CAPÍTULO 17

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Los chicos dormían en el carro profundamente, pero yo no podía acostumbrarme a la sensación de estar vagando por un lugar que si bien parecía completamente igual al sitio en el que me había criado, era tan diferente. Parecía mentira que una simple muralla podría dividir dos lugares de una forma tan absoluta. No podía apartar mis ojos del cielo, aclareciéndose poco a poco conforme el sol iba saliendo. Estábamos en el mundo exterior y ni siquiera la fiebre ni el dolor en mi costado fueron suficientes para enturbiar el momento. Ni siquiera lo que esos nomads habían dicho sobre el ejército y el propio Consejo tres noches atrás.

Ronan no había querido seguir escuchando sus historias. La verdad es que yo se lo agradecí porque estaba empezando a perder la consciencia de nuevo. Incluso mientras nos alejábamos, ellos habían seguido diciendo que estábamos cometiendo un error, que no sabíamos nada sobre la vida, pero daba igual lo que dijesen, estaban cegados por el odio y nosotros no podíamos creerles.

O al menos así me habría gustado que fuese.

No podía saber qué era en aquel momento, pero un sentimiento se había asentado tanto en mi corazón como en el de mis compañeros, un sentimiento que lo cambiaría todo. Por aquel entonces todavía era algo pequeño, casi imperceptible, pero con el paso del tiempo empezaría a coger forma; la sombra de la duda. Probablemente si no nos hubiésemos topado con aquellos nomads las cosas habrían resultado muy diferentes, más fáciles, pero así es la vida, un simple encuentro, unas simples palabras lo pueden cambiar todo.

Nada más llegar al carro, nos habíamos encontrado con un Seth despierto, que había intentado arrastrarse hasta el suelo. Apenas podía ni respirar en condiciones, pero aun así se las arregló para echarnos la bronca de nuestras vidas. Parece ser que sobreestimé su cansancio y se había despertado para descubrir no solo que no estábamos por ningún lado, sino que además no paraban de sonar disparos en algún lugar en el bosque; cuando llegamos estaba simplemente histérico.

Thomas me había vuelto a coser la herida, con el ceño fruncido y una mueca de concentración, mientras Noah machacaba unas hierbas y hacía una infusión para Seth y para mí pese a que ni siquiera se había encargado de su propia herida, que seguía goteando por su barbilla hasta el suelo.

El calor había inundado mi sistema al beberla y por algún motivo me hizo romper a llorar. Había tratado de balbucear una disculpa, ya que al fin y al cabo había sido culpa mía que las cosas se hubiesen torcido de aquella forma. Si pensé que eso haría que sus corazones se ablandasen, no pude estar más equivocado.

—¿Cómo se te ocurre? —había preguntado Ronan—. Podrían habernos matado a todos. Los planes están para algo, no puedes simplemente actuar sin pensar, dejarte llevar por tus emociones. Tienes que aprender a controlarte.

De nuevo, intenté balbucear una disculpa que fue cortada sin piedad.

—Mira, lo entiendo, todo esto es demasiado, estabas herido, delirando incluso y querías ser útil. Eso lo respeto, pero tienes que entender, y esto va para todos, que ahora mismo no podemos actuar de forma independiente. Lo que uno haga, repercutirá directamente en el resto. Lo que significa que si uno mete la pata, el resto está sentenciado también. Nuestras victorias y nuestras derrotas, todo, no es algo que acarreemos individualmente, sino como un grupo de siete, y será así mientras viajemos juntos. Ya lo dije una vez, pero lo vuelvo a repetir. Si alguien aquí es incapaz de pensar más allá de sí mismo o cree que le iría mejor por su cuenta, le invito a probar suerte.

Todos permanecimos en silencio a pesar de que la regañina estaba en buena parte dirigida hacia mí. Seguí llorando mucho después de que finalizara el discurso de Ronan, incluso cuando todos aseguraron que lo dejarían pasar, que simplemente tuviese cuidado la próxima vez. Pero al menos todo aquello me sirvió para entenderlo de una vez; teníamos que confiar los unos en los otros si queríamos seguir con vida.

ASESINOS DE ALMASDonde viven las historias. Descúbrelo ahora