuoacuerdo. Yo he encontrado un magnífico trabajo en Barcelona y es hora deseparar nuestros caminos. Hemos quedado como amigos, y yo le quieromucho... pero no deseo hacerme una foto con él; una foto de pareja,porque ya no somos pareja. ¿Lo entiendes?-¡No, qué coño voy a entender! Si estáis colados el uno por el otro...Si ayer él pensaba...-Calla, no digas nada más, por favor. No quiero saberlo. Hoy es un díadifícil para mí, tengo que aguantar el tipo y si sigues hablando no podréhacerlo -le dijo-. También es difícil esto para él. Tú eres su amigo...ayúdale a superarlo -añadió con los ojos brillantes.-Lo que voy es a darle dos hostias, al muy imbécil.-No lo hagas, es lo mejor para los dos. De verdad que lo hemosdejado de mutuo acuerdo.Raúl movió la cabeza, dubitativo.-Despídeme de Inma y dile que ya la llamaré. Y ahora, si me disculpas,voy a abrazar a mi familia. Llevan un rato esperando.Se alejó rápida hacia las butacas donde sus padres, Merche e Isaac laesperaban impacientes y emocionados.Como había esperado, su madre lloró con fuerza cuando la abrazó y ledijo entre lágrimas:-Estoy muy orgullosa de ti, cariño.Después abrazó a su padre, y al fin recibió el abrazo cómplice yconfortador de Merche. Pero esta se separó bruscamente y le hizo unaseña con la cara de que mirase hacia atrás. Susana se dio la vuelta y seencontró con Fran.-Enhorabuena, empollona... -dijo acercándose y abrazándola confuerza también, sin que le importase que sus padres estuvieran delante.Susana aspiró por última vez el aroma a Hugo Boss, y sintiendo que nopodía aguantar más, lloró suavemente sobre su hombro, mojando la telade la toga negra.-Eres una condenada llorona -dijo Fran en su oído, con una voztambién ronca y emocionada-. Tienes que controlar eso, no puedesecharte a llorar en los tribunales.-Lo controlaré, pero hoy no puedo... Hoy es un día...-Lo sé -dijo acariciándole el pelo. Le rozó la cara con los labios, enuna caricia tierna y suave y después la soltó, volviéndose hacia los padresde Susana.-Disculpen que haya interrumpido una escena familiar. Soy Fran, uncompañero de Susana. Ella me ha dado clases durante toda la carrera yhemos formado parte del mismo grupo de estudios. No podía irme sinfelicitarla muy especialmente. Yo sé lo importante que es para ella estemomento.-También para ti lo será -dijo la mujer.-Sí, claro, también para mí. Bueno, no les entretengo más, ya memarcho. Disfruten de su comida familiar, a mí me espera mi pantomima.Adiós, Susana, hasta siempre y duro con los catalanes.-Hasta siempre, Fran.Por un momento sus miradas se quedaron prendidas y Susana tuvo quedarse la vuelta para mantener el tipo.-Vamos, nena, anda -le dijo Merche agarrándola del brazo yempujándola suavemente hacia el patio-. Vámonos a comer que me estoymuriendo de hambre.Se dejó llevar, sin volver la vista atrás, tratando de contener laslágrimas que seguían quemando en sus ojos.Fran se había quedado en el salón. Sus padres estaban saludando a unprofesor que recordaban de su época de estudiantes, y él se unió a ellos,seguramente para escuchar una vez más que era la viva imagen de supadre cuando era joven. Y pensó que de mayor, él no se convertiría en elhombre desalmado que tenía delante. Y que cuando tuviera hijos, sería unpadre completamente distinto.Susana salió al patio, y al levantar la vista se sorprendió al ver la figurade una mujer alta, que salía apresuradamente y medio a escondidas entrelas columnas.-Esperad un momento -le dijo a su familia y se apresuró aalcanzarla.-Manoli... -dijo colocándole una mano sobre el hombro.La mujer se volvió, y ella se encontró con su mirada, llena de emoción.-Hola, niña. Enhorabuena.-Gracias. ¿Dónde estabas? No te he visto en el salón.-Estaba al final, escondida detrás de la puerta.-¿Escondida? ¿Por qué?-A ellos no les parecería bien que yo estuviera aquí. Pero no me lopodía perder... Es ni niño. Y este es un día muy importante en su vida. Yen la tuya.-Sí que lo es. Pero no has debido esconderte. ¿Fran sabe que estásaquí?-No, y no debes decírselo. Se sentiría muy mal si supiera que he estadoocultándome, pero es mejor así. Nos quitamos problemas los dos. Y ya mevoy, tengo una enorme cocina que terminar de organizar para el almuerzode hoy. No puedo correr el riesgo de que lleguen antes que yo.-A Fran le gustaría saber que has estado aquí.-No, niña, no se lo digas. Ya tiene bastantes problemas en casa comopara que se pelee con sus padres además por esto. Prométeme que no ledirás nada.-No podría aunque quisiera. Él y yo ya no estamos juntos, no voy averle más.-De modo que al fin lo han conseguido...-¿Qué han conseguido?-Que te deje.-Fran no me ha dejado. Lo hemos decidido de mutuo acuerdo.-Comprendo.-Al igual que tú, yo también le quiero mucho y lo último que deseo esser un problema para él.Manoli clavó en ella unos ojos llenos de cariño.-Tú no eres un problema, eres lo mejor que le ha pasado en su vida. Elproblema se lo generan los demás. Pero él también te quiere, ¿sabes? Tequiere mucho. Ha luchado por ti con uñas y dientes. Esa casa es uninfierno desde hace un par de meses. Broncas, amenazas... Lleva semanascomiendo solo en la cocina y sin salir de su habitación. Casi no se hablacon sus padres.-¿Por mí?-Por supuesto, por ti. Dejaron de darle la asignación, le amenazaroncon no dejarle trabajar en el bufete, si no te dejaba, y hasta con usar susinfluencias para que tú no encontraras trabajo en la ciudad, ni en losalrededores. Ha tratado desesperadamente de hacerles comprender que túeres la mujer de su vida, pero veo que al fin han ganado.Susana sintió que aquellas palabras ayudaban a mitigar su dolor y sutristeza, y le daban fuerzas para seguir adelante.-Gracias por decírmelo. Yo no quiero que sea desgraciado por miculpa. Él también ha trabajado muy duro para conseguir el título. Tienederecho a su puesto en el bufete de su familia y a tener una vida tranquila.Y probablemente lo nuestro no hubiera funcionado fuera de la facultad.Esto que me has dicho me da fuerzas para irme lejos, para dejarle libre.La mujer la abrazó.-Tengo que irme, no tardarán en salir. Tengo un taxi esperándome enla puerta.-Yo también, mis padres me esperan. Cuida de él, ¿vale? Yo no estaréaquí para hacerlo.-Siempre... Es mi niño. Y me hubiera gustado que tú fueras mi niñatambién.-A mí me hubiera gustado que fueras mi tata. Adiós.-Adiós, niña.Vio cómo Manoli se perdía entre la gente que salía de la facultad. Sereunió con su familia con nuevas fuerzas. La conversación la habíaconvencido aún más de que debía terminar con Fran, por mucho que lecostara. Por mucho que les costara a los dos. Tenía que reconocer que porun momento había flaqueado cuando él la había abrazado unos minutosantes, y estuvo tentada de llamarle aquella noche y decirle que quería quesiguieran en contacto aunque ella se marchara a Barcelona, que intentaranseguir con su relación aunque fuera a mil kilómetros. Pero ahora estabamás convencida que nunca de que era mejor no hacerlo. De que debíancortar y tratar de pasar página y seguir con sus respectivas vidas porseparado.Esta convicción le dio ánimos para estar animada en el restaurante ydisfrutar de la comida familiar, aunque no pudo evitar acordarse de Fran yde sentir lástima por él, que no podía ahogar su dolor ni su tristeza en lacalidez de su familia. Él solo tenía aquella tarde un frío almuerzo deabogados y una tensa relación con sus padres.La voz de Merche llenando su copa y proponiendo un brindis la sacó desu momentánea abstracción. Le sonrió agradecida y bebió. Cerró los ojosy se prometió a sí misma empezar a olvidar a Fran desde ese mismomomento. Nada de acordarse de él, nada de nostalgia ni recuerdos de esostres años y medio. De ahora en adelante, familia y trabajo... muchotrabajo.Incapaz de reunirse con sus amigas para una última sesión de «chicassolas», como tenían pensado hacer el día siguiente, y volver a contar y darexplicaciones de su ruptura con Fran, las llamó por teléfono y se despidióde ellas esa misma noche, y al día siguiente se marchó con sus padres aAyamonte, permaneciendo allí diez días más, hasta que tuvo queincorporarse al trabajo.
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¿SOLO AMIGOS?
Teen Fictionte a pasado que quieres buscar tus libros Favoritos y no encontrarlo? pues yo si este libro es de Ana Alvarez subiré su libro Sin arreglar nada sólo subiré su libro aqui en Wattpad Espero que les guste
