Editado y corregido: 14 de marzo de 2017
Capítulo 11
Fernando
He de admitir que mi cita con Aurora ha estado bien. Hemos disfrutado de un agradable paseo y después de una película sobre una escuela de lucha y baile en un cine dedicado a la filmografía de autor. Sin embargo, la inquietud de no poder hablar con Elisa no me ha abandonado en ningún momento. Necesito aclarar mis dudas y quedándome aquí parado no voy a conseguir nada. Tras acompañar a Aurora a su casa, regreso a mi hogar donde encuentro a mis hermanas en el salón cada una inmersa en sus quehaceres: Zaida en su ordenador acompañado de una desmesurada cantidad de información sobre universidades y Cristina enterrada en el sillón con la cabeza metida en uno de sus libros. No pasan ni dos segundos antes de ser descubierto por ambas que me fulminan con su mirada, ávidas de información.
- ¡Hermanito! -exclama Cristina con una sonrisa que raya la locura-. ¿Qué tal ha ido la cita?
-Bien, supongo -contesto sin querer dar detalles.
- ¿Supones? -exclama Cris-. De verdad Fer, no sé de dónde has sacado la vena romántica.
Ni quiero ni tengo ánimo para contestarla, me limito a salir de la sala evitando sus reproches por marcharme sin contarle nada de lo sucedido esta tarde. Subo a mi cuarto escuchando tras de mí los pasos apresurados de mi hermana a lo que reacciono cerrando la puerta y atrancándola con la silla de mi escritorio. Bloqueo las ruedas con unos lapiceros y ruego con todas mis fuerzas que no insista en entrar porque esta técnica no es efectiva si se empeña en abrir la puerta. Oigo sus pasos pararse frente a mi cuarto y la manilla moverse ligeramente entorpecida por el respaldo de la silla.
-Venga Fer, abre la puerta. Sólo quiero hablar
No. Lo que quiere es hacerme un interrogatorio que no pienso permitir que suceda. Vuelve a probar a empujar la puerta pero no con la fuerza suficiente como para desatrancarla. Poco después deja de insistir y escucho sus pasos alejarse de mi cuarto. Aliviado me tumbo en la cama e intento despejar mi mente. Quiero mucho a Cristina pero su vena periodística asoma con demasiada frecuencia cuando se trata de mí. Y lo peor es que puede ejercer la fuerza si es necesario para conseguir lo que quiere, es pequeña pero peleona. Alejo de mis pensamientos a mi hermana y procuro dejar la mente en blanco. Sin embargo, en cuanto cierro los ojos la imagen de Elisa descompuesta en los asientos traseros del coche de su madre aparece en mi cabeza. Elisa. Tenía que haber ido a verla esta tarde pero con Aurora de por medio no he podido. Estoy preocupada por ella y además hay demasiadas dudas en mi cabeza que necesitan respuestas. Después de percatarme de su molestia por vernos a su prima y a mí juntos me gustaría saber por qué se sintió así. Me rechazó y aun así se molestó. Además están empezando a salirse más piezas del puzle.
Aurora nunca me prestó demasiada atención, ni en el colegio ni posteriormente al entrar en el instituto. Recuerdo por ejemplo que en el colegio se las apañaba para traerse un arsenal de juguetes con los cuales montarse una casa en los recreos y en la cual muchos niños y niñas querían jugar. Yo ero uno de ellos, estaba acostumbrado a jugar así con mis hermanas pero no a ese nivel y me atraía la idea de tener todo aquel material de diversión. Nunca me dejó jugar, siempre había otra persona con quien le apeteciera más. Más adelante, cuando ya conocía a Elisa, comenzó a traer muñecas Barbie y de acción como corredores de carreras o deportistas de otro tipo. Ella los usaba como los novios guay de las muñecas pero a los chicos nos encantaba que tuviera de esos juguetes. Que te dejase jugar con ellos era un privilegio que siempre quise y que nunca tuve, además del motivo por el cual Elisa se enfadase conmigo en innumerables de ocasiones. Al final conseguía sacarme del grupo de chicos que quería entrar a jugar y me perdía en el recreo con ella.
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Una sonata para ti
Genç KurguElisa y Fernando son amigos desde que eran niños pero con el paso de los años Elisa no lo ve como tal sino como alguien con quien quiere compartir más que una amistad. Pero, ¿cómo conseguir algo así si incluso ser amigos ha pasado a un segundo plano...
