Capítulo 22
— Marcial Russo, un maldito narcotraficante, dueño de bares y prostíbulos de una de las calles más concurridas de la vieja Italia.
— Sabía que debíamos matarlo. — espetó Ethan apretando su mano en puño estrellándola contra la mesa de mármol.
— No hemos tenido noticias de él en meses, di por hecho que no volvería a nuestras vidas.
— Pero volvió. — musité con un horrible escozor en la garganta. — Sí él, es el verdadero padre de Peter significa que... — mis labios temblaron y no fui capaz de terminar aquella frase, mis brazos cayeron a ambos lados de mi cuerpo mientras mi espalda se encogía hasta sentarme en el brazo de aquel sillón de cuero oscuro.
— No. — sentí el tacto de Lucian sobre el contorno de mi mejilla. — No va a pasar nada Maggy, pudo ser un mal susto. Pet de seguro vio a otra persona parecida y lo confundió, a veces suele tener pesadillas con él. Más no creo a Marcial tan imbécil como para tratar de acercarse a nosotros, sabe que lo mataría si siquiera se atreve a ponerle un dedo encima.
Aunque las palabras de Lucian pasaban como agua tibia a través de mí, aún sentía esa horrible opresión en mi pecho, algo no andaba bien y nada de esto me gustaba. Lucian me había contado la historia de Pet.
Como por obra del destino él apareció en nuestras vidas, como un ser indefenso buscando el cuidado de alguien, en cuanto lo vi fui incapaz de alejarlo de nuestro lado. Entendí el hecho de que su madre nos lo encargó, de que la mujer era una prostituta incapaz de cuidar a aquel hermoso pequeño y de que su padre era un mal nacido proxeneta que lo maltrataba, al saber todo aquello me jure a mí misma que no dejaría que Pet cayera en manos de ese hombre otra vez, no lo haría.
— Quiero confiar en ti... En que... Nada le va a pasar. — titubee cerrando los ojos y tomando un poco de aire por la boca. — Pero con todo lo que sé, tengo tanto miedo, si siquiera se atreve a acercarse o...
— No le pasará nada Margaret. — Ethan se acercó y juntó mis manos envolviéndolas con las suyas, contemplé sus ojos a través de sus largas pestañas. — Juro por lo que más amo, que es mi familia, que no dejaré que ese maldito le haga daño a mi sobrino. Porque si lo hace, no quedará ni siquiera polvo de él.
Aunque sus palabras me podría causar escalofríos, al contrario logró darme alivió. Tenía a estos dos hombres frente a mi jurándome que darían todo de ellos para ese hombre no intentase acercarse y les creía.
— De igual manera creo que debo hacer mis averiguaciones y saber en qué está Marcial.
— Yo también iré. Quiero asegurarme que ese desgraciado entienda el mensaje. — expresó el rubio, Lucian negó rápidamente.
— Necesito que te quedes aquí. Maggy tiene que ir a casa y aunque los niños están con Isabel prefiero que tú estés aquí por si algo sucede.
— Bien.
Lucian regresó su atención a mí, con desgano movilicé mi cuerpo hasta él, casi sin pensarlo envolví mis brazos alrededor de su torso, una de sus manos acarició mi cabello y la otra mi espalda, cerré los ojos pensando en él, en su protección y el hecho de sentirme a salvo en sus brazos, porque así se sentía... Se sentía como estar en casa.
— No va a pasar nada. — susurró en mi oído.
— Confío en ti. — balbuceé.
Se separó y me dio un beso en la frente luego tomó mi mano y nos dirigió hacia las puertas del ascensor. Yo tenía asuntos que resolver.
