Capítulo 25
<<<— Quédate junto a mí.
Mis palabras estában llenas de necesidad y él lo sabía. Sonrió levemente y me besó, de una manera suave como pocas veces lo hacía. Parece hacerlo con delicadeza porque tiene miedo de lastimarme. Lo atraigo hacia mí y lo beso con fuerza intentando sentirlo a él, solo a él, pensar en Lucian y no en lo demás, ni en mis jodidas pesadillas.
Siento que la sangre comienza a arderme, el calor aumenta y lo abrazo, lo abrazo de tal manera que él queda encima de mí, mi espalda descansando sobre la suavidad del colchón, cada roce de sus labios con los míos es una sensación maravillosa que no creo ser capaz de olvidar.
Mis dedos se hunden en su cuello tirando de este, sus manos descienden hasta mi cintura tocándola con fuerza y apretándome más hacia él. Me siento extasiada y no puedo dejar de besarlo, besarlo y sentir su aroma, ese aroma que me embriaga, vuelvo al ataque y lo beso más, no sé con exactitud qué sucede conmigo pero es así, siempre lo es, me vuelvo adicta a sus besos, a sus caricias, a su fragancia. Me vuelvo adicta a él, a Lucian, a mi vampiro.
Sus labios se separan de los míos y dejan un rastro húmedo que baja por mi mentón hasta hundirse en mi cuello, no puedo evitar cerrar los ojos, siento que el corazón está a punto de explotarme por la rapidez en que bombea, mil sensaciones llegan a mi cuando sus dedos rozan mi piel por debajo de la blusa, están helados pero no me molesta, al contrario, la necesidad por sentir sus manos alrededor de mi cuerpo se incrementa. Estas se aferran a mí con demasiada fuerza y un gemido se me escapa, sus labios ahora parecen succionar la piel de mi cuello y su lengua también juega con este. Lo escucho gruñir y de pronto aquella ensoñación desaparece cuando él se aleja como si lo hubiese empujado, mis ojos se abren de par en par y me siento sobre la cama, mi pecho sube y baja, mientras él me da la espalda y aprieta sus manos en puño.
— ¿Qu... Qué sucede? — pregunto estupefacta y aún mareada por el balde de sensaciones de hace un rato.
—Lo siento. —Musita y sus hombros se notan tensos —No quiero que pienses que te traje aquí por algo más.
—¿Qué? —digo consternada, me causa gracia que crea cuando yo lo había incitadl a seguir. — No, claro que no, sé que no me trajiste aquí por... Eso.
—Me gusta que te sonrojes —me besa la frente de manera dulce y me atrae hacia él —Pero no puedo — el corazón se me encoge — No puedo estar aquí, en una habitación, a solas contigo y no desearte de mil maneras posibles, no puedo.
El aire se queda atorado en mi garganta, en definitiva esto no me lo esperaba, siento un escalofrío recorrerme la espina dorsal, me separo apenas de él y lo miro directo a los ojos, sonrío con disimulo y me acerco a él para depositarle un beso en los labios, Lucian suspira y me abraza por la cintura, pegándome a su cuerpo, invadida por el momento, mis labios sueltan dos palabras, dos palabras que mantenía guardadas bajo siete llaves, palabras que para mí significan mucho más de lo que intento decir.
—Te quiero — mi voz apenas fue un murmullo pero sé perfectmente que me ha escuchado, mis palabras parecen sorprenderlo pero luego escucho una pequeña risa de él.
Lo miro y esta vez él no me mira sólo tiene una sonrisa burlesca en el rostro, enojada y decepcionada conmigo misma me separo de él, y estoy a punto de irme y dejarlo sólo con esa cara de idiota, cuando su mano toma mi muñeca y me hace volver a él.
— ¿A dónde crees que vas? —me pregunta divertido.
— Te estas burlando idiota. —lo golpeo en el pecho. —No, sabes que, mejor olvídalo — me cruzo de brazos.
