Capítulo 05

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Capítulo 05


Continúe vacilante, dando vueltas con aquella pequeña criaturita entre mis brazos. A pesar de verla, de enfocarme tan solo en su rostro, mi mente estaba nublada, tenía estragos en la cabeza que me llevaban a algún otro lugar menos aquí.

No podía negar la impresión que me había dado aquel hombre, no podía mentirme diciendo que había algo extraño en él, y no hablaba solo de esa aura oscura y perturbadora que tenía alrededor. Era su manera de verme, su manera de hablar y sobre todo la reacción que tuvo cuando yo supe cuál era su nombre... Él simplemente se esfumó.

— No sé qué diablos quieres. — pegué un brinco al escuchar la voz de Lorenzo, parecía enojado o al menos demasiado histérico.

— Y yo no sé de qué diablos hablas. — esa era Nina.

— Yo no soy Daniel, Nina. No te equivoques conmigo. — espetó. — Sé lo que intentas pero te digo desde ya, que ha sido una decisión tomada por todos los involucrados.

¿De que estaban hablando?

— Y eso qué, lo único que quería era que Joanne estuviera bien.

— Y lo hubiera estado con o sin él. Y sin embargo, has hecho todo al propósito sabiendo qué... — dejaron de hablar y yo retrocedí dejando de escuchar tras la puerta. Enzo entró a la habitación y apretó los dientes al verme. — Hola Margaret.

— Hola Enzo, hola Nina. — intenté fingir la mejor sonrisa que podía. Entre mis brazos la pequeña empezó a retorcerse por la bulla que habían hecho.

La acuné y mecí para evitar que llorara. El semblante de Enzo se relajó y en cambio me regaló una pequeña sonrisa.

— Lo haces bien con los bebés. — asentí en agradecimiento. Sí, me gustaban los niños, ese olor suave que tenían de recién nacidos, que fueran tan delicados y tan pequeñitos.

Estaba segura de que cuando tuviera a mi bebé sería de esas mamás que no podían dejarlos solos nunca, que los engreirían y sostendría en brazos siempre. Aquel pensamiento me hizo sonreír y me recordó que debía hablar con Enzo, además de pedirle mi historial médico también quería confesarle la verdad.

No me sentía del todo bien haberle confesado a un desconocido sobre mi embarazo antes que a Dereck, por lo que planeaba contárselo lo antes posible.

— Creo que deberíamos llevarla con Joanne, tendrán que alimentar a la niña. Los bebés vampiro no se alimentan de leche precisamente. — revoleó los ojos.

— Y de que se...

— Mejor no preguntes. — recomendó Enzo. Con tristeza entregué a Nina la niña y luego ella se marchó de la habitación. Era un lugar especialmente para la pequeña Annibal, y así había un lugar para cada bebé. — ¿Te encuentras bien? — giré mi rostro encontrándome con Enzo.

— Umm sí.

— Te noto algo dispersa. — entornó los ojos.

— Es solo cansancio. — traté de excusarme, sus ojos brillaban, a veces trataba de no mirarlo tanto o parecería raro.

— ¿Puedo hacerte una pregunta? — él asintió algo dubitativo. — ¿Por qué tus ojos siempre son rojos? — para sorpresa mía, Enzo sonrió.

— Bueno esa pregunta es fácil. — ¿Acaso esperaba algo más difícil? — Antes de ser vampiro era un druida, ya sabes aquellos que confundían con brujería y hechicería, pero éramos más cercanos a la naturaleza. Solo algunos druidas sobreviven a una mordida de vampiro o licántropo, y cuando sucede el cambio, es totalmente evidente en nosotros. Al principio somos más como animales que personas, mis ojos solían ser entre un color ámbar oscuro, después de convertirme jamás volvieron a ser iguales.

Tengo Sed de Ti - IIIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora