Capítulo 13
Mi corazón latía con demasiada prisa, mis piernas temblaban con forme cada paso que daba.
¿Por qué estaba haciendo esto? ¿Arriesgar mi vida por alguien a quien no conocía realmente? ¿Por quién solo sentía más que una simple empatía?
Pero esta corazonada interna no me dejaba hacer nada más que actuar, actuar por instinto y continuar. Crucé la calle quedando frente al callejón, que cada vez se volvía más oscuro y atemorizante.
Regresé mi vista hacia el auto asegurándome por si Emma ya había vuelto pero nada, ni un solo rastro de mi amiga. Tomé una respiración profunda y me adentré entre las paredes de este apestoso lugar. Caminé con firmeza hacia el muro por donde se habían metido ellos y traté de recordar dónde exactamente habían presionado o tomado el ladrillo.
Por supuesto que el genio que llevo dentro de mí no recayó en la idea de que era una maldita pared de ladrillos, por lo que no sabía cuál de todos abriría la pared misteriosa.
Piensa Maggy, piensa, usa ese cerebro con corto circuito.
Pensé y pensé tratando de recordar, tantee los ladrillos pero todos parecían adheridos ninguno me hacía sospechar nada. ¿Y si lo había alucinado? No... No estaba tan loca como para empezar a alucinar cosas.
Solo hablas con tu subconsciente.
Seguí jugando y estiré mi cuerpo un poco más hasta alcanzar otro ladrillo con una pequeña rajadura en medio, traté de sacarlo pero por la altura en la que se encontraba se me era muy difícil, me apoyé del bote de basura parándome de puntillas y poco a poco comenzó a moverse.
Mordisquee mi labio inferior al hacer fuerza y cerré los ojos cuando un poco de polvo me cayó en la cara. Uno... Dos... Tres, casi pegué un grito cuando el ladrillo cayó con fuerza, por suerte logré sostenerlo a tiempo.
Retrocedí cuando la pared empezó a moverse y botar muchos residuos llenos de suciedad, cubrí mis ojos con mi antebrazo tosiendo en el proceso y vislumbré anonadada como la pared se abría dejando al descubierto un pasadizo secreto.
Había apenas una luz verde que alumbraba la cuarta parte de ese pasillo, era más que terrorífico, no había una luz al final del camino, solo oscuridad, ni siquiera sabía a dónde me llevaría.
Supe que era momento de volver, debía enseñarle a Emma lo que había descubierto, de esa manera sería más fácil entrar. Metí el ladrillo en su lugar y me estremecí al escuchar el sonido del motor de un auto, sonaba lejano aunque poco a poco iba acercándose.
De inmediato me puse ansiosa sin saber que hacer o decir, la pared se iba cerrando de a poco y teniendo claro que era la idea más estúpida que se me pudo ocurrir, entré al pasadizo a poco tiempo de que la pared se cerrara.
Tapé mi boca con las manos y me apegué a los muros. La pared se cerró dejándome encerrada en completa oscuridad.
No había más luz que esa simple de color verde opaco, y tenía miedo, mucho miedo y no por mí sino porque hasta ahora entendí el riesgo que había tomado y que no sólo mi vida dependía de ello sí no la vida de mi bebé.
Llevé una mano a mi pecho, el cual subía y bajaba con irregularidad. Debía de calmarme y pensar claro. Piensa, Maggy, piensa. Me repetí.
Saqué mi móvil y traté de alumbrar, automáticamente apareció la opción de linterna, lo único que me rodeaban eran paredes grises con algunos grafitis en ellas.
