Cartas

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Los días pasaron, aún me sentía culpable de Drogo, pues fue mi culpa que yo causara sus nervios. Aunque según su hermano era algo muy difícil. 

Miré por la ventana, cuando una lechuza negra entró rápidamente, furiosa. Tenía sangre en el ala y una carta en la pata. Corrí a ayudarle

  —Hola... te ayudaré, espera para cerrar la puerta—corrí a cerrar la puerta y volví a donde la lechuza reposaba, había sanado varios animales en mi hogar. Pero era necesario no dar pruebas de magia. 

Acomodé al ave y le hablé para que aguantara, monté el hueso de su cuerpo a la cuenta de tres y la lechuza me mordió. Aguanté el dolor y comencé a sanar la herida con un hechizo básico, pero que podría salvar una vida. 

La lechuza cerró los ojos y su respiración volvió a su ritmo normal, tomé de su pata la carta y abrí el sobre.

"Querida Alex, he escuchado de ti en el pueblo, espero puedas verme, necesito que hagas una poción para que mi madre sane o morirá. Los médicos no saben qué hacer y dicen que le quedan pocos días... espero me puedas ayudar. Puedo ir a donde quieras y cuando quieras. Espero aceptes mi pedido de ayuda. 

Atte: Samuel" 

Miré una y otra vez el papel bajo mis dedos, cuando una risa socarrona me hizo pegar un brinco

  —¿Por qué miras así a la pobre hoja? ¿la morderás a ella también?—Drogo se encontraba apoyado en el marco de la ventana, de cuclillas, tomando con sus manos fuertemente de la madera para no caer unos pisos. 

—¿Qué? Oh... no es nada—oculté la carta detrás de mi espalda y forcé una sonrisa nerviosa—¿Qué haces aquí Drogo?—miré a la lechuza que abría los ojos y comenzaba a hacer ruido. Necesitaba responder al pedido de ayuda, pero con Drogo era un poco incómodo—No es un buen momento—dije entre dientes, él encogió sus hombros y se lanzó a mi cama como Pedro en su casa.

  —Si necesitas responder a la carta puedes hacerlo, no me interesa el contenido—asentí nerviosa y tomé la pluma, para responder en un pergamino al chico. 

" Samuel comprendo tu situación, ahora no estoy en casa, no obstante puedo hacer la poción. Consigue los siguientes materiales: 

Cabello de tu madre y uñas de sus pies y manos, su saliva y unas algas azules, consigue un poco de bacterias de un hongo y aceite, no olvides también de conseguir un poco de tu sangre y la de tu madre. Es necesaria, necesitas un poco de sábila y el zumo de una fruta ácida, no importa cual. ¿Crees poder conseguir todo? Si lo consigues envíame a tu lechuza y te ayudaré de inmediato, cuida mejor del ave, le he sanado y cuida de tu madre mientras tanto. 

Atte: Alex"

Salté hacia la lechuza y con mucho cuidado, coloqué la carta en su pata, así el pájaro voló fuera hacia donde su dueño le esperaba. 

—¿Sobre qué medicina hablabas?—preguntó Drogo con los ojos cerrados, aún en mi cama, como si estuviera dormido.

—No sé solo alistarme, sé algunas cosas de medicina...—mi respuesta debía de ser evasiva lo más posible

—¿Con pociones?—abrí mis ojos como platos y negué con firmeza. No se movió ni un momento, ¿cómo había sabido al respecto? 

—¿Cómo lo...?—dejé mi pregunta en el aire, al ver a Atlas entrar en la habitación y acorralarme contra la pared, se veía muy molesto

—¿Qué hiciste?—lo miré confundido, su voz era ronca y amenazadora

—¿A qué te refieres?—pregunté más confundida 

  —¡He visto a la lechuza Alex! ¿Diste la dirección de la academia?—negué con firmeza, dicho esto Atlas se separó bufando—más te vale o te costará más que un castigo —amenazó, asentí en respuesta y miré como Drogo cruzaba los brazos detrás de su cabeza. ¿Le había avisado él a Atlas?

Suspiré y miré por la ventana... ¿Realmente estaría a tiempo la poción para la madre?

Atlas se despidió, dejándome sola con Drogo

  —¿Nos vamos?—dijo con una sonrisa "inocente"

—¿A dónde?

—Pues a clases tontuela— rodé los ojos y tomé mi mochila mientras que él se levantaba para acompañarme hacia clases. 

Las chicas me fulminaban con la mirada por mi compañía, no obstante yo no tenía interés en Drogo. 

Y pasara lo que pasara no tenía concentración alguna en los demás, ni siquiera en el profesor. Me carcomía el joven que envió la carta por ayuda. ¿Cuánto tardaría la lechuza en llegar? ¿Se encontraría lejos?  

Pero mis preguntas cesaron al ver la lechuza descansando en una rama del árbol. Levanté mi mano

—¿Si Alex?—dijo el profesor sorprendido por mi movimiento

  —¿Puedo ir al baño?—el profesor suspiró por mi pedido y asintió, caminé hacia la puerta con paso apresurado, pero antes de cruzar la puerta miré a la pizarra—la respuesta es 1578, ese fue el año en que el evento sucedió—salí corriendo de allí en busca de la lechuza que esperaba a entregar su recado. 

Al verme voló hacia mí y extendió su pata, tomando el papel la respuesta de Samuel estaba escrita

"Sé que la lechuza no tardará mucho en darte esto, pues tu casa está cerca de la colina y yo vivo por ahí, pero mi madre empeora. Ya tengo todo excepto las algas azules, ¡Alex mi madre está por morir y no sé que hacer!

Atte: Samuel

Corrí fuera de la academia, en busca de la orilla donde había asistido a la academia de sirenas. Quedaba más lejos de lo que pensaba, pero gracias a mis instintos caninos sabía donde me encontraba, terminé corriendo en cuatro patas y gracias a la velocidad del vampiro, iba aún más rápido, levantando el polvo por donde pasara. 

Me lancé al agua, no dejé que pasara más tiempo y me transformé en una sirena. Las algas azules se encontraban por el sótano donde las sirenas coleccionaban aquellos horribles cadáveres. 

Tomé fuerza y nadé para llegar a mi destino. Elenek nadaba por ahí, pero no podría detenerme en ese momento a saludarle. Era necesario que obtuviera las algas e irme rápido. 

Al salir a la superficie me transformé nuevamente en un lobo y salí corriendo en dirección a la lechuza, que volaba por el monte de mi pueblo. 

No crucé más hasta recuperar mis piernas y poder camuflarme como una humana normal y corriente, pero ¿dónde encontraría a Samuel? 

  —Lechuza, ¿dónde está Samuel?—la lechuza voló sobre mi cabeza, a como pude busqué algo con qué cubrirme y tomé rumbo debajo de su sombra. 

Me encontraba muy cansada y desesperada, pues hacía tiempo que no sanaba. 

Frené frente una cabaña algo descuidada, pero no tenía otra posibilidad de dudar. ¡Era la vida de una mujer! 

Caminé dentro con las algas y vi los pies de una mujer, suspiré de alivio, pues no era una trampa. Pero al llegar mi estómago dio un vuelco. Una mujer asesinada brutalmente estaba acostada, siendo comida por los insectos y gusanos. El lugar olía horrible, debía salir de allí. 

Di vuelta sobre mis talones, pero la puerta se cerró, mi piel se erizó, no quería  problemas con el asunto y mi sexto sentido me decía que era mejor huir.

  —Vaya... pero si ha llegado mi presa favorita—le miré a los ojos—Alex, me llamo Samuel—una sonrisa macabra se dibujó en su rostro, los escalofríos me abrazaron y el pánico comenzó a aparecer al ver que me encontraba rodeada de otros veinte hombres. 

 


Magic NatureHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora