El cumpleaños de Alfred se acercaba a pasos agigantados, y después de San Valentín Amaia tenía aún más ganas de que llegara... Pero también más miedo. Había altas posibilidades de que no le saliera bien lo que planeaba, pero se había esforzado mucho, y en el mes que quedaba ultimó los preparativos.
Se le había ocurrido que quizás podían concederles un pequeño concierto en el conservatorio de Alfred de toda la vida. No había nada que él disfrutara más que la música, y no se le podía ocurrir nada mejor para celebrar su cumpleaños. Ese conservatorio significaba mucho para él.
Georgia, Georgia, the song of you. Just an old sweet song, keeps Georgia on my mind
Además, Amaia también había pensado, por más que se hubiera resistido a la idea, que quizás podían invitar a algún medio de comunicación para que hiciera un reportaje. Alfred ya tenía un aspecto más normal durante casi todo el tiempo, por lo que no le daría tanta vergüenza (o eso esperaba ella), y de todas formas ya había publicado algunas fotos, como la de San Valentín, que había provocado que todas las redes sociales se volvieran locas, como en los inicios de Almaia.
Cuando Amaia se despertó esa mañana, aunque esperaba hacerlo antes que él como normalmente ocurría, se lo encontró ya con los ojos abiertos, observándola. Se acercó a él con cuidado y se apoyó en su pecho, escuchando los pausados latidos de su corazón. Él movió la mano hasta su melena y enredó los dedos en su pelo. Le dio algunos tirones, pero ella no dejó que notase nada. Luego subió el rostro, hasta apoyar la mejilla en su hombro.
Oh, Georgia, my sweet Georgia... A song of you.
-Feliz cumpleaños, mi amor –le susurró, mientras le cogía por la barbilla y le apretaba, y se acercaba para darle el primer beso.
Luego, empezó a cantarle Tu canción. Esa era otra de las tradiciones: desde el primer año, en plena promoción para Eurovisión, cada vez que se despertaba el día de su cumpleaños, habían cantado esa canción, que era el himno de su amor. Ese año se la cantaría ella sola, pero confiaba en que no fueran muchos más.
Alfred movió su otra mano hacia la mejilla de ella. Amaia siempre se reía diciéndole que parecía que su mejilla tenía un imán para su mano. Cada vez le salía el movimiento hacia ella con más precisión, daba igual dónde estuviera situada con respecto a él.
Comes as sweet and clear as moonlight through the pines
Cuando acabó de cantar la canción, se quedaron así, muy juntos, un poco más. Amaia no quería volver a despertarse en ningún otro cumpleaños de Alfred de ninguna manera que no fuera aquella...
Pero finalmente suspiró y se levantó. Les esperaba un largo día por delante.
-Vamos, que 31 años no se cumplen todos los días –le dijo, entre risas, aupándose para verlo. Luego se acercó a besarle de nuevo-. Te amo.
Alfred se quedó mirándola, tan embobado que se le olvidó hasta responder. Tampoco había otra cosa que él deseara más que despertarse y verla a su lado como aquella mañana: durmiendo con una sonrisa en los labios y el pelo ensortijado cayendo por su espalda.
Other arms reach out to me, other eyes smile tenderly. Still in peaceful dreams I see. The road... The road leads back to you. I'm talking 'bout you, Georgia...
Después de recibir la felicitación de sus padres y terminar la rutina mañanera, se sentaron los cuatro a desayunar. Aquel cumpleaños tenía un regusto especial: hacía unos meses no sabían si habría llegado a celebrar un nuevo cumpleaños y, sin embargo, ahí estaba, con ellos. Por eso, pensaban disfrutarlo al máximo.
ESTÁS LEYENDO
Te presto mi voz
FanfictionFanfic sobre Amaia y Alfred. "El camino a casa" complementa a esta historia. Para la versión con CONTENIDO INÉDITO de TPMV, poneos en contacto conmigo. (Portada by @bluelintes -usuario de tw). Después de varios años, en los que la vida los ha llev...
