CAPÍTULO 30

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Un grito dio inicio a la pelea.

Thomas no había estado muy atento de la persona frente a él hasta ese momento, pero los voceríos de Alyssa siempre eran imposibles de ignorar. El choque de madera contra madera comenzó a sonar alrededor de él, distrayéndolo de nuevo, incapaz de ignorar lo que ocurría a unos metros frente a él, tras su propio rival. Dan y Noah estaban teniendo un enfrentamiento más bien poco productivo, ya que ninguno de los dos se atrevía a avanzar mucho.

Un paso hacia delante de Dan, y Noah daba dos hacia atrás, una ligera inclinación del cuerpo de Noah hacia adelante, y como dos imanes repeliéndose, Dan se inclinaba hacia atrás. Era bastante entretenido de ver, incluso divertido, pensó Thomas, pero por desgracia no pudo observar mucho más.

Derek se abalanzó sobre él, probablemente impaciente al ver que él no daba signos de querer empezar con aquello. Esto hizo que Thomas tuviese que reaccionar, le apeteciese o no, puesto que no quería llevarse un espadazo en la cara. Puede que no fuese a cortarle por la mitad, pero no había que despreciar el poder de un arma en buenas manos, decía siempre Yoel, daba igual el material del que estuviese hecha.

Por suerte para él, Derek no tenía buenas manos, o al menos no cuando se refería a la lucha con espadas, porque fue extremadamente fácil para Thomas desviar el golpe con la suya. Pudo haber arremetido contra él, darle en el cuello o en cualquier parte en la derecha de su cuerpo, ya que su guardia estaba completamente abierta, pero le pareció innecesario. ¿Para qué lastimarse los unos a otros? No tenía sentido, por mucho que Alyssa insistiese en que eso les haría más fuertes. Thomas pensaba que era suficiente con hacer el amago de un golpe, con practicar sin llegar a las manos. Ya habían tenido suficiente de eso durante los últimos cuatro meses; había llegado a odiar los combates cuerpo a cuerpo casi incluso más de lo que se odiaba a sí mismo. Y ya era complicado.

Por lo menos aquella fase del entrenamiento no era completamente horrible. No había que recurrir siempre a la violencia, y sorprendiendo a todos, inclusive a sí mismo, a Thomas se le daba bien. Muy bien, de hecho, tanto que había recibido más de una alabanza de Alyssa, aunque esto le importaba bien poco. No le gustaba aquella mujer. Le recordaba un poco a su abuelo, con ese carácter tan fuerte y esa forma de imponerse a los demás en todo momento. Incluso aquella forma de mirarle que solía darle escalofríos...

Thomas sacudió la cabeza bruscamente, dejando de lado sus cavilaciones justo cuando Derek recuperaba el equilibrio y lanzaba un tajo hacia él. Consiguió esquivarlo, pero sintió cómo peinaba algunos de sus cabellos. Tenía que cortárselo ya, pensó, lo tenía demasiado largo para su gusto. Todos lo tenían bastante largo, ahora que se fijaba; el de Seth llegaba hasta la parte alta de su cuello, pero como todo, le sentaba bien. No se podía decir lo mismo sobre Jason y Yoel, sin embargo, quienes lo tenían algo ondulado, dándoles el aspecto de un par de vagabundos greñudos. El rubio cabello en la coronilla de Jason se levantaba de una forma graciosa, luchando obstinadamente contra la gravedad. Hasta su cabello era terco, se fijó con una sonrisa.

Un golpe en el hombro derecho le hizo soltar un quejido, más de sorpresa que de dolor. Derek le dedicó una mirada que dejaba muy claro que o se tomaba aquello en serio, o el próximo golpe no sería de advertencia. Thomas esbozó una sonrisa de disculpa y se puso serio; cogió la espada con ambas manos, la derecha pegada a la guarda y la izquierda al pomo. Deslizó su pie derecho hacia adelante, dejando el izquierdo ligeramente atrás, e inclinó su cuerpo. Esperó a que Derek se moviese, y entonces contraatacó.

Utilizó la potencia de su propio golpe para desviarlo hacia la derecha. La espada de Derek salió volando; pudo ver su cara de disgusto. Por eso era tan importante sujetarla correctamente, cómo le había enseñado Yoel. Aunque a veces era un bruto, tenía bastante paciencia a la hora de enseñar y se explicaba bastante mejor que la propia Alyssa. No sabía cómo la mujer había acabado en aquel lugar, formando a futuros soldados, pero estaba claro que no era algo que le encantase. Thomas dio un giro de trescientos sesenta grados, y frenó justo cuando su espada estaba a punto de golpear el cuello de Derek.

ASESINOS DE ALMASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora