Capitulo 17 *Prueba*

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Naraku llego a temprana hora al edificio donde vivía Sango, la llamo para decirle que la estaba esperando. Quería ir a hacer la dichosa prueba y regresar con Kikyo. No quería dejarla sola, aunque sabía que no lo estaba, pues Rin llego temprano para cuidar a la pelinegra. Él fue a su departamento para darse una ducha rápida y después ir por Sango.

—Buenos días —saludó Sango en tono coqueto.

—Papi... —susurró el niño con media sonrisa, estaba adormilado. Eran las siete y media de la mañana. No pudo evitar sentirse mal por despertar al pequeño tan temprano.

—Hola —saludó al pequeño, después de todo el no tenía la culpa de todo lo que estaba pasando a su alrededor. 

—¿No vas a abrirme la puerta? —pregunto Sango, él estaba dentro del auto, los cristales estaban abajo.

—No —respondió serio—. Si quieres dame al niño y al rato lo traigo.

—¿Estás loco? No pienso dejar que te lo lleves —abrió la puerta del copiloto para subir. Él frunció el ceño ante la respuesta de ella.

—¿Por qué? —pregunto al ponerse en marcha—. Sí el hijo es mio como dices, tengo derecho a estar con él —la miro de reojo—. A solas.

—Hump... lo pensare —dijo seria, no pensó que Naraku tomara tan bien el asunto del niño.

El resto del camino fue en silencio, Sango miraba por la ventana y en ratos miraba a Kagewaki que ya se había quedado dormido de nuevo. 

Se veía tan tierno durmiendo.

Negó de inmediato ante ese pensamiento, ella no podía ver al niño como algo tierno, sólo se portaba bien con él los últimos días para poder presentarlo ante Naraku y que este viera que estaba bien con ella y así obligarlo a casarse.

Ella no se encariñaría con el niño, pues una vez que estuviera casada con Naraku enviaría al pequeño a un internado lo más lejos posible.

—Llegamos —aviso Naraku al terminar de estacionar el auto.

Ella cubrió al niño con una manta y salió del auto con cuidado de no despertarlo. Ambos entraron a la clínica, la cual era privada y Rin se la recomendó —por teléfono—, ya que era el lugar donde sabía que no se dejaban extorsionar. 

Tenía que estar seguro de que Sango no quisiera alterar los resultados.

Ella sólo resopló, sabía de esa clínica y de su buena reputación, pero le daba igual, no pensaba pagar para que alteraran las pruebas, el niño era de él.

—Buenos días —saludó la recepcionista amable—. ¿Tienen cita?

—Buenos días, sí —respondió Naraku, había llamado la noche anterior, después de hablar con Rin por teléfono. 

—¿Cual es su nombre? —abrió un cuaderno y lo abrió en una hoja con varios nombres y la fecha de ese día.

—Naraku.

La recepcionista busco el nombre y al encontrarlo asintió lentamente.

—Por ese pasillo derecho —le indico con la mano—. Esta el consultorio del doctor que los atenderá —dijo amable.

—Muchas gracias —dijo Naraku con media sonrisa. Le cedió el paso a Sango y él siguió después.

Llegaron al consultorio y Naraku toco un par de veces, la puerta se abrió dejando ver a un hombre de treinta y cinco años, cabello negro atado en una coleta baja, piel blanca y ojos azules.

—Buenos días —saludó el médico—. Mi nombre es Miroku, ¿usted es...?

—Naraku —estrecharon sus manos.

I miss you {NarakuxKikyo}Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora