La Profecía no encontrada

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Entraron por fin al callejón Diagon gracias a que Harry y Luna pudieron darles acceso; aún los vampiros como Stefan, Caroline y Klaus no creían que existiera un mundo paralelo bastante extraño y peculiar oculto por muchos años. El sitio era irregular, las construcciones de madera oscura y ventanales altos se dejaban apreciar en forma de galería adornadas con los letreros hechos a mano que indicaban los nombres de las localidades como si se tratara de un raro centro comercial de las grandes ciudades.

Elena miraba todo a su alrededor tallándose los ojos para comprobar que no estuviera en una especie de sueño, pues los habitantes de ese lugar vestían túnicas largas acompañadas de sombreros algo graciosos; unos largos y puntiagudos mientras que otros eran chatos en forma cilíndrica con una mota de estambre en la cima.  Miraba a Stefan quien también se veía distraído con el panorama tan extraño que estaba observando, pues prestaba especial atención a un sitio llamado "Madame Malkin, túnicas para toda ocasión". Contemplaban que algunas personas se encontraban eligiendo vestimenta u otros tomandose medidas para adquirir uno.

-Que lugar es este?- Preguntaba Caroline mirando a todos lados.

-Este es el callejón Diagon, el lugar que contecta su mundo con el nuestro.

-Desde… cuando existe?

-Desde siempre, los magos y brujas convergen aquí a la par que los muggles.- Respondía  Harry mirando al frente para doblar la esquina para condicirse a la entrada principal del ministerio de magia.

-Harry- Se persuraba Stefan.- También hay vampiros en… su mundo?

-Claro, solo que en este caso tienen la forma de controlarse y sirven como buenos aurores, de hecho tenemos a cinco vampiros en el escuadrón.

-Ellos son magos?- Preguntaba Klaus quien tenía de la mano a la rubia.

-No, ellos son excelentes cazadores y pocionistas, además conocen la forma de operar de los criminales y son bastante utiles, pero se les tiene estrictamente prohibido visitar su mundo, bien dicen que en arca abierta hasta el más justo peca- Respondía el pelinegro mientras llegaban al ministerio.

Un portón de madera tallado al estilo barroco con algunas imágenes grabadas se abría lentamente para darles el paso. Los otros se miraban unos a otros sorprendiéndose de la forma de esa construcción pues estaba tan inclinada como la torre de Pisa de Italia. Cuando entraron los vampiros se quedaban sorprendidos con todo lo que ocurría a su alrededor; pues papeles voladores abarrotaban el techo con diminutas alitas para dirigirse a las diversas oficinas asi como también pudieron apreciar una larga galera con chimeneas en los costados donde aparecían personas de la nada.

-No se queman?- Preguntaba la morena.

-Son chimeneas de la red flu, un medio de transporte utilizado que acorta el tiempo, pero debes ser preciso cuando visites algun lugar, pues yo la primera vez aparecí en otra para caminar cinco cuadras a donde quería llegar.

-Su desventaja es que llegas cubierto de hollín y es molesto tener que sacudirte durante el camino- Luna Lovegood caminaba como si nada con las manos introducidas en su túnica.

Observaban también una fuente danzarina que proyectaba la imagen de un hombre afroamericano con un sombrero chato y túnica color azul turquesa; posaba para la foto y claramente indicaba el nombre de "ministro de magia". Harry y Luna seguían con el camino pero los demás vampiros miraban toda esa escenografía totalmente fascinados, pues a pesar de vivir muchos años aquello era totalmente nuevo y por que no decirlo. Mágico.

Entraron por una compuerta de hierro dorado parecido a un ascensor común y corriente. Stefan tomaba la mano de Elena quien todavía miraba a su alrededor al igual que caroline para después introducirse a la par de los magos que los acompañaban. Harry indicaba fuerte y claro "Departamento de Aurores", y enseguida una voz femenina respondía al escucharla para indicar el piso y la oficina donde quedaba.

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