El beso de la verdad

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Asentí ante sus condiciones, realmente no me importaba mucho, debía cumplir con mi misión

  —Pero debes prometer que no contarás a nadie de que soy una Gruty—supliqué, Elenek asintió y se inclinó hacia mí. ¿Cómo funcionaba esto del beso de la verdad? ¿realmente me iba a besar?

Su mano fue a mi nuca, acercándome a su rostro, cerré los ojos, sintiendo sus suaves labios rozar los míos. Un agudo dolor comenzó a recorrer mi cuerpo, cuando abrí mis ojos, pude verlo sufrir un dolor al igual que el mío, unió nuestros labios arrugando la frente y quejándose del dolor, no podía describir que mi dolor fuera igual al suyo, pues aunque me dolía y quemaba por dentro, ver a Elenek así me tranquilizaba y hacía que me olvidara del dolor.

Volví a cerrar los ojos cuando el beso se profundizó, sintiendo mi cuerpo cambiar por dentro, el sudor caía por mi frente, quemando mi piel. 

Cuando Elenek se separó, se adentró sus dedos a su boca y sacó una pequeña perla amarilla.

  —Es parte de mi cuerpo, normalmente es lo que forma el beso, suele ser... algo visual y no sólido pero, en mi caso lo he hecho sólido, se derretirá en tu boca—suspiró—te hará tener cola—dijo al fin

—Pero Sed dijo que no tendría cola—tomé la diminuta perla

—Por eso es sólida, para que te de cola—dijo como si fuera lo más obvio del mundo—Sed me ha dicho que lo hiciera de ese modo, deja de ser tan idiota y traga la perla de una jodida vez, de paso, seré tu "guardaespaldas" y todo lo que quieras, pero no te atrevas a hablarme fuera del trabajo que me asignó Sed —levantó la pequeña perla y la dejó caer en la palma de mi mano, la miré como si fuera lo más interesante del mundo. Elenek se levantó con el chorro de agua y se adentró a la profundidad de la academia. 

Miré la luna en el cielo, era una hermosa noche despejada, lo que me llamaba la atención, era que siempre que la luna se encontraba las estrellas se ocultaban, y siempre que eran las estrellas las que brillaban, la luna se ocultaba. Como si les diera su momento de brillar, y ellas igual a la luna. ¿Sería así como Elenek funcionaba? Tal vez nunca tuvo la oportunidad de brillar él solo, y le frustre ser así. 

Levanté la perla y la adentré a mis labios, era de un sabor dulce, como el olor del peliblanco, con una textura ardiente, como el beso que recién me dio, al derretirse se hizo agria, como su actitud, al tragarla se hizo espesa, como su mente. 

No pude terminar de pensar cuando mi cuerpo comenzó a reaccionar por sí solo, el dolor que causaba en mi cuerpo era insoportable. 

Mi cabeza dolía como si de mil espinas en mis ojos se tratase, no podía gritar por las altas horas de la noche. 

Mis ojos se cerraron y mi cabeza golpeó el suelo con firmeza.

Sentí una luz golpear mis ojos, molesta los abrí para acostumbrarme. Me encontraba donde ayer había estado sentada. 

Miré mi cuerpo, esperando una cola, pero aún mantenía mis piernas desnudas. Me senté abrumada por no haber funcionado y me levanté. Llamaría a Sed para disculparme. 

Me acerqué al agua y mis pies se adentraron al líquido tibio, no pasaron diez segundos cuando caí al agua con una aleta de un color menta, era un color extraño, más grande que la anterior, más pesada definitivamente y más fuerte por supuesto. Miré mi piel, mis uñas cambiaban de color con mis pensamientos y mi cola también, ¿lo había conseguido? Si así fuera, entonces, ¿por qué el collar no brillaba? 

Moví la cola, empujándome hasta la profundidad para nadar cómodamente, hasta sumergirme y nadar con rapidez hacia la academia. Al entrar, todos me volvieron a ver, levantando chismes y susurros de mi aparición. 

Era extraño, ¿no me reconocían? ¿tanto era de extrañarse que mi cola cambiara de color por fin? ¿sabían de mi secreto? 

Divisé a Zen y Kart entrar a la sirecafetería, nadé hacia ellos y los saludé. Sus miradas recorrieron todo mi cuerpo, un extraño brillo apareció en sus ojos. 

  —Hola guapa, ¿quieres que te invite a una bebida?—dijo Zen con su sonrisa, algo que nunca había visto antes en él, al menos no así

—Será de parte de nosotros princesa, no hace falta que te incomodes—negué con la cabeza, aunque hablaban de manera extraña, seguían hablando como me lo hablaban de vez en cuando.

—Chicos, no hace falta, no tengo sed, ¿han visto a Elenek?—pregunté nerviosa, pero Kart frunció el entrecejo y miró a su amigo que arrugaba la nariz

—¿Conoces a Elenek?—preguntó el pelinegro

—¿Pero qué dices? ¡Chicos soy Alex! Claro que les conozco a los cuatro—ambos abrieron los ojos como platos y me miraron de manera distinta

—¿Alex? ¿nuestra Alex?—preguntaron al mismo tiempo, asentí seguido de rodar mis ojos

—¿Por qué no me lo creen?—en ese preciso momento, uno de los camareros pasó con la bandeja que reflejó mi aspecto, si bien, mi cola era menta, tenía un sostén de escamas negro, bastante seductor a mi gusto, mi cabello seguía siendo del mismo color, pero las puntas eran de color menta, mis ojos eran más metálicos, mis dientes eran un poco más grandes y mis pestañas más largas. ¿Qué rayos me había sucedido? Me veía muy diferente, además de que mi cabello normalmente no tenía tantas curvas y ahora estaba con un peinado que definitivamente yo no me había hecho. 

—Chicos, ¿vieron a Elen--- 

Durt se paró en seco al verme, rodeó con su mirada mi aspecto y se acercó a sus amigos preocupado

—¿Y esta guapa quién es?—rodé mis ojos

—Alex, ¡soy Alex!—él abrió los ojos como platos y sus amigos asintieron boquiabiertos, suspiré cruzando mis brazos

—¿Lo ha causado él?—preguntó Kart

—¿Esto ha causado el beso?—continuó Durt

—Según lo que recuerdo haber investigado, solo sucede que una especie se vuelva más guapa cuando sirena, pero ni siquiera es acuática, y ni siquiera existe en este siglo. Están extintos desde hace años—analizó el pelinegro.

No perdí más el tiempo y me fui de allí para buscar al peliblanco, causante de esta oportunidad. 

Cansada, me detuve en un coral jadeando de tanto buscar, cuando una risa chillona retumbó en mis oídos.

—Oh vamos Elenek, será divertido—asomé mi cabeza por un espacio pequeño del coral, al ver a una castaña con el nombrado riendo—no me dirás que tienes miedo, ¡vamos al sótano Elenek!

Antes de que siguiera escuchando su conversación me oculté por la mirada rápida de Elenek, quién comenzó a nadar hacia mí, sentí como su mano rozaba el coral de mi lado, pero su cabeza se asomó en el lugar equivocado. 

Una vez lejos de mí, analicé la conversación de la morena y del peliblanco. ¿Sótano? ¿qué quería decir con eso? 

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