Capítulo 12: la promesa rota

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Kimera terminó de desayunar y miró a sus compañeros algo preocupada, no sabía dónde estaba Naruto o si estaba bien y eso le hacía un nudo en la garganta que ni siquiera el delicioso té podía pasar.

—Probablemente ya esté muerto, lógico por usar tanto su chakra.— El tono indiferente y superior de Sakura sacó de sus casillas a Kimera quien se levantó de golpe llamando la atención de todos los presentes.

—Te recuerdo, Sakura, que Naruto-kun es mi amigo y te pido que no hables así de él frente a mí.—Dicho esto, se dirigió a la puerta y salió de la casa para buscar a Naruto.

Unos pasos llamaron su atención, se giró para mirar al causante y se encontró con Sasuke caminando tranquilamente en su dirección con las manos en los bolsillos de sus pantalones cortos.

—No debes ir sola a buscar a Naruto, te acompañaré.— Dijo con indiferencia y juntos comenzaron a caminar en dirección a donde estuvieron entrenando todos esos días.

—Pu-puedo cuidarme sola, sabes.— A pesar de no molestarle que Sasuke la acompañara, se sentía como si la estuviera subestimando.

—Lo sé.— Contestó simplemente sin siquiera mirarla.

Continuaron con su camino en un silencio cómodo, los pajarillos cantaban dándole un ambiente más lindo al lugar. A los minutos estuvieron cerca del lugar, un chico se acercaba a ellos dejando a Naruto atrás. Llevaba una canasta en mano y parecía una chica con ese cabello. Pero Kimera sabía quién era, había visto su rostro a través de la máscara ANBU que llevaba en la batalla contra Zabusa. Cuando se rozaron, la chica habló.

—Espero que Zabusa se haya sanado tan bien como mi sensei.— El chico se paralizó en su lugar, en cambio, Kimera tomó a Sasuke de la mano y lo obligó a caminar con ella.

En cuanto llegaron con Naruto, la Hyūga suspiró aliviada y obligó al chico a levantarse después de que Sasuke le haya dado un golpe al rubio.

—¿Se te olvidó el desayuno? Usuratonkachi.— Dijo con frialdad y mientras se cruzaba de brazos.

-—Vamos, Kakashi-sensei debe estar preocupado.

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Kimera observaba a Naruto desde un árbol, este le estaba jugando una broma a sus demás compañeros de equipo. Hasta que esta dejó de ser una broma y se convirtió en realidad. Naruto comenzó a caer mientras gritaba, pero un fugaz rayo lo alcanzó a tiempo y lo sostuvo del pie.

—Usuratonkachi.— Dijo Sasuke con el cuerpo de Naruto colgando.

Ya en la noche, los chicos del equipo irrumpieron la cena con rostro cansado y al borde del desmayo. El Uchiha sostenía al Uzumaki y lo ayudaba a caminar.

—Lo logramos, ambos llegamos hasta la cima.— Comentó con orgullo y mirando a su sensei con felicidad.

—Bien, han avanzado. Mañana serán guardaespaldas de Tazuna.— Dijo su sensei con un asentimiento.

-—¡Estupendo!— Celebró mientras se movía lo suficientemente para caer al suelo y el pelinegro con él.

-—¡Usuratonkachi!— Acusó Sasuke logrando que todos rieran.

Todos cenaron con tranquilidad esa noche, luego el sensei recitó al primer Hokage con todos mirándolo con orgullo de la persona que alguna vez los gobernó. De pronto, Inari comenzó a llorar y gritar que perdían el tiempo entrenando y que perderían contra Gatō. Kimera, a pesar de las duras palabras, no pudo evitar sentir lástima por el pequeño.

—Habla por ti, ¿quieres? No será así en mi caso, ¿te queda claro?— Contestó Naruto mientras se recostaba de nuevo en la mesa.

—¡¿Por qué no mejor te callas?! ¡El sólo verte me enferma! ¡Tú no sabes nada de esta tierra, sólo eres un metiche! ¡Siempre riéndote y jugando por todo, tú no sabes lo que es sufrir y ser tratado como una basura!— Gritó Inari. Kimera sabía lo que venía, le tocaba a Naruto demostrar quién era él.

No Tienes Que Estar SoloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora