—¡¿Lo ves?! ¡Te lo dije! ¡Tú bromita nos ha salido cara! —exclamó Seth, haciéndose oír por encima del barullo que se había formado.
—¿Y cómo narices iba a saber que de verdad iba a pasar algo así? Ni que tuviese yo la culpa —se defendió Yoel. A pesar de eso se le veía un tanto intranquilo.
—¡Pues lo que oyes! ¡Hay cosas con las que no se puede bromear! Mira lo que ha pasado ahora, ¡zape, zape! —pronunció Seth mientras se limpiaba un polvo imaginario de los brazos.
—No te comportes como una mojigata. ¡Deja de hacer eso! —gruñó Yoel propinándole un empujón.
Seth se tambaleó ligeramente, pero siguió con su cántico para alejar la mala suerte, o lo que sea que fuese eso. Dudo mucho que Yoel pensase realmente que aquello había pasado por lo que él había dicho, pero por la forma en las nos miraba, sobre todo a Noah, Thomas y a mí, estaba claro que ya nos estaba enterrando en su imaginación. Por otro lado, Dan, quien ya de por sí era pálido, alcanzó el estatus de fantasma, mientras que Noah se aferraba con una mano a Thomas y la otra a mí. Este último miraba al cielo con una expresión indescifrable, apretando los dientes.
Yo no sabía qué pensar. Lo primero que me vino a la cabeza es que no había forma de que Alyssa pudiese permitirse perder a la mitad de sus reclutas, sobre todo debido a la precaria situación del ejército, pero aquella carta y la mirada de Alyssa gritaban que iba muy en serio.
El único que parecía contento con aquella situación era Axel. Deseé que lo emparejasen con Yoel para que le diese su merecido. Esperaba que al menos los enfrentamientos estuviesen nivelados en cuestión a tamaño y fuerza, pero eso significaba que probablemente me tocaría con Thomas o Noah. Y daba igual lo mucho que quisiese encontrar a Kate, daba igual lo mucho que necesitase estar allí; no pensaba hacer algo así, cogería mis pocas pertenencias y me largaría. No lo haría ni aunque tuviese que luchar con el resto de chicos a los que ni siquiera conocía.
—Yo no quiero matar a nadie —se lamentó Noah—. Pero tampoco me quiero morir.
—No va a morir nadie, ¿vale? —aseguró Ronan—. Esto es solo una farsa para darnos una lección por nuestro comportamiento. Nada más. No tiene sentido que quieran perder a tantos chicos cuando es evidente que les hacemos más falta que nunca.
A pesar de que Ronan consiguió tranquilizar a la mayoría, no sirvió conmigo. Tampoco con Thomas, que ya parecía haber entendido cómo funcionaba Alyssa, ni con Caleb. Estaba de espaldas y no se giró a mirarme en ningún momento. Solo podía ver ligeramente su perfil; sus labios estaban apretados en una línea recta y miraba hacia el frente, a algún lugar en el horizonte. Conocía esa expresión; era la que ponía cuando conseguía acertarle un gancho en el hígado.
—No os preocupéis —dijo Alyssa mientras paseaba tranquilamente de un lado a otro frente a nosotros—. Ya sé que esto es algo inusual, pero creo que es necesario que entendáis lo que os jugáis. No os obligaré a nada, está claro, si queréis marcharos, podéis hacerlo ahora, pero si decidís luchar, no habrá piedad para el perdedor, porque en el campo de batalla tampoco la habrá.
—Señora —levantó la mano Emmet. Estaba tan nervioso que su frente estaba empapada en sudor, su cabello oscuro pegado al cogote. Era alto y como Noah algo rellenito, lo cual era lógico viniendo de Vallia, una de las capitales más ricas habitada casi enteramente por apoderados mercaderes—. ¿No cree que esto es demasiado? La mayoría de nosotros aún no sabemos ni cómo defendernos.
—Es cierto —admitió Alyssa, acallando el coro de voces que le daban la razón a Emmet—. Por eso solo lucharán dos personas que ya han demostrado suficiente formación. Que al resto os servirá de inspiración. El primer combatiente será el veterano del grupo, Axel, a quien solo le faltan tres meses para acabar con el entrenamiento.
ESTÁS LEYENDO
ASESINOS DE ALMAS
FantasyEl mundo de Jason se encuentra dividido por una cruenta guerra que inició hace miles de años y que no parece tener fin. Los Oscuros son criaturas con aspecto casi humano pero con cualidades que los hacen ciertamente peligrosos. Parecen odiar a la es...
