Manchester, donde todo comenzó

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Los ojos de Draco Malfoy estaban  fijos ahora en su objetivo, su varita en ristre como símbolo de fortaleza despidieron un rayo de color verde para impactar en el pecho del vampiro pelinegro quien fungía como corza entre él y la castaña. No permitiría que nada ni nadie pudiera llevársela no importándole que perdiera la vida misma para salvarla, en cambio, la ojimiel miraba horrorizada lo que era capaz de hacer su prometido con tal de llevarla con el.

Aquella maldición había pegado completamente en el torax del vampiro quien al instante de recibirlo cerraba los ojos dándose cuenta que era el final de sus días como inmortal chupasangre. El cabello negro azabache se revolvía más de la cuenta debido a la luz y a la fuerza que esa magia tenebrosa le propiciaba. Hermione gritaba desesperada sosteniéndolo de los hombros para que pudiera caer en sus brazos, miraba con determinación al platinado quien sin expresión alguna observaba el cuerpo de su rival de amores desplomarse como si fuera un árbol recién cortado.

-Que hiciste Draco!- La chica entre sollozos tomaba las mejillas de Damon para intentar despertarlo, pero el ataque fue tan profundo que lo desarmó completamente.

Entre tanto el platinado bajaba su varita y Katherine quien con los ojos abiertos contemplaba aquella escena no creyendo que el gran vampiro mayor de los Salvatore perecía al tratar de salvar a una chica simple. Draco no hizo lo posible por verificar los hechos tan solo extendía su mano enguantada de cuero mirando con ojos grises a la castaña quien aún seguía llorando la muerte de Damon Salvatore.

-Ven conmigo Hermione, es lo mejor, si estamos de su lado no nos hará daño, él prometió no tocarte si le ayudábamos con la profecía, anda amor… el solo era un vampiro, no era digno de nada- La chica de ojos color miel levantaba su cabeza un poco tratando de secar sus lagrimas pues comprendía una cosa; estaba enamorada de Damon y sacrificó su vida para salvarla, tal y como ella había hecho en el bosque de Manchester. Levantó su mirada para observar a su prometido con expresión firme, dura, llena de ira por lo acontecido que no se detuvo siquiera en poner atención a la risa sarcástica y malévola de Katherine Pierce.

-Lo… mataste, lo… ¡Asesinaste Draco!

-Ya estaba muerto Hermione tu mejor que nadie sabes que los vampiros no siempre serán inmortales, es el equilibrio natural, naces, creces, te reproduces y mueres, y este hijo de puta violó bastantes, asi que prácticamente le hice un favor- Declaraba el platinado con seguridad todavía con la mano extendida. -Vamonos Hermione, no hay mucho tiempo, prometo que Potter estará a salvo, tus padres, los que conoces, estarán bien, solo… ven conmigo.

La ojimiel lo miraba, observaba a su prometido al que alguna vez dio la oportunidad de redimirse; recordaba las ocasiones en que sin querer se topaba con él en los pasillos del castillo Hogwarts, pues esa expresión gélida regresaba a sus ojos grises para no medir las consecuencias de sus actos, por el solo hecho de tener miedo a enfrentar la realidad o el efecto de sus propias causas. Empuñó ambas manos todavía tomando el cuerpo del vampiro pelinegro para asegurarse que no le pasara nada peor a lo acontecido; dirigió sus ojos caramelo a los orbes de su prometido para apretar fuertemente sus labios antes de hablar.

-No.

-Que dijiste Hermione?-

-He dicho que no- Decía en susurro para despues hacer una pausa donde solo se escuchaba el andar del tren al pasar por las vías; la noche cubría todo en su totalidad pero la luz de luna alumbraba tenuemente a los presentes del vagón.

-No me digas que sentías afecto por este asqueroso vampiro Hermione- Ella desviaba la mirada para despues enfrentarlo con toda seguridad.

-Si, sentía afecto por este vampiro- El platinado abría sus orbes un poco mas de la cuenta mirándolos a los dos a la vez para evitar decir la conclusión tan dolorosa a la que había llegado.

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