Happiness

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¿Conocéis esa sensación en la que lo prohibido es cien veces mejor que lo establecido? Como si por el hecho de que deba de estar fuera de nuestro alcance, de nuestras garras, lo haga más apetecible sin razón alguna. Si es que sí, supongo que entenderéis que me acabase encontrando agarrando el cabello de Mingyu cercano a su nuca como si fuese el único soporte que me sostenía a la tierra. Quizás fue el hecho de que me besara como si lo hubiese estado deseando desde el día en el que me conoció o fue el ronco gemido que se escapó de sus labios cuando mordí su labio inferior el que provocó el chispazo que hizo que la bomba explotase. Para él y para mí.

Ese beso fue la única prueba que necesitaba para saber que toda la leyenda viviente que era Mingyu sobre su vida sexual antes del accidente era más que real pues, para reírse de homosexualidad, me tocaba como si fuese a desaparecer en cualquier momento y la experiencia era más que latente.

Fue el tintineo de unas llaves contra la puerta lo que hizo que me alejase y me lanzara al sofá a la velocidad de la luz antes de que Seungcheol apareciese en la puerta con un pequeño colchón entre sus manos, arrastrándolo por el suelo. Fui corriendo en su ayuda y, con una sonrisa de agradecimiento, lo dejamos apoyado contra la pared del salón; sin embargo, aquella mirada se cambió por una de "¿qué está pasando aquí?" que viajó de Mingyu a mí un par de veces en poco tiempo. Con las piernas como gelatina, lo observé de reojo y sentí que quise morir en aquel momento.

El más moreno de la habitación tenía el pelo hecho un completo desastre, sus labios estaban completamente hinchados y enrojecidos, recordándome al color de las cerezas, y su camisa del pijama se encontraba abierta lo suficiente como para ver la línea marcada de sus pectorales de aquella tonalidad tostada que tanto me gustaba. Después de aquello y, pasando por la experiencia de lo demandante que había sido, no quería siquiera imaginar de qué forma debía de encontrarme yo en aquel momento pero, en contraste a mi blanco pared por el miedo, Mingyu soltó una carcajada.

Di gracias a los cielos que Seungcheol dejase pasar lo que sea que hubiese ocurrido, aunque tampoco debía de ser muy perspicaz como para averiguarlo, nos faltaba seguir devorándonos el uno al otro delante de él para dejarlo aún más claro si cabe.

―Mira lo que he traído. ―dijo mi cuñado con la voz un tanto aguda mientras que daba un par de golpecitos al colchón, provocando que el plástico que lo envolvía hiciese algo de ruido. ―No puedo permitir por el bien de tu espalda que sigas durmiendo en ese sofá así que, hasta que tengamos la posibilidad de encontrar una solución mejor, podrás dormir en un lugar más cómodo y, por si fuese poco, volver a tu habitación.

Debía de estar bromeando, precisamente hoy debía de encerrarme en mi habitación con Mingyu. Eso era en lo único que podía pensar mientras que el agua fría me hacía aclarar la mente, sabía que había tomado dos baños seguidos, de hecho Mingyu me miró con una sonrisa ladina cuando se lo dije a mi hermana antes de salir de la sala, pero algo me impedía estar cerca de él. Al menos, pude estar más que seguro que aquello sólo había sido el calentón del momento, me pilló desprevenido y, aunque era un imbécil de pies a cabeza, estaba endemoniadamente bien. Así que a otra cosa mariposa, fue un momento que despunta en mi vida de bicho palo y se acabó. O al menos eso esperaba.

Después de que Seunghee se riese bajito y me dijese que sólo me faltaba chupar el plato, me di cuenta de que el tiempo se había acabado y debería de dirigirme, quisiera o no, hacia mi cuarto donde ya estaba acostado –y realmente esperaba que dormido –Mingyu. Seungcheol hacía rato que también se había ido, el estrés y el trabajo estaban haciendo sus estragos en su vida así que dormía siempre que tenía la oportunidad.

Seunghee fregaba los platos, yo los enjuagaba, ambos sumergidos en un silencio cómodo, ese silencio que caracterizaba los lugares en los que yo me encontraba porque, normalmente, eran sinónimo de soledad.

―¿Qué tal está yéndote con Mingyu? ―Supe que llevaba mucho tiempo esperando para preguntar. ―Ya no estáis tan... incómodos como el primer día. ―Algo pasó por su mente, picando mi curiosidad.

―¿En qué piensas? Que yo sepa no hemos hablado desde que ha llegado si no es para pelear. ―Ella dejó de mover el estropajo y me observó a los ojos por unos segundos antes de pasarme un vaso.

―Nada, nada. Es sólo que... hoy durante la comida sentía que había pasado algo, pero supongo que será mi imaginación como siempre. ―Casi me atraganto con mi propia saliva, quise cambiar de tema radicalmente; sin embargo, también quise saber qué era lo que la había llevado a esa conclusión. El hecho de que yo me comportase incómodo frente a las personas no era algo fuera de lo normal, incluso después de tanto tiempo conviviendo bajo el mismo hecho no podía actuar con Seungcheol como una persona común, por lo que debía de pasar algo más. Mi rostro debió de ser suficiente como para que Seunghee siguiese hablando. ―Mingyu está siempre absorto en su vida, en sus problemas, quiero decir... Es normal después de todo lo que pasó; sin embargo, su actitud de hoy fue muy diferente y creo que tú fuiste la razón por la forma en la que te observaba. –Rió de forma nerviosa. –Bueno, la verdad es que no te ha quitado un ojo de encima durante toda la cena y... No me lo puedo creer, pero sonreía, quizás una sonrisa con muchos significados que no conozco detrás, pero sonrisa al fin y al cabo.

―Creo que deberías de darle un respiro a esa imaginación tuya, sabía que en algún momento te haría tener alucinaciones. ―susurré mientras que terminaba de secar mis manos con un paño y se lo pasaba a ella para que hiciese lo mismo mientras que mantenía mi cabeza agachada para que no viese la tonalidad rojiza que habían adquirido mis mejillas.

―Oye Wonwoo... Mira, no sé qué está pasando. ―habló en voz baja mientras que tomaba mi barbilla y me observaba a los ojos. ―Pero sólo espero que sea lo que sea, haga que esta familia sea feliz. ―Mordí el interior de mi mejilla, manteniendo el silencio sin saber qué decir. ―Sobretodo tú, mereces ser feliz de una vez por todas.

Con eso en la mente me dirigí a mi habitación, olvidando quién se encontraba allí hasta que con la voz ronca susurró:

―Cierra la puerta, los ronquidos de Seungcheol no me dejan dormir. ―Le hice caso, porque en realidad a mí me pasaba lo mismo, y me tumbé en la cama. La habitación estaba cálida por haberse mantenido cerrada, así que ni siquiera me molesté en coger las sábanas.

Mi cabeza dolía de tanto pensar en todo y nada a la vez durante tanto tiempo. Jamás me había planteado que yo también merecía ser feliz, de hecho, nunca lo había creído. Siempre había pensado que las personas buenas como Seungcheol y Seunghee, con aquel corazón cálido y sonrisa encantadora eran un ejemplo; sin embargo, yo solo causaba problemas y, a pesar de ello, ella seguía creyendo que yo también debía ser un bienaventurado en la vida, ¿quizás Mingyu también?

Y fue un pequeño sollozo seguido de un suspiro lastimero la respuesta que recibí.

Depressed [Meanie]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora