La máscara de Anubis

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-...¡Yo lo quiero a él! —Gritó y salió corriendo de ahí.

-...¡H-Hey! —Aomine intentó detenerlo, pero el can era muy rápido—...Maldición...—Gruñó enojado consigo mismo.

Anubis corrió y corrió, saltó un par de templos y llegó hasta una de las nubes que tenía vegetación a su alrededor y que conectaba el templo de Hades y Morfeo.

Cayó en las raíces de un gran árbol y lloró. Lloró con ganas.

-...¡Lo quiero a él! —Exclamó en un sollozo mientras derramaba gruesas lágrimas—...A él...—Sollozó nuevamente.

Por un momento, su cuerpo fue cubierto por una ténue sombra. Pensó que se trataba de alguna nube pasajera, pero pronto se tornó más oscura y la presencia de otro Dios no se hizo esperar.

Su perruno rostro se posó sobre el sombrío pelirrojo que le miraba desde arriba. Su expresión era tan seria, sus ojos parecían devorarlo con la mirada.

Literalmente.

Sus orejas se hicieron hacia atrás levemente, en señal de miedo y alerta. Alerta a cualquier movimiento sospechoso.

-...A pesar de que llevas esa horrible máscara...—Comentó el pelirrojo, sin dejar de verlo—...Puedo sentir tu mirada confundida sobre mí...—Kouki jadeó sorprendido—...¿Qué te aflige? ¿Te duele algo?

El castaño negó sin dejar su posición. Frente a él estaba uno de los grandes del Olimpo.

Hades

-...¿Porqué intenta ser amable conmigo? —Preguntó casi en un gruñido.

Akashi frunció el ceño levemente y chasqueó la lengua.

-...No por ser Hades, quiere decir que voy a ser descortés...—Dijo ofendido el pelirrojo.

El can se levantó y le miró desde su pobre estatura ¿Intentaba ser amable con él en serio? ¿O solo estaba tomándole el pelo?

-...Eso es personal...—Respondió, en un murmullo, la primera pregunta que le había hecho.

Akashi enarcó un ceja y entendió a lo que se refería, a los pocos minutos.

-...¿Puedo hacer algo para que la nena no llore? —Preguntó en burla.

Kouki gruñó y lo tomó de la oscura túnica, acercándolo a él.

-...No soy una nena...Soy un hombre...—Dijo con tosca voz. Hades le miraba con seriedad.

Lentamente llevó una de sus manos sobre el rostro del can. Este cerró sus ojos por mero instinto y al no percibir movimiento por el contrario, los, abrió.

-...A mí...—Dijo mientras ponía un dedo sobre el límite superior de la máscara del can—...Nadie me habla así...—Aquel dedo se fué deslizando justo en medio de la máscara, trazando el canino hocico y los labios vírgenes—...Y menos un extranjero...—Cuando llegó al límite inferior de la máscara, su mano se alejó lentamente.

Kouki le soltó con algo de brusquedad y se separó sin bajar la guardia.

Lo único que no esperó fué aquello.

El recorrido que el griego había hecho en su máscara, de pronto se tornó una fina línea blanca, frente a los ojos de Kouki, quien parpadeó confundido.

-...¿Q- ? —Su frase se vió interrumpida al ver la línea ensancharse cada vez más, hasta el punto de partirse en dos.

La máscara rota, calló a los pies del egipcio, quien le siguió con la mirada y en total estado de shock.

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