Dereck II
Hace dos años — Fiesta de Beneficencia.
<<< Margaret Wood, nadie me había dicho que esa mujer era excepcionalmente bella. Que detrás de ese rostro joven, inocente y tierno. Había una chica sexy, fría y dominante. El color rojo le queda fenomenal en ese delgado cuerpo, su piel parecía de porcelana brillando por algún tipo de crema corporal que suponía y se había aplicado.
No podía negar que había salido un lado primitivo de mí que no recordaba, aquel que quería marcar territorio como si fuese algún clase de alfa y en mi interior esa molestia iba creciendo de a poco, saber que Lucian Hunter la tenía me molestaba tanto que no podía explicarlo, era esa sensación de que ella no debería estar a su lado, si no, del mio... Debía ser mía.
—Disfrutando de la vista primito. — me sonrió Enzo cómo el puto gato de Alicia en el país de las maravillas. Enarqué una ceja porque no esperaba ver a Lorenzo aquí, tenía entendido toda la familia se encontraban con los Mickelson en Irak.
—La vista está hecha para eso Lorenzo, para ver y disfrutar de ella. — él se encogió de hombros y acomodó el cuello de su camisa. — Quizás deberías decirle a la mujer con la que te acuestas que sea un poco más cuidadosa. — lo vi tensarse y cubrir su cuello. — Ponte una corbata, no va contigo ese labial palo rosa.
Lorenzo contrajo sus dientes y avanzó contra el tumulto de gente perdiéndose entre ellos. Fruncí el ceño porque su actitud significaba que había vuelto a verla, había retomado su relación con esa mujer, de la cual todos desconocemos. Lorenzo solo se había enamorado una vez y así sería por el resto de su vida, al ser un druida está destinado a ello. Conocía a mi primo, detrás de esa sonrisa socarrona, el perfil de mujeriego y play boy, se encontraba un hombre noble que solo se veía hacia abajo cuando se trataba de aquella chica misteriosa.
Salí de mis pensamientos cuando volví a ver a Margaret Wood, esta vez se encontraba sola mirando algo distraída y reacia alrededor. Decidí que era momento de hacer un movimiento inteligente, ir tras ella era todo un reto que yo quería cumplir.
— ¿Por qué tan sola? — susurro, chocando mi aliento contra la piel desnuda de su cuello. — Es de mala educación ignorar a una persona, señorita.
Ella se estremece, y es un placer notar que reacciona ante mi cercanía— ¿Qué quieres? — el tono hosco con el que me habla me vuelve malditamente loco.
— ¿Siempre es así, Maggy? — la rodeo.
— No me llame así.
— Dijo que lo hiciera.
Le irrita que no le tenga miedo, que su actitud de chica mala no me intimide.
— Pues olvidé lo que le dije.
— ¿Quieres bailar? — me aventura y tomo su mano.
— Yo no bailo.
— Oh, sí lo harás bella.
— ¡¿Que mierda estás haciendo?! — aprieta sus dientes y abre enorme sus ojos.
— Tienes la suerte de que yo sea un excelente bailarín.
Su rostro pasa de confusión a rabia, sus pómulos enrojecidos son adorables y el rosa en sus delgados y bonitos labios es apetecible. Noto que mira alrededor, temiendo llamar la atención y luego vuelve a mirar justo a los ojos.
La música suena, la muevo al ritmo de esa balada lenta y encantadora, no pasó desapercibido que ella me pisa a propósito pero yo solo mantengo la sonrisa en mi rostro y disfruta de tenerla cerca.
