CAPÍTULO 18

418 83 55
                                        

De pie frente a Illya, los chicos y yo observamos la imponente muralla en silencio. A la luz del atardecer, los pedacitos de vidrio oscuro relucían como estrellas en el firmamento. Si ignorábamos el motivo por el que había sido construida, parecía casi mágica. El camino de piedra que habíamos estado siguiendo conducía directo hasta la propia puerta y continuaba por debajo de esta. Posiblemente era lo único capaz de traspasarla, y de repente me acordé de las palabras del nomad llamado Dallas: "Alguien del interior les ha tenido que abrir".

Era simplemente estúpido, ¿por qué alguien en su sano juicio iba a invitar a pasar a unos monstruos a su propio hogar? ¿Por qué había apuntado al mismísimo Consejo como responsables de ello? No tenía ningún sentido.

Negué con la cabeza mientras balanceaba mis pies por el borde del carro y observé a Noah corretear de un lado a otro curioso, pasando sus manos por el muro. Yoel estaba quejándose de que lo estaba poniendo nervioso, pero Ronan defendió al menor con una pequeña sonrisa, alegando que era normal su emoción y que lo dejase hacer lo que quisiese. Por lo general Ronan siempre tenía una expresión apacible, pero después de pasar algún tiempo con él me descubrí pensando que había algo en su sonrisa que no me acababa de convencer, que no parecía real.

Thomas era el único que no había bajado del carro, junto con Seth y conmigo, y se encontraba pasándole un poco de agua al mayor. Tenía mejor aspecto, como si el haber llegado por fin a Illya le hubiese levantado el ánimo, pero aun así seguía estando algo más pálido de lo usual.

—Bueno —dijo Aidan apoyando ambas manos en su cadera con una sonrisa de oreja a oreja—. Por fin estamos aquí... ¿Y ahora qué?

Lucía contento. A diferencia de Ronan él sí que parecía encontrarlo todo verdaderamente entretenido y aunque estoy seguro de que habló por hablar, su comentario nos hizo darnos cuenta de algo.

—¡Ahora entramos a Illya y nos unimos al ejército! —rio Noah mientras corría hacia nosotros—. ¡Y después el banquete!

—Claro, como no se nos había ocurrido. Solo hay un pequeño problemita —declaró Yoel con un actuado tono inocente. Después de unos segundos se volvió hacia Noah, cambiando por completo su expresión por una mueca irritada y le arreó una colleja—. ¿Cómo narices vamos a entrar? Piensa por una vez en tu vida, mocoso.

—¡Oye! ¡Pero serás bruto! —comenzó a refunfuñar Seth mientras Thomas trataba de mantenerlo sentado—. ¡No te preocupes, Noah, cuando me recupere le daré una paliza! ¡Se va enterar ese...!

—Yoel, por favor —suspiró Ronan.

—Pero si solo le he dado un toque.

—¿Podemos volver al tema de cómo entramos, por favor? —pedí cansado—. Ya sabéis, por el pequeño detalle de que no podemos quedarnos la vida aquí parados y se está haciendo de noche.

Hundí la cabeza en el cuello de mi abrigo, mientras reprimía un escalofrío. Cada día que pasaba las noches eran más frías. No me apetecía pasar otra más a la intemperie. Además, el agua escaseaba y se nos habían acabado las provisiones, por lo que me moría de hambre y estaba seguro de que no era el único.

—Os estáis poniendo paranoicos. Ronan no nos habría traído hasta aquí si no supiese cómo entrar, ¿no? —aseguró Thomas mirándolo confiado.

Tiene sentido, pensé.

Nos giramos todos hacia Ronan con una inquietante sincronía, esperando sus indicaciones.

Nunca llegaron.

En su lugar, Ronan abrió los ojos de par de par, mientras sus mejillas se teñían de un intenso rojo bajo nuestra atónita mirada. Me dejé caer hacia atrás en el carro, llevándome las manos a la cara.

ASESINOS DE ALMASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora