Cerca de las instalaciones del cuartel había un terreno despejado que utilizábamos para entrenar. Si bien es cierto que Seth y yo tardamos un mes más en unirnos a los demás, la verdad es que yo me adelanté un poco entrenando por mi cuenta. Las semanas de antes a que nos dieran oficialmente el alta, mi herida ya rara vez me molestaba, por lo que solía escaparme para ejercitarme por las noches, cansado de tanto dormir durante todo el día.
En ocasiones conseguía arrastrar a Thomas conmigo, pero cuando no podía levantarlo de su cama ni aún sobornándolo con material de dibujo que sonsacaba a los guardias a base de mentiras, como Dan me había enseñado a hacer, me iba por mi cuenta. Había algo en el silencio de la noche que me reconfortaba e inquietaba a partes iguales. Puede sonar confuso, pero la tranquilidad que antes experimentaba cuando me tumbaba junto a mi lago bajo las estrellas, disfrutando de la soledad, ahora chocaba con los recuerdos de todo lo que había perdido. Antes disfrutaba estar por mi cuenta, pero descubrí, no sin sorpresa, que ya no soportaba estar solo.
Aun así seguía yendo a aquel sitio a entrenar y me esforzaba por recordar la voz de mi madre dándome instrucciones, las cosas que me había enseñado, a pesar de que siempre me hacía arder la garganta y mis ojos escocían. Sacaba alguno de los maniquís del cobertizo en el que estaban guardados todos los utensilios y golpeaba con fuerza al muñeco hasta que mi visión se nublaba debido a las lágrimas y acababa desplomándome sobre el suelo.
Por suerte, rara vez entrenaba solo, por lo que no siempre tenía que pasar por el mal trago. Aunque no fueron muchas las ocasiones en las que Thomas vino conmigo, para mi sorpresa no era el único que aprovechaba las noches para mejorar sus habilidades de combate; Caleb, a pesar de que debía dormir a lo sumo unas cuatro o cinco horas al día, solía sacrificar su descanso para mejorar.
La primera vez que coincidimos nos quedamos los dos mirándonos sorprendidos, sin saber muy bien cómo reaccionar. Aunque después de nuestra última conversación al principio estaba bastante cauteloso conmigo, pronto dejo eso de lado y propuso que entrenásemos juntos.
Peleábamos sin descanso, aconsejándonos mutuamente, y poco a poco empezamos a hablar más y más. Al principio era sobre tonterías que nos habían sucedido a lo largo del día, algo que nos hubiese llamado la atención o cosas por el estilo, pero aunque ninguno mencionamos nunca nada sobre antes de unirnos al ejército o sobre lo que pasó en el despacho de Alyssa, sí que tuvimos conversaciones bastante interesantes.
—¿De verdad piensas eso que dijiste sobre los nomads? —me preguntó una noche mientras practicábamos golpes directos—. Me asombró que pensases en ellos como una opción para unirse al ejército.
—¿Y por qué no? —dije molesto, lanzando un golpe con mi puño derecho. Caleb lo frenó sin mucho esfuerzo, indicando que volviese a repetirlo—. No te tenía por uno de esos pueblerinos llenos de rabia que odia a todo lo que no se asemeja a ellos. Mi madre siempre decía...
Me detuve rápidamente con una aspiración tras darme cuenta de que la había mencionado sin darme cuenta. El golpe que acababa de lanzar perdió fuerza y se desvió, y Caleb aprovechó para darme un golpecito a modo de advertencia con el guante con el que frenaba los golpes en la mejilla. Sonrió comprensivo, dándome otro toque en el hombro y me indicó que siguiese atacando.
—No, no, me has malinterpretado. Me refería a que me sorprendió en el buen sentido. Tú y tus amigos no sois como los típicos... No sois como la mayoría.
—Ya bueno, digamos que hemos visto lo suficiente.
Caleb se me quedó mirando de forma extraña, como asimilando mis palabras. Aproveché la ocasión y le di un toque en el estómago. Entonces, sin explicación alguna, comenzó a quitarse los guantes en silencio. Por un momento pensé en haber dicho algo que no le hubiese gustado, pero incapaz de comprender el qué, me quedé observándolo desconcertado.
ESTÁS LEYENDO
ASESINOS DE ALMAS
FantasyEl mundo de Jason se encuentra dividido por una cruenta guerra que inició hace miles de años y que no parece tener fin. Los Oscuros son criaturas con aspecto casi humano pero con cualidades que los hacen ciertamente peligrosos. Parecen odiar a la es...
