Martes 26 de septiembre del 2017
Después de una noche de descanso, Yesi se sentía revitalizada. Había pasado una semana terrible fuera de su hogar, el temblor de la ciudad de México había interrumpido la vida de todo el mundo y todavía se encontraban buscando personas entre los escombros.
A pesar de la terrible tragedia que había golpeado a la ciudad el 19 de septiembre, muchos encontraron una forma de pasar más o menos bien el último día.
No se trataba de celebrar, solo con la mayor discreción posible algunos ciudadanos comenzaron a realizar eventos de recaudación para la reconstrucción de la ciudad.
—Que mejor que comenzar el día con la alegría de saber que estamos vivos.
—Ya te vas a poner trágica, por qué mejor no guardas silencio.
—Porque estoy contenta de tener el privilegio de volver a despertar, respirar y probar esta barra de chocolate que tenía dentro de mi bolsa.
—Tan temprano y ya estás comiendo cochinadas.
—Me vas a llamar gorda, pero me vale un pepinillo. Hemos llegado hasta este día, piensa en los otros, los que murieron en los derrumbes, los que ahora se encuentran heridos en algún hospital, los que han perdido alguna parte de su cuerpo o los que perdieron todas sus pertenencias, nosotros estamos muy bien si nos ponemos a pensar un poco.
—Solo por eso te vas a atiborrar de chocolates y dulces.
—Es solo una barra. No pasa nada por que me coma una barra, además ya estamos a punto de reanudar los ejercicios.
—Pues no dejes pasar tanto tiempo.
—Por cierto, anoche recibí una llamada de Mariana.
—Qué deseaba, por que se le ocurre llamar a media noche, sabiendo que debemos ahorrar baterías.
—No seas así, quería saber si estábamos bien. No agradeces que se preocupen por nosotros. Además, ya sabes que Mariana es muy sensible y es probable que haya sentido algo porque unos minutos antes, yo andaba como loca buscando a mis papás.
—Esa Mariana debería de dejar de andar viajando tanto y darse unas vacaciones.
—Mariana es una buena chica, muy trabajadora y sabe que si se viene a encerrar a su casa no gana nada con ello.
—Pero se le va a ir la vida viajando.
—Es al revés querido, a nosotros se nos fue la vida sin salir ni a la esquina, ella está viviendo su sueño, déjala en paz.
—Pero debería darse unas vacaciones, viajar, saber que hay un mundo además de su mundo.
—Mariana sabe que hay otro mundo además del suyo, hay infinidad de universos, pero ese es el que le tocó a ella, no quieras traerla al tuyo que es tan aburrido. En el suyo cuando menos hay viajes a otros países, música y muchos amigos.
—Sería mejor que se diera sus vacaciones, ya son más de quince años de trabajar sin descanso.
—Cuando alguien se dedica como ella a su trabajo, no se siente como trabajo.
—Pero lo es, y se cansa uno igual.
—Eso lo dices porque tú eres un flojo, pero ella no lo es. Deja a Mariana en paz, ella sabrá cuando viene. La escuché muy desesperada, es probable que se de sus vueltas por acá.—Si la vez, le das saludos de mi parte.
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El jardín de Jazmín
OverigLa historia de Jazmín, su jardín y los animalitos que le rodean.