Pasaron los días, limpiaba y comía en mi casa. Pronto volvería a la academia, no obstante quería que los humos se bajaran en Kalas y Atlas. Se veían incómodos y molestos.
Alisté una maleta y caminé descalza hacia la montaña, por culpa de los grilletes no me daba para algún zapato. Esperaba que Atlas pudiera hacer algo al respecto.
Caminé durante horas, no quería arruinar el vestido blanco que llevaba puesto. Parecía una eternidad el camino hacia ellos, pero cuando escapé no fue mucho tiempo el que duré.
Cansada me senté en una piedra. Arrepentida de lo que haría me desnudé y me transformé en un lobo, los grilletes estaban en mis patas delanteras. Tomé con cuidado el vestido en mi boca y corrí hacia la academia, ya no quería ir a lo natural. Iría más allá de eso, algo como lo que verdaderamente me gustaba ser, por lo que yo era.
Cuando llegué me volví a transformar en una chica común y me vestí con el vestido. Al entrar a clases por primera vez desde que empecé Drogo estaba ahí, con las mangas por los codos, la corbata mal atada, su cabello despeinado pero con dos pequeños y delgados broches negros, atando de medio lado el cabello que le comenzaba a quedar largo. Prestaba atención, escribiendo apuntes a toda prisa, Drogo usaba lentes por primera vez. El reflejo del sol daba a su perfecto perfil, con el entrecejo un poco arrugado, pero seguía siendo algo atractivo para ver.
—¡Alex!—El pelinegro saltó de su asiento al gritar mi nombre, el profesor nos miró molestos. Tomé asiento ignorando su presencia y puse atención a la clase.
Los alumnos me miraron de reojo y los susurros comenzaron. Usaba unos zapatos abiertos, dejando ver como los grilletes apretaban mis tobillos.
—Alex, ¿puede salir un momento por favor?—miré al profesor antes de tomar asiento y asentí desconfiada saliendo detrás de él—¿te encuentras bien?—asentí—¿jugabas a policías y ladrones?—sus manos fueron a mis hombros y su rostro se deformó por uno preocupado
—Euh... esto... sí, algo así profesor... —comenté forzando una sonrisa, él asintió no muy convencido y volvimos a entrar, todos volvieron corriendo a sus puestos y yo me senté al lado de Drogo, quién miró mis piernas.
—¿Cómo lo lograste?—susurró al ver que ya la cadena no estaba unida—ya no hueles a humano—lo miré molesta. ¿Quién se creía?
No pude responder cuando sentí un líquido caer por mi cabeza, mojando mi vestido blanco. El líquido era un químico, el cual comenzó a deshacer mi ropa, dejando al aire parte de mi abdomen, quedaría desnuda.
Me levanté rápidamente y miré a la rubia furiosa.
—¿¡Cuál es tu maldito problema!?—ella se levantó y se intentó acercar a mí, sentí como una fuerte ola de calor me abrazaba. Mis colmillos crecieron y la chica salió por los aires.
Me sorprendí por lo sucedido, todos miraban el evento asombrados. Me molestaba esta perra mucho.
Caminé hacia ella y la tomé del cuello, ella comenzó a lloriquear y de mi mano salía humo, sentía un inmenso calor quemar su piel con la mía.
—¡Alex detente!—con mi otra mano aparté a Drogo, haciendo que cayera sobre una fila de mesas, estaba molesta. ¿Por qué? No lo sabía con claridad, pero odiaba a esta chica, la detestaba y me tenía harta.
—Vuelves a tocarme o hacerme algo y terminarás bajo tierra, ¿entiendes? —su cabeza dio afirmativo y la solté, dejando ver la marca de mi mano en su piel, carne viva, la tos le salía seca y lloraba del dolor. Podía ver su carne quemada.
Miré a mis compañeros y salí de allí corriendo, había cavado mi propia tumba. Estaba loca.
Escuché a Drogo llamarme, pero lo ignoré y corrí más rápido para desviarme por los jardines y comenzar a correr en cuatro patas hacia donde me diera mi cuerpo.
ESTÁS LEYENDO
Magic Nature
AcakAlex entra a su academia soñada, donde podrá perfeccionar sus poderes y encontrar más respuestas de quién es ella realmente. Conociendo temibles personas, vampiros, brujos, hombres lobo, ¡incluso gnomos! Una chica torpe, hermosa y poderosa. ¿Podrá...
