Epílogo.

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Lo sabía; desde el momento en que me había observado con tanta intensidad en la clase de matemáticas mi primer día en el instituto.

Yo sabía que no funcionaría.

Porque él era demasiado dulce y exasperante, positivo y soñador.

Porque yo era demasiado débil y corrompida, fatalista y estúpida.

Estúpida por haberlo dejado ir de esa forma, estúpida por no haberle dicho como me sentía. Porque aunque no funcionara, estaba allí; estaba allí pensando en él y en lo egoísta que hubiera sido conservarlo sólo para mí, llevarlo a la perdición conmigo, obligándolo a hundirse en mi oscuridad. En lo egoísta pero feliz que me sentiría si él estuviera a mi lado en ese preciso momento.

Finalmente, me encontraba de la misma situación que cuando había llegado a Bradford y a Holmes Chapel. Con la diferencia de que sabía que me encontraba lejos de mi hogar, pero no sabía cuál era ese en realidad. La frase trillada expone que donde esté tu corazón es donde está tu verdadera casa. Pero no se aplicaba en mí, cuando lo tenía dividido en un millón de pequeños cristales estrellados.

Y si, me había advertido a mi misma que no sería fácil.

Pero justamente, pensaba que no sería fácil; no que sería casi imposible. Porque me resultaba casi imposible desde mi llegada a Estados Unidos estar un sólo segundo sin pensar en Harry; en sus labios temblorosos, en sus mejillas mojadas, en su mirada vacía y en su tristeza tan profunda como un pozo ciego.

Quizás me había equivocado; o quizás simplemente no. Desde que pisé suelo americano, una idea que solía ignorar revolucionó mi cerebro: todo sucede por una razón y todo -tanto lo bueno como lo malo- vuelve. Solía pensarlo en Bradford, pero mi mente rechazaba el pensamiento. Me parecía estúpido utilizar ese consuelo cuando mi vida parecía haber puesto la bandera blanca para siempre. Pero había algo diferente en todo ese dolor. Había algo que no me permitía ser la misma, y era la forma en la que me sentía respecto a él.

Porque Harry, así como era, me había enseñado lo que era realmente amar. Si, había amado a Louis más que a nadie en su momento, pero era una clase diferente de amor. Era una niña; y ahora me sentía cerca de ser una mujer. Harry me había enseñado a amar como una adulta, a quererlo por encima de cualquier barrera que mi conciencia infantil quisiera poner. Porque había aprendido a dejar ir y dejar hacer, a abandonarlo sólo por su bien. Y eso era lo que tenía diferente esa vez; que, por primera vez, había pensado sólo en la otra persona a mi lado, y no en mí.

Creo cuando dicen que dos personas estan destinadas a enamorarse pero no a estar juntas; porque simplemente eso nos había sucedido. Harry invadió mi vida, y decidió buscar por todos lados y remendar cada pequeño trozo de mi corazón. Me llenó de una manera que jamás creí posible luego de todo lo que había sucedido. Colmó mi rutina de felicidad, igual que mi alma. Dejó su huella marcada en mí, a flor de piel, para nunca ser borrada de allí. Pero no era el momento; no era el instante nuestro.

Por algo así sucedió.

Harta del sufrimiento y buscando un cambio, el destino lo había colocado en mi camino sólo para recordarme que no era quien mostraba ser; sólo para mostrarme que la lujuria que sentía con él era la que se presentaba en mi personalidad original, y que no se iría aunque quisiera reprimirla. Él me demostró que aunque creía muerta y enterrada a la pequeña adolescente de catorce años enamorada de la vida, aún estaba ahí, esperando a ser rescatada. Me enseñó que existe el equilibrio entre la rebelde y la aniñada, y que precisamente ambas creaban quien era en realidad.

Me di cuenta que quizás toda mi vida había estado preparándome para ese momento; me di cuenta que quizás todo lo que había vivido antes me había llevado hasta Harry, quien me recordaba quien realmente era con cada beso, con cada caricia, con cada noche apasionada en mi habitación. Entendí que si no hubiese sido la Katelyn ingenua y pura, nunca hubiése sido la desobediente y rota, por lo tanto jamás habría llegado hasta él. Y de lo poco que estaba segura en mi vida, era que tenía que llegar hasta él. Sin importar cuantas veces la historia se repitiera una y otra vez.

Tal vez no tenía planes para mi futuro, como si los tenía cuando había llegado a Holmes Chapel. Tal vez dejaría que mi futuro se escriba sólo, paso a paso, como quisiera. Porque quizás ya no tenía nada que perder ni que ganar, pero quizás también estaba harta de llorar y lamentarme. Porque aunque mi cuerpo pidiera a gritos sentir el calor del suyo junto al mío, y sus brazos envolviéndome en seguridad, si tenía que volver suceder, sucedería.

Si tenía que suceder, encontraríamos la forma de volver. Otra vez hacia atrás.

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Lean la próxima actualización para saber sobre la segunda parte. 

All Over Again [Harry Styles]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora