Me desperté ahogando un bostezo, mientras la oscuridad se arremolinaba frente a mí. Esperé encontrarme a Noah de nuevo, demasiado asustadizo para ir solo a hacer sus necesidades, pero no tardé más que un instante en darme cuenta de que algo andaba terriblemente mal.
Los sonoros ronquidos de Seth, que antes habían inundado el granero haciéndome casi imposible conciliar el sueño, fueron sustituidos por una tensa calma. Ni siquiera se escuchaban los grillos en el exterior, y parecía como si todo el mundo hubiese decidido contener la respiración al mismo tiempo.
Aún medio dormido, capté un único ruido, que identifiqué como el sonido de alguien sorbiéndose la nariz, y que consiguió hacerme espabilar del todo, confundido. Sentí algo frío rozarme el cuello, y al enfocar mi vista, descubrí un brillo en medio de la oscuridad que me puso el vello de punta.
Ojos completamente negros me observaban desde arriba, mientras algo, que más tarde identifiqué como una garra, me presionaba la garganta. Antes de que pudiese decir nada, una luz entró repentinamente en mi campo de visión, esparciendo las sombras, y revelando al ser que se encontraba frente a mí; un Oscuro.
El corazón comenzó a retumbarme en los oídos, y girando ligeramente la cabeza hacia la derecha, busqué a los chicos.
«Por favor, que estén vivos, que no los hayan cogido» recé desesperado.
La mitad de mis plegarias fueron escuchadas, aunque desgraciadamente, no la otra mitad. Noah lloriqueaba en su cama, donde un Oscuro lo apresaba. Tenía una antorcha, la responsable de la repentina claridad, en la mano que no estaba utilizando para rodear el cuello de mi nuevo compañero, y sus ojos reflejaban las llamas con un brillo que solo podía anticipar lo peor. Seth, algo más alejado, se interponía entre Thomas y otros dos Oscuros en un intento de proteger a su amigo; aunque tenía una expresión furiosa, con las orejas encendidas, los temblores de su cuerpo lo delataban.
Los tres seguían aún con vida, aunque por la forma en la que los Oscuros nos habían rodeado, supe que no lo estaríamos por mucho tiempo.
—Admito que eres rápido, niño. —Una desagradable voz hizo que voltease bruscamente mi cabeza, hasta toparme de nuevo con los ojos del desagradable ser que me apresaba—. Y cubres bien tus huellas, aunque no esperábamos otra cosa de ti. Empezaba a temer que te habíamos perdido —dijo él con su maldito acento.
Entendí, sorprendido, que aquel grupo no era otro que el que me había perseguido hacía unas noches, los que habían puesto fin a la vida de mis padres y se habían llevado a Katherine. Escudriñe sus rostros emocionado; ya no importaba tanto que nos hubiesen acorralado, Katherine tenía que estar cerca. Sin embargo, tras reparar en los rostros de todos, no pude identificar al tipo que se la había llevado.
No estaba con ellos.
Era la segunda vez que escuchaba a un Oscuro hablar, y recuerdo que sentí cómo su aliento pareció adentrarse dentro de mí, provocándome una arcada que me sacudió el cuerpo. De niño, te hablan de sus apariencias, de sus terroríficas garras y sus inhumanos ojos, te advierten de que sólo buscan hacernos daño sin ninguna razón aparente, porque está en su sangre, porque son criaturas maléficas, pero nunca mencionan nada sobre su forma de hablar.
La habilidad de expresarse mediante palabras es algo demasiado humano, algo exclusivo de nuestra especie, por lo que me pareció atroz que ellos pudiesen. Pero lo que más me extrañó, por sobre todas las cosas, es que además compartiésemos el mismo idioma, algo que me perturbó profundamente.
¿Lo habrían aprendido con el objetivo de torturarnos? ¿Querrían que supiésemos lo que se nos venía encima antes de matarnos, o habría alguna otra razón?
ESTÁS LEYENDO
ASESINOS DE ALMAS
FantasyEl mundo de Jason se encuentra dividido por una cruenta guerra que inició hace miles de años y que no parece tener fin. Los Oscuros son criaturas con aspecto casi humano pero con cualidades que los hacen ciertamente peligrosos. Parecen odiar a la es...
