Capitulo 8.

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Lo único que veo al despertarme es oscuridad.

¿No se suponía que estaba en un coche?

Me incorporo en él asiento pensando si me han secuestrado, otra vez. Pero cuando veo la pantalla encendida del móvil de Andrew me tranquilizo.

¿Porque estoy tapada?

—Porque él coche esta tan oscuro — pregunto mientras se me escapa un bostezo.

—No me gusta dormir con luz, siempre voy preparado— contesta monótono.

—¿Porque estoy tapada?

—Porque llevabas él vestido y él pelo un poco mojados y no te iba a quitar él vestido dado que los humos no eran buenos, así que eché mano de la manta.—Se encoje de hombros.

—Ammsss.— destapo él espejo para que la luz solar nos inunde.

Lo único que me inunda es él agua que se cuela por la pequeña rendija en la que él trapo negro estaba enganchado. La subo rápidamente.

—¿Has llamado a la grúa?

—¿Siempre preguntas tanto por las mañanas? — me en cojo de hombros — si lo he llamado. Y bueno, me ha dicho que vendría cuando parara de llover un poco, porque esta es una carretera de mierda y hay trozos de fango, u se podría undir demasiado la grúa, o deslizar las ruedas y mandar a la mierda mi pobre coche.

—Aunque deje de llover él fango seguirá ahí.

—Da igual.

—Por casualidad, ¿No tendras ropa cómoda en algún lado? Esto es demasiado incomodo.— bufo tirando del vestido y dándole golpecitos.

—Yo tengo de todo en él maletero, lo que pasa es que llueve.

Abro la guantera en busca de un paraguas, antes de llegar a el encuentro un paquete de condones. Entero.

—Veo que no los usas— digo antes de tirarlos hacia él asiento de detrás.

—Si que los uso— bufa.

—Ya, ya.

Rebusco hasta llegar al paraguas, lo saco y se lo doy.

—Ahora ya no te mojaras.

Bufa antes de abrir la puerta y salir. No tarda mucho en volver a entrar con una sudadera y unos pantalones buzos o como quiera que se llamen.

—Aqui tienes. — me los deja en él regazo.— Salta a atrás y cambiate— lo miro enarcandl una ceja. Lo entiende enseguida— no miraré, lo prometo.

En fió poco de su palabra, pero quiero deshacerme ya de este incomodo vestido.

Salto con cuidado y me siento en él asiento del medio, me pongo los pantalones subiendome un poco él vestido, luego lo quito del todo quedándome en sujetador. Mi corazón va a mil, no me gusta que me vean así. Me pongo rápidamente la sudadera y un agradable calor me envuelve inmediatamente.

Huele a él.

Dejo los tacones detrás junto al vestido y vuelvo a saltar delante acomodándose bien, subo los pies a la guantera y echo él asiento hacia atrás, estos asientos son comodos.

Enchufo la radio y escuchó la emisora que él tenia guardada. Es una normalita, él top algo de la semana.

Apoyo mi brazo en la ventanilla mientras este sujeta mi cabeza. Observo las gotas del agua bajar por él cristal como haciendo carreras, me relaja.

—¿Puedo provar a arreglarte él coche?— pregunto de repente.

Le toma desprevenido.

—Te vas a mojar.

—No importa.— sonrio— no recordaba que él novio de mi hermana me enseñó cosas de mecánica. Alomejor lo arreglo.

—No rompas nada.— advierte.

—No rompo nada. Relax.

Salgo del coche y las finas gotas empiezan a caer sobre mi, poco a poco van calando hasta llegar a mi piel.

Según Daniel me explicó puede ser un problema de no-se-que chip en él motor, que solo con soplar en él ya funcionaria. Por algo de que si tenia polvo no hacia contacto o algo por él estilo.

Busco él chip ese, o alomejor era una batería, y soplo repetidas veces intentando que no se moje. Lo coloco otra vez en su sitio. Y entro corriendo en él coche.

—Tampoco llueve tanto— digo quitándome la capucha.— intenta arrancarlo.

—Si esto explota y morimos saldré de la tumba para atormentar tus dulces sueños.— dice antes de girar la llave.

Él coche hace él ruido típico de cuando arranca.

—¿Eres mecánica frustrada o algo?— Dice asombrado.

—No. Ahora llevame a casa. tengo hambre. ¿No tendrás comida por casualidad?

—No. No quiero ensuciar a Petunia.

—¿Petunia?— suelto una carcajada.

—Se lo puso mi...una persona importante. ¿Vale? Los chicos piensan que se llama Rex, así que callate.

—Sisi, tranquilo— me río y niego con la cabeza— petunia...— digo en voz baja antes de soltar otra carcajada.

—Loren!— ladra.

—Perdon, perdon— digo sin poder retener la risa.— Ya paro.

—Haber si es verdad. No tienes remedio.— niega— ¿Que has echo para arreglarlo?

—No lo entenderías. Lo siento. Es para listos— le doy unos golpecitos en él hombro compadeciendolo.

—Ja, ja, graciosa.

—Calla, no me des él viaje. Deja me oír la radio pesado.

Le subo él volumen y empiezo a cantar.

Él lo baja para poder hablar.

—Calla, no me des él viaje, no me dejas oír al cantante pesada.— sonríe volviendo a subirle él volumen.

Lo asesino con la mirada y él se rie mas.

Es insoportable.

Atrevete a olvidarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora