CAPÍTULO 21

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La mañana llegó y yo apenas había dormido. Las palabras de mis compañeros daban vueltas en mi cabeza. Por más que había tratado de ignorarlas, me había resultado imposible.

Al principio había pensado igual que Seth, en lo imposible del escenario que habíamos pintado. Había recordado las historias de mi madre sobre sus días en el ejército, la camaradería, la preocupación por el bienestar de todo el mundo, la valentía de los soldados... Y recordé también lo poco que me había hablado del Consejo, la tensión que mostraba cuando lo mencionaba y la repentina forma en la que mi padre había dejado su puesto.

No tenía forma de responder a las innumerables preguntas que se amontonaban en mi cabeza, pero lo que sí sabía era que necesitaba entrar en el ejército, hacerme fuerte, o sino mis posibilidades de encontrar a Katherine serían aún menores, por lo que opté por dejar todo lo demás de lado, al menos por el momento.

El sonido de unos caballos despertó a Seth. Me dedicó unos buenos días amortiguados por la almohada antes de seguir roncando, mientras yo me precipitaba hacia la ventana. No se veía gran cosa desde mi posición, por lo que salí al pasillo donde me encontré con Ronan, perfectamente peinado y aseado, y a Yoel, con el cabello revuelto y la camisa medio desabrochada. Los demás o no habían escuchado el jaleo, o simplemente se habían desentendido del tema.

Unos soldados nos indicaron que bajáramos para encontrarnos por fin con la tal teniente Mason, y de paso nos advirtieron que no hiciésemos ninguna tontería. Era altamente reconocida dentro del ejército y habíamos tenido la suerte de que tenía asuntos que atender por allí, nos explicaron, pero si hacíamos alguna tontería nos lo harían pagar muy caro.

No sé qué tipo de persona había estado esperando, pero aun así consiguió sorprenderme.

Nos esperaba al pie de las escaleras, con una postura relajada y una suave sonrisa; no era precisamente intimidante, pero había algo en ella que me hizo tragar saliva. Aparentaba unos veintitantos años y tenía una melena larga y rubia recogida en una coleta baja, además de unos ojos verdes y severos. Era alta y se notaba que estaba fuerte, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta su posición. Portaba una larga y fina espada atada a un cinto, y pude decir solo por su postura y la forma en la que apontocaba su mano sobre la empuñadura, que no dudaría ni dos segundos en usarla contra nosotros.

Un paso en falso y estábamos muertos.

Se presentó como la teniente Alyssa Mason. Vestía el uniforme del Ejército Imperial, el mismo que mi madre aún guardaba en su armario antes de que nuestro hogar fuese reducido a cenizas. La parte superior del uniforme estaba formado por una camisa, una corbata y una larga gabardina que le llegaba hasta algo más abajo de las rodillas. En la parte frontal reposaban bordados dorados; condecoraciones. Todo lo demás era blanco, incluidos los pantalones y las botas, salvo el cinto, que destacaba con el color oscuro del cuero.

El aspecto angelical del rostro de aquella mujer la hacía verse como algo celestial, algo que no pertenecía a este mundo, lo cual no era coincidencia. Los colores del Ejército Imperial pretendían representar la pureza de su obra, y por ende la de sus combatientes. La misión que empeñaban les proporcionaba el estatus de intocables, el honor de ser la espada de la humanidad, el arma que nos permitía avanzar. Muchos los consideraban enviados por el mismísimo Azriel.

—Este es el chico que dice ser hijo del gobernador Richmond —comentó la soldado con la que habíamos venido señalando a Yoel—. ¿Le reconoce?

Alyssa inspeccionó a Yoel de arriba abajo, con una precisión que me habría puesto los pelos de punto de haber sido yo a quien escrutaba. Sin embargo, mi compañero se quedó como si nada, con las manos metidas en los bolsillos en una postura tan relajada como la de la propia Alyssa. No obstante, la mirada de Yoel relucía amenazante, algo que no se molestó en esconder.

ASESINOS DE ALMASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora